AGUAS TAUMATURGAS

Viajar por pista es un placer. Cualquier vehículo se desliza como si tuviera alas en las ruedas. Hasta que entra a un desvío, pierde potencia y las ruedas comienzan a saltar sobre jorobas, levantando además una nube de polvo. Los viajeros que vuelven a Churín después de algún tiempo piensan que ya tiene por lo menos una vía afirmada y se engañan. El que menos quisiera pasar con los ojos cerrados. El paisaje es áspero. Cerros amenazantes de piedra plomiza y tierra que se levanta y flota ensuciando hasta los pensamientos.

Son cuatro horas de suplicio injustas porque los veintinueve kilómetros que hay desde Puente Alqo, “el puente del perro”, ya deberían haber sido alisados para dar un acceso feliz a la pequeña ciudad que es muy visitada por quienes buscan alivio en sus termas.

Su clima y sus aguas son una tarjeta de invitación a la salud en el distrito de Pachangara de la provincia de Cajatambo. Según la ciencia de la hidrología médica y la crenoterapia la piel, esa capa de tres milímetros de espesor que nos envuelve y nos protege, absorbe a través de los baños termales elementos que pueden ser beneficiosos para la cura de ciertas enfermedades.

En el Perú tenemos alrededor de ciento sesenta lugares con aguas termales y en el futuro, si se les da importancia, por lo menos una parte podrá alcanzar la infraestructura ejemplar de las termas de Salsomaggiore en Italia generando nuevos polos de atracción para una buena corriente de turistas. En Salsomaggiore médicos especialistas reciben a los pacientes y los derivan a las diferentes intalaciones para curas hidrofílicas, masajes físicos, bañoterapia, etc; de acuerdo a sus necesidades.

Sus virtudes son conocidas desde tiempos prehispánicos. El Inka Yawar Waqaq recurría frecuentemente a una singular fuente de barro termal a menos de medio kilómetro de la laguna de Wakarpay, en Cusco. Los baños del Inka en Cajamarca tienen fama y son muy concurridos.

Hasta ahora los patriarcas de las comunidades altas hablan de los Apus, espíritus de los cerros, que devuelven a los hombres el ánimo que han perdido porque no hay nada más triste que sufrir un mal, y ellos, con su sabiduría de milenios, se encargan de curarlos. Son los Apus del hierro, del calcio, del magnesio, del potasio y otros, cuyas mágicas fórmulas hacen tanto bien a los nervios, al estómago, al hígado y a la piel. Según la tradición pueden hacer fértiles a las parejas que quieren tener hijos, ayudándoles si se bañan en la poza que lleva el nombre de “la mellicera”.

Al pasar a la ida o al regreso por Sayán, que es un pueblo acogedor, el viajero puede comprar miel pura de abejas, miel de guindones, miel de tamarindo, y una serie de bocadillos locales dignos de una repostería sofisticada.

Al cabo del fragoso recorrido, San Juan de Churín espera a los visitantes con un sol colgando de carrillo a carrillo la mayor parte del año. Falta acción por parte de sus habitantes y visitantes. Los reclamos debían estar a la orden del día para lograr el asfalto de su carretera.

Su paisaje corresponde a su naturaleza volcánica pero el ambiente tiene un encanto que flota en el aire como un beso encajonado entre crestas azules. Una delicia que no disfrutaron el encomendero Hernando de Montenegro, dueño del repartimiento de Andajes, en 1535, cuyo objetivo fue hacerse rico, ni su sucesor, el capitán Juan de la Daga y vargas que estuvo allí, con el mismo fin. Hacer rendir al máximo su obraje con 44 tornos y 16 telares. Sólo Antonio Raimondi, el sabio italiano, averiguó la importancia de remojarse en las termas de la juventud y salió relajado como un polluelo.

Lo saben también las comunidades de las partes altas que bajan a la localidad para hacer un homenaje ritual a la madre agua, regresando luego a sus actividades cotidianas con nuevos bríos.

Una temporada en las termas de Churín puede alternar los baños curativos con paseos al pintoresco pueblo de Andajes, en la banda opuesta al río Raura, a las lagunas y al nevado de Raura, al asiento minero de Oyón, a los grupos arqueológicos de Huacho sin Pescado, a los olivares y nogales de la Chimba y los baños de Chiuchín y Wankachín.

En un lugar que se mantiene abierto al aire libre cae una cascada que parece un velo de novia. En la parte inferior una gruta retiene sus aguas como una piscina natural. Se le llama la Gruta de Mama Warmi, que habría sido hija del kuraka de Wachar, quien murió de amor.

Su padre no le perdonó haber entregado su corazón a un soldado español, renunciando a su natural orgullo y traicionando su estirpe. El kuraka invocó a las energías de la naturaleza y ellas convirtieron la gruta, donde se puede nadar, en su prisión por una eternidad. Ella alcanzó a entregar su hijo al padre, diciéndole, ¡Apakuy churiykita! “¡Llévate a tu hijo!”.

Churiy se convirtió con el tiempo en Churín, en recuerdo del hijo de la hermosa doncella. La leyenda es otro atractivo de esta ciudad termal con una gran calle principal y doce vertientes magas que nacen del corazón de los cerros. Su infraestructura hotelera permite el flujo de turistas nacionales a lo largo de todo el año. Los precios de hospedaje y alimentación están al alcance de todos.

Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.









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