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La rebelión del sur de Tailandia cree que la violencia es el camino de la paz

18 may 2017
02h22
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La escalada de ataques que registra desde hace meses el sur de Tailandia es un paso previo para alcanzar la paz y estabilidad en la región, declara a Efe el portavoz de la plataforma insurgente que dialoga con el Gobierno.

"Los brotes de violencia que estamos viviendo en la actualidad son habituales antes de iniciar un proceso de paz" para las provincias meridionales de Pattani, Yala y Narathiwat, apunta Abu Hafez Al-Hakim, portavoz de la agrupación Mara Patani.

Esta plataforma, formada por los brazos políticos de los cinco grupos armados musulmanes que reclaman la independencia de la región, inició en 2014 diálogos de exploración con el actual Ejecutivo castrense en Bangkok, conformado tras el golpe de Estado militar acaecido ese mismo año, y con Malasia como intermediario.

Tras décadas de estabilidad, los insurgentes retomaron la lucha en 2004 y desde entonces han muerto más de 6.700 personas, la mayor parte civiles.

"Después de dos años de lento diálogo, hemos llegado a la fase de construcción de confianza mutua en la que pretendemos crear una 'zona de seguridad' entre la población civil no involucrada en el conflicto", asegura el rebelde desde la pedanía malasia de Tumbat, al otro lado de la frontera con Narathiwat, en entrevista con Efe.

Las próximas reuniones, que se retomarán al término del ramadán (el 25 de junio), irán dirigidas a detallar este proyecto piloto cuya fecha de inicio y lugar se desconoce, pero que, según Abu Hafez, marcará el camino para solucionar el conflicto.

No obstante, el término "zona de seguridad" no significa un cese de hostilidades, clarifica el portavoz, sino que ante la posibilidades de que un ataque pueda poner en riesgo la vida de inocentes ambos bandos deben recular.

Esta área especial también abrirá la puerta al establecimiento de una plataforma política donde la gente pueda expresar sus opiniones "sin miedo a represalias" y la creación de un comité de acción conjunta, donde habrá representantes de ambos bandos, para que las comunidades tengan un mayor poder de decisión en su día a día.

Tailandia, pese al despliegue de 40.000 efectivos y la vigencia del estado de excepción, ha fracasado en el intento de arrinconar a los insurgentes musulmanes y evitar los frecuentes episodios de violencia que suceden en la región.

El Gobierno central ha intentado por todos los medios eludir la cooperación de observadores internacionales calificando el conflicto como "asunto interno".

"Hemos estado luchado por décadas. Hace años éramos terroristas, después rebeldes y hoy nos califican oficialmente como 'personas que piensan diferente al Estado'. Ahora, ambos contendientes, trabajamos juntos por la paz. Tarde o temprano admitirán la participación internacional", vaticina el representante de Mara Patani.

"Si hacemos esperar a la paz habrá más civiles que sufran las consecuencias", incide este doctor de 62 años educado en Egipto.

A diferencia del resto del país, el islam es la religión mayoritaria de las citadas tres provincias, donde predomina la etnia malaya.

Los insurgentes denuncian la discriminación que sufren por parte del Estado central y la mayoría budista.

"Yo ya soy mayor y no creo que llegue a ver la paz, pero espero que mis hijos y nietos puedan disfrutarla. El separatismo no tiene cabida en una mundo que está cada vez más unificado, pero eso no significa que olvidemos nuestra identidad", zanja el tailandés.

Al referirse sobre los últimos ataques, una doble bomba colocada en un supermercado de Pattani que causó 59 civiles heridos la semana pasada, Abu Hafez sonríe y pregunta: "¿Quién es el verdadero beneficiado?"

"En el sur (de Tailandia) nada es lo que parece. Muchos ataques atribuidos a la insurgencia no son realizados por los grupos armados", sentencia sin aclarar más.

EFE en español EFE - Agencia EFE - Todos los derechos reservados. Está prohibido todo tipo de reproducción sin autorización escrita de la Agencia EFE S/A.

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