¿Masticar chicle ayuda a adelgazar? La respuesta de la ciencia
La idea de que masticar chicle puede ser un aliado estratégico para adelgazar ha circulado durante décadas en gimnasios y consultas nutricionales. Esta práctica se asocia comúnmente con la reducción del hambre y el control de los impulsos por picar entre horas. Sin embargo, las expectativas en torno al chicle como instrumento para combatir el sobrepeso han generado numerosos debates y diversos estudios de salud.
La revista Men’s Health recoge la postura matizada del experto Carlas, quien aporta una visión equilibrada basada en la evidencia disponible. Sus conclusiones destacan que la evidencia actual no permite afirmar categóricamente que esta acción con el chicle produzca una reducción significativa del peso corporal a largo plazo.
Mascar chicle para perder peso
Al analizar las investigaciones publicadas, se observa que los beneficios metabólicos de este hábito son, en el mejor de los casos, marginales. En el caso de la revista Appetite, los estudios describen que el consumo de chicle podría aumentar de forma leve la sensación de saciedad en algunos individuos. Este efecto se atribuye a la estimulación de receptores orales que envían señales de "falsa alimentación" al cerebro, disminuyendo temporalmente la ingesta calórica o la ansiedad al comer. No obstante, el impacto observado es mínimo y no suele traducirse en un cambio drástico en la composición corporal del paciente. Es más una herramienta de distracción sensorial que un quemador de grasa biológico.

Cuando se examina el comportamiento del peso en periodos más extensos, los resultados son todavía menos alentadores para quienes buscan una solución rápida. Según la revista Obesity, otros análisis no identifican diferencias relevantes en la pérdida de peso ni en otros indicadores de salud durante periodos de hasta ocho semanas. En estos ensayos, se compararon grupos de control que masticaban chicle con frecuencia frente a personas que se abstenían totalmente de hacerlo. Los datos mostraron que no hubo variaciones significativas en el índice de masa corporal ni en la circunferencia de la cintura entre ambos grupos. Esto sugiere que, de forma aislada, el chicle no posee propiedades termogénicas o supresoras lo suficientemente potentes.

A pesar de la falta de evidencia sobre la quema de calorías, el chicle mantiene un lugar en la psicología de la nutrición. La principal utilidad de este hábito, según explica Carlas, reside en su capacidad para ayudar en la gestión de la ansiedad alimentaria en ocasiones puntuales. Actúa como un mecanismo de sustitución para personas que tienden a comer por estrés o aburrimiento en lugar de por hambre real. Al mantener la boca ocupada, se puede evitar el consumo impulsivo de snacks altamente calóricos y procesados. Es fundamental mantener siempre el enfoque en la responsabilidad y evitar que el chicle se convierta en un hábito indispensable o una muleta psicológica.