Pocos lo saben: por qué no debes pelar la cáscara de naranja con la mano
En la cultura cotidiana, pelar una naranja con los dedos se percibe como una acción natural y prácticamente inofensiva. Sin embargo, un reciente análisis advierte sobre los peligros que esta costumbre arraigada representa para la salud. Aunque parece un gesto simple, el contacto directo de las manos con la cáscara y la pulpa de la fruta puede convertirse en un vehículo de transmisión para diversos patógenos.
La razón por la que no debes pelar las cáscaras de naranja con la mano
El eje del problema reside en la superficie de la naranja. La cáscara, debido a su textura rugosa, es un refugio ideal para gérmenes, bacterias y restos de tierra. Al utilizar las manos para romper la corteza, estas impurezas pasan directamente a la pulpa que vamos a ingerir. Este proceso se conoce como contaminación cruzada: los microorganismos que residen en el exterior de la fruta (o aquellos que traemos en nuestras propias manos si no han sido lavadas adecuadamente) terminan en el sistema digestivo a través del contacto directo con el alimento.

La advertencia no solo se centra en la suciedad visible, sino en la posible presencia de virus y residuos químicos que puedan haber quedado en la cáscara durante su cultivo o transporte. Para mitigar estos riesgos, los especialistas recomiendan un protocolo de higiene riguroso:
- Lavado previo: es fundamental lavar tanto la fruta como las manos antes de cualquier manipulación.
- Uso de utensilios: la forma óptima de proceder es utilizar un cuchillo limpio para realizar los cortes iniciales. Esto reduce drásticamente la interacción táctil con la pulpa expuesta.
- Mantenimiento del exprimidor: incluso al preparar jugos, es vital limpiar la superficie de la naranja para evitar que los residuos externos caigan en el recipiente de extracción.

En consecuencia, lo que muchos consideran una tradición práctica es, en realidad, una falla en la seguridad alimentaria. Adoptar el uso de cubiertos y asegurar una desinfección previa no es una exageración, sino una medida esencial para evitar el ingreso de enfermedades al organismo, transformando un hábito cotidiano como comer una naranja en una práctica de consumo mucho más segura y consciente.