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ANDAS DEL CRISTO MORADO
Los aplausos que se prodigan al Señor de los Milagros, en Lima, durante su salida a las calles hieren la sensibilidad de muchos devotos. Iniciaron esta costumbre unos alumnos que estaban sentados en el filo de la azotea de un antiguo colegio de la avenida Nicolás de Piérola al palmotear para hacerse notar. A ciertos acompañantes les gustó y cuando el famoso Cristo volvió a su santuario lo despidieron con aplausos y desde entonces se escuchan por donde va.
Esta imagen unida a la vida de la ciudad durante siglos merece tanto respeto que los aplausos convierten su paso majestuoso en un espectáculo teatral. Qué hermoso sería, expresan, arrojarle pétalos de flores que cayeran como una lluvia cuando arrastra las miradas de los que sufren, de los que piden, de los que esperan, de los que agradecen una gracia concedida. Así estaría más a tono con lo que representa. Entrega y amor que crea una corriente de energía que propicia la paz, relaja las tensiones, llama al perdón y al olvido de los odios, los rencores y las envidias.
Los años han hecho polvo el nombre de pintor que hizo la venerada copia y también de los autores del suntuoso marco levantado sobre su anda en la segunda década del siglo pasado. Alguien me envió una carta significativa y no tuve un octubre para poner estas líneas que escribo ahora. Llegó con un recorte de un periódico de esa época en que se destaca cómo la base fue ejecutada en fino roble, en la fábrica de muebles de Rodolfo Quesada, siendo recubierta después con láminas de plata y oro.
El fuerte movimiento que debe soportar en las procesiones ocasionó rajaduras en la que tenía y fue una verdadera aventura asumir la construcción de una nueva de buen material y de excelente trabajo. Los miembros de la Hermandad estuvieron de acuerdo, dice la nota, y fueron los primeros en poner su limosna de acuerdo a sus medios. Siguieron los devotos que al conocer la noticia participaron con lo que tenían. "Esta anda, menciona el redactor anónimo, se debe al pueblo, a gente pobre, cuya fe puso en relieve la Lima religiosa que considerábamos desaparecida".
Mucha gente creyó que los exvotos o milagros darían lo suficiente para cubrir una anda y hasta dos, ignorando que la mayoría eran de plata de infima calidad y que fundidas no darían buenos resultados. Se nombró como tesorera a la madre superiora de las Nazarenas y a la señora Hortensia Gonzáles Olaechea. Ambas se encargaron de la primera colecta y se reunió 1,500 soles aproximadamente.
Mientras se inició una campaña a nivel general el mayordomo del Señor compró con sus ahorros 350 kilos de plata piña a los señores Gallo, Mujica, Azalia y otros mineros. Una vendedora del mercado Mercedes Villavicencio dio cien libras y también una señora llamada María Carbonera. El primer diseño fue hecho por el escultor Leonardo Jaúregui con algunas modificaciones y los ángeles fueron dibujados por el padre Zárate de Santo Domingo.
En el cincelado, pensando en el Cristo, dieron alas a su inspiración y su arte los maestros Manuel Mercado y Otoniel Alva. El primero que llevó el mayor peso de la resposabilidad fue premiado con medalla de oro por el concejo metropolitano el 28 de julio de ese año. Los ángeles fueron fundidos por Lozano y el dorado de los rayos y las cabezas de los ángeles y serafines corrió a cargo del maestro Emilio Lizárraga en su taller de galvanoplastia que estaba en una esquina de San Agustin.
La Casa de la Moneda participó en la obra y dio toda clase de facilidades para la laminación de la plata. Sus obreros no quisieron percibir ningún salario por tratarse de un trabajo que estaba dedicado a realzar el anda del Santo Cristo. "La la cinceladura, dice la información, está hecha con mucho primor. Mide 4.35 metros de alto por 1.60 de ancho y 1.78 de largo. Los ángeles tienen 88 cms. aproximadamente. Entre los cuatro deben pesar 3 arrobas."
El dorado de los rayos es de mucho gusto con tres baños en oro de 21 kilates ejecutado en el taller de Lizárraga, quien parece era cusqueño y le aplicó el estilo de los plateros de la Ciudad Imperial. En conjunto una obra digna para el Señor que congrega multitudes cada vez que deja su santuario en el mes de octubre. Sirvan estas notas para completar recuerdos de la pintura que es "el paso" de la milagrosa imagen que se encuentra en el antiguo asiento limeño de Pachakamilla.
Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.
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