Lo dice la psicología: ¿por qué no te gusta dormir acompañado?
La idea del amor romántico tradicional suele imponer la imagen de la pareja compartiendo la cama como el estándar máximo de éxito y conexión emocional. Sin embargo, para muchas personas, la experiencia de dormir acompañadas resulta estresante, incómoda o simplemente insatisfactoria. Según la psicología, esta preferencia no es necesariamente un síntoma de una crisis de pareja o falta de afecto, sino que responde a factores profundos de la personalidad, la biología y los estilos de apego.
Las razones por las cuales no te gusta dormir en pareja
Uno de los motivos principales radica en la necesidad de autonomía y espacio personal. Para ciertos individuos, la cama representa el último refugio de privacidad absoluta. Compartir ese espacio implica ceder el control sobre el entorno inmediato, lo que puede generar una sensación inconsciente de vulnerabilidad.
Asimismo, la psicología destaca el rol del apego evitativo: quienes poseen este estilo de vinculación tienden a valorar su independencia por encima de la proximidad física constante. Para ellos, la cercanía extrema durante el sueño puede percibirse como invasiva, prefiriendo marcar límites físicos para sentirse seguros y relajados.

Por otro lado, la sensibilidad sensorial es un factor biológico determinante. Los llamados durmientes ligeros son extremadamente susceptibles a los estímulos externos. Los movimientos del compañero, el calor corporal, la respiración o los ruidos nocturnos pueden fragmentar el ciclo del sueño.
En estos casos, la falta de un descanso reparador afecta directamente la salud mental, incrementando los niveles de cortisol y provocando irritabilidad. Paradójicamente, la psicología sugiere que dormir separados puede salvar relaciones, ya que un individuo bien descansado tiene mayor capacidad de empatía y regulación emocional durante el día.

El "divorcio de sueño" como herramienta de bienestar
El concepto de "divorcio de sueño" ha dejado de ser un tabú para convertirse en una opción de bienestar. Lejos de ser un paso previo a la ruptura, elegir dormir solo es, a menudo, una decisión consciente para preservar la salud. Lo fundamental, según los expertos en psicología, es la comunicación honesta. Explicar que la necesidad de espacio nocturno no es un rechazo hacia la pareja, sino un requisito para el equilibrio propio, permite desmitificar las normas sociales y construir vínculos más saludables y auténticos.