Los efectos en la salud que tiene el consumo frecuente de carne de cerdo

La carne de cerdo puede formar parte de una dieta equilibrada siempre que se prioricen los cortes magros y las preparaciones saludables
Los efectos en la salud que tiene el consumo frecuente de carne de cerdo
Carne cerdo Foto: Canva
lunes, 29 de diciembre de 2025

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El consumo frecuente de carne de cerdo genera un debate constante en el ámbito de la nutrición debido a su compleja composición de nutrientes y grasas. Por un lado, representa una fuente excepcional de proteínas de alto valor biológico, esenciales para la salud de la masa muscular y la reparación de tejidos. Además, aporta vitaminas del complejo B, especialmente tiamina, y minerales fundamentales como el zinc y el fósforo que favorecen el sistema inmunitario.

Sin embargo, el impacto en la salud de la carne de cerdo depende en gran medida del corte seleccionado y del método de preparación empleado. Integrar este alimento de manera habitual requiere un conocimiento profundo sobre cómo sus componentes interactúan con el organismo a largo plazo.

La carne de cerdo en la salud

Uno de los aspectos más críticos para la salud cardiovascular es el perfil lipídico que presenta la carne de porcino según su procedencia. Los cortes magros, como el lomo, tienen un contenido de grasa comparable al del pollo, lo que los hace opciones relativamente seguras para el corazón. No obstante, las piezas más grasas contienen niveles elevados de grasas saturadas, las cuales pueden elevar el colesterol LDL si se consumen en exceso. Este aumento del colesterol está directamente vinculado con el riesgo de desarrollar aterosclerosis y otras patologías coronarias graves. Por ello, la moderación es la clave para disfrutar de sus beneficios sin comprometer la integridad de las arterias.

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El procesamiento industrial de la carne de cerdo, como ocurre con el jamón, el tocino y los embutidos, introduce riesgos adicionales significativos. Estos productos suelen contener altas cantidades de sodio y conservantes químicos como los nitritos y nitratos para prolongar su vida útil. El consumo regular de estas sustancias se ha asociado con un incremento en el riesgo de padecer hipertensión arterial y ciertos tipos de cáncer gastrointestinal. La Organización Mundial de la Salud ha categorizado a las carnes procesadas como carcinógenas, instando a la población a reducir su frecuencia de consumo. Optar por carne fresca en lugar de embutidos es una decisión vital para prevenir enfermedades crónicas degenerativas.

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La carne de cerdo también juega un papel interesante en el metabolismo energético gracias a su densidad de micronutrientes. La presencia de selenio actúa como un potente antioxidante que protege a las células contra el daño oxidativo y apoya la función tiroidea. Asimismo, la creatina presente de forma natural en el músculo porcino puede mejorar el rendimiento físico en personas que realizan entrenamientos de alta intensidad. No obstante, un exceso en la ingesta de purinas presentes en este tipo de carne puede derivar en niveles elevados de ácido úrico. Esto podría desencadenar episodios de gota o cálculos renales en individuos con predisposición genética o metabólica.

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