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WANAKAURE
"...y habiendo llegado a la punta del Wanakaure vieron una waka de cuya cabeza nacía el arcoiris. Ayar Uchu se sentó allí y con mucho ánimo le preguntó quién era. Al escuchar esas palabras ella volvió la cabeza para saber quién le hablaba; mas como la tenía oprimida no pudo. Ayar Uchu quiso bajarse luego pero sus pies comenzaron a convertirse en piedra y así poco a poco todo su cuerpo. Sus hermanos se acercaron a él para ayudarle pero éste les dijo: "Hermanos, mala obra me habéis hecho que por vosotros vine y aquí me quedará para siempre. ¡Id hermanos felices.! ¡Yo os anuncio que seréis grandes señores! ¡Por tanto, hermanos, ruego que en pago de mi voluntad y de agradaros siempre tuve, que en todas vuestras fiestas y ceremonias os acordéis de honrarme y venerarme!"
Desde las altas callejuelas de San Blas o de los atrios de las iglesias de San Cristóbal y Santa Ana, que dominan la ciudad del Cusco, se puede ver en la lejanía una de sus más famosas colinas: Wanakaure, la legendaria, que es la más bella de todas mientras las otras presentan crestas irregulares. Wanakaure a la distancia tiene la forma de un cono como dibujado a compás. Un espejismo visual que hace ver lo que no es porque el torneado Wanakaure, según lo demuestra Carlos Milla Vidal en una interesante tesis, es un pequeño territorio de increíbles sorpresas.
De acuerdo a la leyenda desde su pico voló Ayar Awka transformado en hombre pájaro para reconocer el valle de Cusco y también desde allí Ayar Manko o Manko Qhapaq arrojó el cetro de oro que les dio su Padre, el Sol, para fundar la capìtal de un imperio. En sus investigaciones el joven y acucioso profesional no se limitó a estudiar el conjunto sino que reconstruyó el camino que habría seguido el último Ayar, identificando algunos sitios nombrados por los cronistas como Matawa.
Wanakaure, según el qechwista Adrés Alencastre, querría decir "joven poderoso" y este nombre habría tomado el hermano que se quedó preso en la colina, "Ayar Awka Apu Wanakaure", convirtiéndose el lugar en el punto de partida para celebrarse el warachikuy. En esta ceremonia semejante a la que realizaban los jóvenes de la Edad Media para armarse caballeros los adolescentes inkas debían mostrar después de un ayuno de varios días que eran fuertes y valientes, que estaban llenos de vida y que por lo mismo estaban aptos para ser tratados coomo guerreros.
Carlos Milla declara que puede pensarse que Manko Qhapaq cumplió con lo prometido a su hermano Ayar Uchu, pues allí hay suficientes construcciones como para pensar que hubo un templo dedicado a honrarlo con varios compartimientos y hasta con corrales para guardar las llamas destinadas a los sacrificios. En la explanada o plaza que hay delante de él se iniciaba posiblemente el gran evento atlético que incluía una carrera por Anawarqe hasta el Cusco donde se terminaban las pruebas. El primero en hacerlo habría sido el propio hijo del primer Inka, su heredero, el príncipe Sinchi Roqa.
Wanakaure está muy cerca del Cusco. En dirección sur dista sólo unos 21 kilómetros de la ciudad. Pertenece a la cadena de cerros del Willkakunka y la altura de su cumbre es de 3,950 metros sobre el nivel del mar. La sagrada colina se encuentra en los límites de los distritos de San Sebastián y San Jerónimo y tiene tres crestas. El camino actualmente es todavía de trocha pero, según señala el investigador, puede elegirse entre dos posibilidades. Abrir uno para el tránsito vehicular partiendo de un desvío de la carretera a Paruro que pasa por los pequeños y pintorescos poblados de Ushpa y Pomakancha y otro por el llamado "camino blanco" que cruza los grupos arqueológicos de Wimpillay, Qotacalle y T'ankarpata. Ambos ofrecen un paisaje sorprendente. Wanakaure es todo un complejo arqueológico y natural inexplorado todavía virgen. Aparte de los edificios inkas de la parte principal hay otros en Qoyllurpuqyu e Intitiana. La naturaleza ha sido pródiga en manantiales, arroyos, quebradas profundas, barrancos, sembríos alegres que se alternan con laderas agrestes donde crece con gran profusión la "opuntia flocosa", un cactus cubierto por una pelusa blanca; el llaulli, ese arbusto espinoso de flores rojas tan nombrado en las más nostálgicas canciones de amor andino, y en las partes más bajas la flor del achankaray, que al decir de las mamalas o abuelas es una doncella que vive oculta eternamente en sus pétalos de seda.
Y como si no fuera bastante entre la orografía accidentada del Wanakaure se admira dos obras grandiosas del viento y del agua. El fascinante bosque de piedras donde gigantes roquedales de arenisca roja adoptan toda clase de figuras caprichosas en una extensión de cuatro kilómetros y las grutas de sal de Oqopata.
El bosque que muestra rocas de ocho y diez metros de altura recibe el nombre de Inka P'iti Rumi, "donde el Inka desfalleció". Sus conglomerados forman diaclasas verticales sumamente espectaculares y de acuerdo a sus estudios Carlos Milla asegura que su formación geológica pertenece a la era terciaria entre el eoceno y el oligoceno.
Las grutas de sal de Oqopata similares a la famosa catedral de sal de Colombia y que no han sido exploradas en su totalidad presentan formaciones de estalactitas y estalagmitas donde el agua en un trabajo de siglos sigue tallando pequeñas formas, rostros, torsos de hombres y mujeres, altares, arcos y una suerte de monumentos que podrían pertenecer al más puro de los abstractos.
Decididamente este trabajo podría abrir la posibilidad de una nueva ruta turística para el Cusco hacia Paqareqtanpu, "la posada del amanecer", la paqarina o lugar de origen de los Hermanos Ayar, admirando nuevos atractivos naturales, arqueológicos e históricos.
Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.
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