¿Te refrescas con alcohol? Esto le pasará a tu cuerpo

Lo que parece un malestar pasajero puede transformarse en una urgencia médica que comprometa la vida
¿Te refrescas con alcohol? Esto le pasará a tu cuerpo
Alcohol Foto: Canva
miércoles, 04 de febrero de 2026

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Durante las temporadas de altas temperaturas, es común buscar refresco en una bebida bien fría, pero elegir alcohol puede ser un error crítico para tu salud. Cuando el calor es extremo, el cuerpo regula su temperatura principalmente a través del sudor, un mecanismo vital que enfría la piel al evaporarse.

El alcohol, lejos de colaborar con este equilibrio natural, actúa como un potente diurético que incrementa la eliminación de líquidos por vía renal. Esta acción profundiza la deshidratación que ya provoca el clima, dejando al organismo sin los recursos hídricos necesarios para funcionar. Así, lo que comenzó como un intento de refrescarse termina acelerando la pérdida de agua esencial.

No al alcohol

Las bebidas alcohólicas suelen generar una sensación momentánea de alivio o frescura que no refleja el verdadero estado del organismo. Esta percepción engañosa es especialmente peligrosa porque enmascara la realidad del estrés térmico que sufren tus órganos internos. Al sentir ese frescor ficticio, el cerebro puede retrasar la necesidad de hidratarse con agua, ignorando los protocolos básicos de supervivencia. Esto dificulta la identificación de señales de alarma críticas, como la sed intensa o el cansancio excesivo, que son los primeros gritos de auxilio del cuerpo. En consecuencia, el usuario continúa expuesto al sol sin saber que su hidratación está en niveles críticos.

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Otro efecto relevante y a menudo ignorado es la grave alteración de la regulación térmica central que produce el etanol. El alcohol provoca una mayor dilatación de los vasos sanguíneos cercanos a la piel, lo que da una impresión pasajera de descenso de temperatura. En realidad, este proceso complica la capacidad real del cuerpo para reaccionar ante el aumento del calor interno, ya que desvía el flujo sanguíneo de forma ineficiente. El corazón debe trabajar con mayor intensidad para bombear sangre a la periferia mientras intenta mantener la presión arterial estable. Esta descoordinación térmica pone al sistema cardiovascular bajo una presión innecesaria y peligrosa durante una ola de calor.

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La suma de la deshidratación progresiva y las fallas en la termorregulación aumenta drásticamente el riesgo de sufrir agotamiento por calor. Entre los síntomas más frecuentes se encuentran el dolor de cabeza pulsante, mareos repentinos, náuseas y una debilidad generalizada. También es posible experimentar una piel extrañamente fría o húmeda a pesar del ambiente sofocante, lo cual es una señal de que el sistema de enfriamiento está fallando. Si no se actúa a tiempo buscando descanso, sombra e hidratación inmediata con agua o electrolitos, el cuadro puede agravarse rápidamente. Sobre todo si sigues consumiendo alcohol.

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