Pocos lo saben: el secreto de especialistas para conservar las cebollas y que duren meses sin que se pudran
La cebolla es uno de los ingredientes fundamentales en la gastronomía peruana, pero su naturaleza orgánica la hace susceptible a la humedad, el calor y la falta de ventilación. Lograr que este vegetal se mantenga firme, sin brotes y libre de podredumbre requiere comprender sus necesidades específicas de almacenamiento, que difieren significativamente de otros productos de la huerta.
¿Cómo conservar la cebolla?
La regla de oro para conservar las cebollas es evitar el refrigerador a toda costa, a menos que ya hayan sido cortadas. El frío y la humedad de la heladera aceleran la conversión de sus almidones en azúcar, lo que provoca que se vuelvan blandas y se pudran rápidamente. El ambiente ideal es un lugar fresco, seco y oscuro.

Por otro lado, uno de los errores más comunes en la cocina es almacenar las cebollas junto a las papas. Estos dos vegetales son biológicamente incompatibles en el almacenamiento: las papas liberan humedad y gas etileno, lo cual acelera drásticamente el proceso de maduración y descomposición de las cebollas. Se recomienda mantenerlas en recipientes separados y a una distancia considerable.
Además, para favorecer la circulación de aire, se deben evitar las bolsas de plástico cerradas. Lo ideal es utilizar redes, bolsas de tela transpirable o canastas de mimbre. Estos materiales permiten que el aire fluya alrededor de cada bulbo, evitando la acumulación de humedad que genera hongos.

Finalmente, si te sobra una mitad de cebolla tras cocinar, en este caso sí debe ir al frío. Debe guardarse en un recipiente hermético de vidrio o envuelta firmemente en papel film para evitar que su fuerte aroma contamine otros alimentos y para reducir la oxidación de su superficie. Siguiendo estos pasos, se garantiza que el vegetal mantenga sus propiedades nutricionales y su sabor característico por mucho más tiempo.