El ruido rosado, ¿es bueno o malo en la ayuda para dormir?
El fenómeno del ruido rosado ha ganado una popularidad sin precedentes en la era digital como una supuesta solución definitiva contra el insomnio. Millones de personas en todo el mundo utilizan máquinas especializadas o aplicaciones móviles cada noche con la esperanza de mejorar su descanso al dormir. Confían ciegamente en que estos sonidos constantes logren enmascarar las interrupciones ambientales y facilitar una transición más rápida hacia el sueño profundo.
Si bien el estudio reciente se centró específicamente en el ruido rosado, tanto este como el ruido blanco son tendencias masivas en plataformas de música y videos. Esta dependencia tecnológica plantea interrogantes sobre si realmente estamos optimizando nuestra biología o simplemente añadiendo una capa más de estimulación sensorial al dormir.
¿Sirve el ruido rosado para dormir?
El equipo de investigación liderado por el experto Basner decidió poner bajo la lupa estas creencias tan extendidas sobre la higiene del dormir. Se concentraron en analizar específicamente el ruido rosado, caracterizado por tener una densidad espectral que disminuye con la frecuencia, similar al sonido de la lluvia constante. Tras revisar exhaustivamente las investigaciones previas disponibles, los científicos encontraron que los resultados actuales son "escasos e inconclusos" en términos de eficacia clínica. No existe todavía una evidencia robusta que permita afirmar que estos sonidos transformen de manera positiva la arquitectura del sueño humano. Esta falta de datos científicos sólidos contrasta fuertemente con la percepción subjetiva de muchos usuarios que reportan beneficios inmediatos.

Una de las mayores preocupaciones de la comunidad científica reside en la ausencia de estudios sobre la exposición continua a estas frecuencias al dormir. Actualmente, no se sabe si el uso prolongado de ruido rosado o blanco puede traer consecuencias negativas en la calidad del sueño a largo plazo. Las personas vulnerables, como aquellas con trastornos neurológicos o auditivos preexistentes, podrían verse afectadas de formas que aún no comprendemos del todo. Mantener el cerebro procesando información auditiva durante toda la noche podría impedir que el sistema nervioso alcance un estado de reposo absoluto. Por lo tanto, lo que hoy parece una ayuda inofensiva podría estar alterando procesos de recuperación fundamentales que ocurren durante la madrugada.

El impacto en los más pequeños es otro punto crítico que genera debate entre los especialistas en pediatría y neurología. Los niños, al pasar una mayor proporción de tiempo en la fase REM del sueño, podrían ser considerablemente más sensibles a los efectos negativos de los ruidos externos al dormir. Basner fue categórico al señalar que hace falta mucha más investigación sobre estos ruidos, especialmente cuando se trata de bebés y personas con problemas de sueño crónicos. El cerebro infantil está en pleno desarrollo y requiere de condiciones de silencio óptimas para consolidar la memoria y el crecimiento. Introducir una fuente de sonido artificial constante durante estas etapas formativas podría tener repercusiones en el desarrollo auditivo o cognitivo a futuro.