LINDO MAR EN EL NORTE CHICO

En medio del calor sofocante que hay en Lima y a largo del Pacífico cuán vivificante sería recibir unos copos volanderos de la nieve que azota las ciudades americanas que miran al Atlántico. Son los contrastes del clima que hacen desear en una y otra parte la tibieza de la primavera en el nuevo siglo que sufre las consecuencias del efecto invernadero.

A muy pocos importa la elevación de la temperatura que está matando ranas y otras criaturas. Los científicos se preocupan por el resultado de sus investigaciones, pero eso no impide que miles de limeños salgan cada domingo hacia las playas del sur para refrescarse en el mar o tostarse olvidando la amenaza de los rayos ultravioletas. Como siempre la gente procura disfrutar el presente a fondo sin mirar el futuro.

Por nuestra parte quisiéramos desviar una parte de ese río humano hacia las playas del norte. Hay ciudades que esperan a los visitantes con el regalo de las aguas oceánicas que bañan kilómetros de sus arenales aún por descubrir. Huacho es un buen destino a unas tres horas de recorrido y a bajos costos.

La idea es salir de Lima el sábado en la tarde, tomar un alojamiento al llegar, darse un buen duchazo y con el espectáculo de un sol llameante incendiando el horizonte pasear la parte central. La plaza con una amplia rotonda, la catedral dedicada a San Bartolomé que sufrió martirio en el siglo I, la fachada que es el último vestigio de la casona de Sebastián Salinas Cosío, las casas de estilo alemán de Abel Mato y la afrancesada de Pitaluga. En el camino es una anécdota del pasado la Estación del tren que iba y volvía de Lima. Su jirón principal de luces de colores ofrece una última mirada al bulevar con sus enormes farolas que le dan un toque de distinción.

En la mañana del domingo, después de un buen desayuno huachano con las famosas salchichas que gozan un renombre de siglos, chicharrones, tamales y camote frito, una caminata al puerto y luego encaminarse a la playa donde las sombrillas comienzan a abrirse como hongos. Para almorzar hay muy buenos sitios donde se lucen los platos marinos, las yucas harinosas y otros potajes que son orgullo de su cocina. A media tarde es hora de regresar relajados y felices de haber encontrado nuevos atractivos, y con el deseo de volver.

Si se quiere sólo playa y mar están las playas Herradura, Paraíso, para los tablistas adrenalina las gigantescas olas de la Centinela. Para jugar con el Pacífico y dorarse están Hornillos, Colorado, Tilca, Cerco Verde, Cocoy y Tartacay, entre otros lugares lindos como La Ventana, Quitacalzón y Lampay.

Para los amantes de la naturaleza Huacho tiene islas con lobos y aves marinas. Un espectáculo que gustará a grandes y chicos. Una especie de zoológico en medio mar. Se recomienda proveerse de sombreros o viseras hechos con telas de algas que protegen de los rayos UVA. Los tours incluyen cuando se les pide una lonchera especial con sandwichs y gaseosas o agua para no deshidratarse.

Si hay tiempo algo más. Un paseíllo a Huaura donde está enclavado en media placita un campanario histórico. Entre sus bronces el mayor es la "campana de la libertad" y las otras son de las iglesias de San Andrés y Santa María. La casona del duque de San Carlos, Fermín Francisco de Carbajal Vargas y Alarcón, donde se guardaban las barras de plata que llegaban de Pasco cuando fue sede de la aduana marítima es muy mirada por el balconcito, desde el cual el general José de San Martín declaró la independencia. El edificio virreinal que ahora es museo de sitio se construyó entre 1710 y 1730. Los macizos de flores que dan alegría al patio de entrada son sugestivos. Invitan a atreverse a subir por la escalerilla al segundo piso y pasando la habitación entrar al balcón. El patio interior con ancho pasadizo conserva su añejo techo de madera y las ventanas de rejas torneadas. En las antiguas habitaciones del duque se exhiben cuadros y reliquias de épocas gloriosas.

¡Vamos para el Norte!.

Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.









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