EL NIÑO DE BELÉN EN EL PERÚ

Podría decir que tengo encallecida la yema de mis dedos de tanto escribir sobre el Niño Dios. El adorable pequeñín ocupa una parte de mi vida. Lo he seguido desde que llegó al Perú en el siglo XVI trayendo un mensaje de paz entre el fragor de las batallas. No he caminado como Él que ha estado en miles de pueblos pero he seguido sus pasos donde he podido. Las abuelas o mamalas, los taitas y los niños me han contado muchas historias extraordinarias en las que ha sido protagonista. Son tan diversas y encantadoras que me podrían servir para escribir capítulos de un gran libro sobre "El Universo del Niño Dios en el Perú" que está en espera de un editor.

Me pregunto qué no ha hecho desde que entró en el mundo mágico del Ande. Ha bajado de los brazos de sus madre para coger estrellas en las noches, se ha herido al cruzar los campos, ha tomado el agua de los manantiales, ha cruzado las nieves en el lomo de los cóndores, ha alimentado a los picaflores con la miel de los qantus y otras flores, estuvo de pastorcito de ovejas y también de hilanderito, es autor del primer trasplante de corazón en el mundo que yo sepa, repartió el pan de los hornos a los niños pobres y ha jugado con ellos hasta gastar sus zapatitos de raso y sus medias de seda, entre una infinidad de travesuras prodigiosas. Tengo muchas fotos de Niños Dios de leyenda que también cobraron vida en los monasterios y beaterios hasta el siglo XIX en que he registrado la última de sus intervenciones.

La demanda de su imagen en el virreinato fue tan grande que dio lugar a la creación de una Escuela de Imaginería Cusqueña del Niño Dios, que luego viajó por el territorio como una joya de arte. La famosa almita de oro del divino infante con cabellos endrinos, salivita de espejo y ojos de cristal, marca la diferencia económica de los vecinos.

Algunos se daban el lujo de mandar pintar sus pupilas sobre perlas de auténtico oriente. En otras partes artistas locales lo hicieron de piedra blanca y también de pasta con originales cabelleras de seda. Los artesanos encargados de sus diademas y sandalias de plata florecieron llenando calles y también las señoras costureras que se encargaban de confeccionar las primorosas túnicas de seda, gasa y crochet que cambiaban cuando las ensuciaba.

He compartido las misas pueblerinas donde las chaiñas o cantoras, han conservado viejísimos villancicos en qechwa, aimara y otros idiomas andinos, además de las composiciones en español y me he maravillado de las ternezas que le dicen. En algunos casos tengo las letras y también la música que he encontrado en los archivos parroquiales donde están los contratos que he podido revisar. Las coplas son poéticas. "Desde mi chacrita / he venido andando / a ver este Niño / que se está adorando". "La más chiquitita, / la más pobrecita, / le ofrece a su Niño / esta palomita." "La noche fue día / y un ángel bajó. / Hermoso lucero / le vino a anunciar." "Señor San José,/ santo carpintero, / hágale una cuna, / para este cordero", "Manojito de lirios y alhelíes /, dime en qué sueñas / que te sonríes."

Es imposible imaginar las diferencias que hay entre el armado de los nacimientos, pesebres o portales debido a los numerosos pisos ecológicos que tenemos. La variedad comienza por las ramas que son su soporte y que recogen las familias con afán calculando lo necesario. En un lugar pueden ser de arrayán, en otro de molle u otros árboles, que se complementan con retoños de pencas, pero es casi nacional la costumbre de sembrar trigos y maíces en latitas faltando unos diez días para adornar el piso con una alfombra viva, dejando espacio para las lagunas y los ríos con puentecillos de piedra.

Para los cerros se usa papel de bolsa de azúcar que es suficientemente oscuro. Antes los imagineros se ceñían a la biblia para hacer samaritanas, cargadores, vendedoras y una varias líneas de otras figuras, hasta que poco a poco las fueron dejando atrás. Los nacimientos no dejan de tener los reyes magos y con ellos una infinidad de animalitos. Cacatúas, cotorras, loros, palomas, venados, llamas, vacas, caballos, burros, ovejas, cabras. Antes llegaban en cajitas bien empacadas figuritas de biscuit que eran un lujo para ciertas familias. También se ponía juegos de té de fina porcelana en miniatura y a veces de plata.

Los niños acostumbran llevarle con afán agrestes regalos que ponen a sus pies con cariño. Nidos de perdiz, caracoles, conchitas, chancaquitas, tronquitos, cantos rodados de los ríos, galletas y caramelos, y los mayores, cuando visitan los nacimientos, dejan en un platillo una limosna para el carbón y el incienso. Es que la Navidad es toda del Niño Dios y no se comercializa.

Un mes antes ensayan su coreografía los conjuntos de pastores y pastoras que bailan ofrendándole su alegría con trajes de distintos cortes y bordados. Allí están, en el atrio de las iglesias, con sus músicos waylías y waylijías, abuelitos mágicos de los cerros y halleqs con alas de cóndor, tratanakuy, llameritos y azucenas, entre otros que no paran de cantar y dar giros graciosos.

He visto que lo quieren y lo engríen porque es el santo hermanito de los pequeños. He lavado sus pañales y tejido sus camisitas para adornar su pesebre en el altar de mi pueblo, donde la Virgen llevaba un sombrero blanco sobre su manto y lo mismo el señor San José. He dejado más de una vez en su pesebre una ollita de greda con el dulce de durazno que preparaba mi abuela y pienso que alguna vez me miró a la luz de las velas. Si quisiera contar cuántas notas fui tomando de sus travesuras sería interminable.

La geografía gastronómica pascual es parte principal de su fiesta. Los caldos, los asados, los tamales, las humint'as o humitas, los pasteles rellenos de ingredientes deliciosos, las ensaladas, los dulces, los ponches y el chocolate espeso que se sirve todavía en el Cusco con bizcochuelos, roscas y pan de yema. Rancias primicias que afortunadamente se conservan en el inmenso corazón del Perú, un país de maravillas navideñas, en torno de un santo pequeñuelo que desborda multitudinarias expresiones de amor.

Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.









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