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La insurgencia del sur de Tailandia saca músculo con sus últimos atentados

19 may 2017
03h01
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El principal grupo armado de la insurgencia musulmana que opera en el sur de Tailandia ha enviado un mensaje de fuerza a las autoridades con la escalada de violencia que registra la región desde hace meses, según expertos.

Desde el 30 de marzo se contabilizan más de medio centenar de atentados con explosivos, incendios y tiroteos, en los que han muerto al menos 11 personas y resultado heridas casi un centenar en las provincias meridionales de Pattani, Yala y Narathiwat.

"En términos numéricos hay un descenso, pero las operaciones se han convertido en más profesionales, concentradas y planificadas. Este cambio de estrategia podría deberse a razones de política interna de los grupos separatistas", apunta a Efe Shintaro Hara, experto en el conflicto separatista.

El último ataque, de inusitada potencia, ocurrió el día 9 en un centro comercial de la ciudad de Pattani, con el resultado de 61 heridos, trece de ellos niños, y un muerto.

Este ataque, atribuido por las autoridades al Barisan Revolusi Nasional (BRN), comenzó con una pequeña bomba en el aparcamiento seguida, quince minutos después, por una deflagración de una carga de 100 kilos de explosivos colocados en una furgoneta a las puertas del recinto.

La táctica de doble detonación, utilizada comúnmente en este conflicto que recobró aunque en 2004, fue descifrada rápidamente por los miembros de seguridad y evitaron víctimas mortales.

"Aunque no hay evidencias sobre quién es el ejecutor, el ataque podría tener la firma del BRN. Es la manera de demostrarle al Gobierno quien cuenta con la fuerza armada en la región e incrementar el clima de terror", indica Sunai Prasuk, investigador y responsable de la región de Human Rights Watch.

El experto rechaza que el grupo tuviera "intención de matar", debido a que la primera explosión "sirvió de aviso".

El muerto, un vendedor de telas, era el propietario del vehículo utilizado para alojar la segunda bomba y cuyo cadáver fue encontrado a posterior en un arrozal a las afueras de Pattani.

Al BRN, que no suele reclamar la autoría de sus atentados, también se le atribuye el asalto contra una estación policial en Narathiwat el 30 de marzo, donde perdió la vida un oficial y cinco fueron heridos.

Asimismo se le atribuye el ataque contra un puesto de seguridad de Yala, el 3 abril y donde causó 12 heridos; la ofensiva coordinada con granadas y armas de fuego contra trece objetivos de las tres provincias sureñas, el 19 de abril, con 3 muertos y 1 herido; y la emboscada contra un furgón militar, el 28 de abril, que mató a 6 militares.

Los insurgentes musulmanes también arremetieron este tiempo contra las infraestructuras al derribar unos 50 postes de la luz, con explosivos colocados en la base, que cortó el suministro eléctrico en toda la región.

"El secretismo con el que actúa el BRN le permite reclutar a nuevos miembros desde la clandestinidad, pero también concede a las autoridades la posibilidad de atribuirles incidentes que (el BRN) no ha realizado", expone a Efe el intelectual Anwar, identificado por propia petición con su nombre malayo, y quien fue detenido en dos ocasiones por las autoridades al alegar ser simpatizante al grupo armado.

Según informes de los servicios de inteligencia, citados por el ministro tailandés de Defensa, Prawit Wongsuwan, el BRN podría estar inmerso en un cambio de liderazgo hacia una facción más dura.

"Estos ataques muestran que las facciones del BRN, contrarias a los diálogos con el Gobierno, compiten por el rol de líder y pretenden (con la escalada de ataques) probar su mando y control (en la región) a la par que aumentar su poder de negociación", señala a Efe la analista local Rungrawee Chalermsripinyorat.

Sin embargo, Rungrawee recalca que el ataque contra el centro comercial es "contraproducente" para los intereses de los rebeldes.

Los atentados con armas ligeras, asesinatos y ataques con explosivos ocurren casi a diario en las provincias de Pattani, Yala y Narathiwat pese al despliegue de 40.000 miembros de las fuerzas de seguridad y la vigencia del estado de excepción.

Más de 6.700 personas han muerto, la mayoría civiles, en enfrentamientos en esa zona desde que el movimiento separatista musulmán reanudó la lucha armada, en 2004.

El conflicto, en el que la religión juega un rol importante, es fundamentalmente identitario.

Los insurgentes de etnia malaya denuncian la discriminación que sufren por la mayoría budista y exigen la creación de un Estado islámico que integre las tres provincias que formaron el antiguo sultanato de Patani y que Tailandia se anexionó hace un siglo.

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