¿Hisopos en el oído, sí o no? La respuesta de especialistas en salud
La escena se repite a diario en baños de todo el mundo cuando un hisopo de algodón se introduce en el oído. Esta práctica se realiza habitualmente con la intención de eliminar la cera y lograr una inmediata sensación de limpieza profunda. Sin embargo, los especialistas en salud advierten que el uso extendido de estos objetos puede provocar lesiones graves, infecciones persistentes e incluso una pérdida auditiva irreversible.
Según expertos del portal estadounidense Popular Science, esta costumbre con el hisopo responde más a creencias erróneas y desinformación que a una necesidad real de higiene corporal. Es fundamental difundir prácticas correctas y eliminar de una vez por todas los mitos peligrosos que rodean el cuidado de nuestros oídos.
No al hisopo
El oído humano posee mecanismos de autolimpieza sumamente eficientes que suelen pasar desapercibidos para la mayoría de las personas. A pesar de esto, la incomodidad ante la presencia natural de cerumen y la presión social por una estética impecable generan prácticas de riesgo. Los profesionales de la salud coinciden en que la información adecuada y la supervisión médica resultan esenciales para evitar complicaciones auditivas severas. La imagen de los hisopos de algodón, conocidos también como Q-Tips, se ha asociado erróneamente con la higiene personal básica desde hace décadas. Es necesario entender que el cuerpo está diseñado para expulsar los residuos de forma autónoma sin intervención de herramientas externas.

El empleo de hisopos en el canal auditivo no solo resulta ineficaz, sino que puede compactar la cera y empujarla peligrosamente hacia el tímpano. Esta acción mecánica favorece la formación de tapones sólidos que obstruyen la audición y requieren intervención profesional para su extracción segura. Al intentar limpiar el área, muchas personas aumentan involuntariamente la probabilidad de causar desgarros o perforaciones en una de las zonas más delicadas del cuerpo. El cerumen actúa en realidad como una barrera protectora que atrapa el polvo y evita que las bacterias proliferen en el interior. Por ello, retirar esta capa de defensa de manera agresiva deja al canal auditivo vulnerable ante cualquier agente patógeno externo.

La anatomía del oído es extremadamente frágil y cualquier objeto extraño puede alterar su delicado equilibrio de presión y vibración. Los otorrinolaringólogos explican que la piel del canal auditivo es muy delgada y se irrita con facilidad ante la fricción constante del algodón. El rascado interno con hisopos suele generar microlesiones que se convierten en la puerta de entrada perfecta para hongos y bacterias dañinas. Además, la sensación de picazón que motiva el uso del hisopo suele incrementarse debido a la sequedad provocada por la eliminación total de los aceites naturales. De este modo, se crea un ciclo vicioso donde el usuario siente la necesidad de limpiar más, dañando cada vez más el tejido.