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Túnez apuesta por devaluar el dinar para tratar de superar su aguda crisis

20 abr 2017
03h06
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Reticente a la hora de acometer reformas estructurales más radicales y urgentes, y acosado por una creciente conflictividad social y laboral, el Gobierno tunecino ha optado por devaluar el dinar para vadear una aguda crisis económica que amenaza con hacer descarrilar la transición política.

Analistas afines al Ejecutivo tunecino argumentan que la medida, coordinada con el Fondo Monetario Internacional (FMI), tiene como objetivo dar aire a las cuentas favoreciendo las exportaciones y reduciendo la factura de lo importado.

Expertos independientes consultados por Efe advierten, sin embargo, que sin la compañía de otros cambios inaplazables en las políticas comercial y financiera, la decisión solo servirá para favorecer la especulación y la inflación, azuzar la rampante corrupción y aumentar así el sufrimiento de las familias.

Sobre todo en las zonas rurales y las provincias del sur, donde el paro juvenil es sistémico y la ausencia de futuro un grave problema que espolea la inmigración y que explotan en su favor los movimientos islamistas radicales.

Este jueves, 48 horas después de conocerse la noticia, el moneda tunecina volvió a superar su récord negativo histórico y se cambiaba a 2,52 dinares por euro.

El martes, en declaraciones a la prensa local, Lamia Zribi, ministra de Finanzas, quiso mandar un mensaje de tranquilidad al subrayar que devaluación se hará de forma "controlada" y que en ningún caso "se permitirá que ocurra como en Egipto", donde la libra se ha depreciado más de un 32 % desde el estallido en 2011 de las "Primaveras árabes".

"La devaluación del dinar es resultado de la situación económica y el déficit comercial. La escasez de divisas enlaza con esta devaluación. El banco central no va a intervenir ahora para corregir nuestra moneda y causará una disminución en su valor frente a las monedas extranjeras", subrayó.

El objetivo es "aumentar las exportaciones", explicó la ministra a la radio Express FM, "en espera de poder recuperar (los ingresos por) el turismo y la producción de fosfato, y la entrada de divisas en general".

Zibri insistió en que Túnez sigue comprometido con el programa de reformas económicas impuesto por el FMI que el lunes, y tras semanas de incertidumbre, aprobó la liberación de la segunda parte del crédito de 2.800 millones de euros otorgado al país el pasado año.

La entidad había decidido retener el pago de 320 millones debido a las dudas que causaba la lentitud en la implantación de los recortes y las reformas financieras y laborales estructurales exigidas a cambio.

Además de "una mayor flexibilidad en el tipo de cambio que ayude a reducir el gran déficit comercial", el FMI exige a Túnez aumentar la recaudación fiscal, reducir la masa salarial en la Administración pública y minimizar los subsidios a sectores como la energía, medidas a las que el gobierno se muestra reticente.

"Por nuestra parte, seguimos deseando avanzar en el proceso de reformas y evitar cambios dolorosos como la supresión total de los subsidios", que se comen un importante pedazo de los presupuestos del estado, advirtió Zibri.

Una visión positiva que también quiso transmitir el domingo el primer ministro del país, Yusuf Chahed, en respuesta a la ola de protestas en diferentes sectores que sacudió el país la semana pasada.

Según el jefe del gobierno, la economía nacional se impulsara a finales de 2017 tras seis meses de lento crecimiento gracias a la recuperación de los dos factores claves a los que también confió la ministra: el turismo y los fosfatos.

"El sector turístico está ahora mejor y crecerá un 30 por ciento este año. Además, la producción de fosfatos retorna a los niveles antiguos y esperamos una excelente temporada agrícola", detalló Chahed.

Una receta económica similar a la que sostenía la derrocada dictadura de Zinedin el Abidin Ben Ali, contra la que se levantó la población en 2011.

"Estamos en buena forma preparados para esas reformas. Somos el primer gobierno que ha tenido el coraje de dar inicio a estas reformas que han estado varadas durante años", afirmó.

Chahed reveló que a parte de reducir 10.000 puestos de trabajo en la Administración y sacar a bolsa activos de los tres principales bancos, su gobierno pretende pasar una ley de urgencia que permita al Gobierno sortear los procesos burocráticos y agilizar los proyectos públicos.

Confía en la fidelidad de los inversores del golfo Pérsico, en especial de Catar, que desde la caída del régimen se ha dedicado a comprar tierras y a invertir en grandes complejos hoteleros y otras infraestructuras.

En este contexto, la ministra de Finanzas confirmó esta semana que el emir qatarí, jeque Tamim bin Hamad al Thani, ha concedido a Túnez una ayuda financiera en condiciones ventajosas por valor de 1.000 millones de euros para ayudarle a equilibrar su deuda.

El apoyo de la Unión Europea compite contra la influencia conservadora árabe en un país convertido en un raro ejemplo de transición política exitosa en el que la revolución económica cada vez parece más lejana. EFE

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