El blanco y el minimalismo no van más: la nueva tendencia que vuelve para la decoración en 2026
Durante más de una década, el color blanco impoluto y el minimalismo extremo han dictado las reglas estéticas de nuestros hogares. Las estancias perfectamente ordenadas, las cocinas sin tiradores y los dormitorios monocromáticos se convirtieron en el estándar de la sofisticación moderna en la decoración de la casa. En aquel periodo, la luz y la simplicidad absoluta eran los únicos elementos permitidos para alcanzar la elegancia visual.
Sin embargo, las tendencias de decoración para este 2026 anuncian un cambio radical que rompe con la monotonía del pasado reciente. El color vuelve con una fuerza inusitada, reclamando su lugar como el verdadero protagonista de la arquitectura de interiores.
El color en el 2026
Este giro estilístico no es una simple casualidad, sino una evolución hacia espacios con mayor carga visual y carácter. La madera natural está sustituyendo rápidamente al color blanco como base estructural, aportando una calidez que el estilo aséptico no lograba transmitir. Junto a ella, los estampados se incorporan sin complejos, mezclando texturas que antes se consideraban contradictorias o excesivas. Los volúmenes teñidos y los techos pintados son ahora las herramientas favoritas para segmentar ambientes de forma creativa. Estamos presenciando el fin de la era del vacío para dar la bienvenida a una etapa de máxima expresión personal.

La arquitecta María Cerdá resume esta transformación con una contundencia que no deja lugar a dudas sobre el futuro del sector. Según su visión, se acabaron definitivamente las estancias impolutas y los espacios que parecen galerías de arte vacías. El regreso del color vibrante nos transporta directamente a la inspiración mexicana de figuras icónicas como Luis Barragán. Esta influencia se traduce en el uso de paredes con personalidad propia que juegan con la luz de manera dinámica. La arquitectura actual busca emocionar al habitante a través de paletas cromáticas audaces que desafían la norma anterior.

Más allá de la superficie, este nuevo rumbo del diseño responde a una necesidad emocional profunda de los usuarios contemporáneos. Los hogares ya no se conciben como escenarios neutros para ser fotografiados, sino como refugios cálidos y menos rígidos. La estética playful y las piezas de inspiración mid-century permiten crear atmósferas que invitan a la relajación y al disfrute real. Los estampados animal print y los textiles con relieve rompen la frialdad de los últimos años con un toque de audacia. En definitiva, la casa se ha transformado en una declaración de identidad donde cada rincón cuenta una historia única a través del color.