RENACEN IGLESIAS Y CAPILLAS EN OYON

¡Hablar con ella encanta por los chispazos de luz que se encienden en sus pupilas!. A cualquier peruano que quiera al Perú le encantaría encontrar en su camino a Patricia Navarro Grau y sentir su pasión por lo nuestro. Arquitecta de profesión, tataranieta del héroe de la Guerra del Pacífico, Miguel Grau, lleva en su corazón la herencia del imbatible defensor del mar. Una pasión que la empuja por las trochas de los pueblos de Lima para asegurar la permanencia por un tiempo más de cuarenta iglesias y capillas doctrinales en Oyón.

En algún momento de su vida se preguntó, "¿quién necesita una arquitecta?", y alguien le susurró al oído con voz de viento. "Oyón". Cielo que parece pintado, cerros de colores, abismos y suelo llano, gentes buenas que se sorprendieron con su acento peninsular, aunque es limeñísima, pero que sintieron muy dentro su sinceridad. En los siglos XVI y XVII la región sufrió la presión de los extirpadores de idolatrías que sembraron recintos sacros con imágenes y murales en una larga ruta entre Cajatambo y Huarochirí.

Patricia y Maribel Beas que se encontraron por fortuna en un espacio tiempo casual, sumaron inquietudes entre el Perú y los Estados Unidos donde vive la segunda, para salvar esos monumentos pintados donde se siguió una milenaria tradición prehispánica. Así fue tomando forma la Asociación Patrimonio Perú llamada a lograr un prodigio. Hacer que campanas herrumbrosas se liberaran del óxido que las cubría y volvieran a repicar de alegría.

En su primera etapa la calidad de su expediente técnico motivó a la Fundación Getty a financiar la parte inicial de las obras de rescate en el año 2002. Para continuar interesaron con un proyecto planificado a la World Monuments Watch que consideró los edificios doctrinales como legados universales. Ella daría una parte y la otra tendrían que conseguirla en el Perú.

La contrapartida fue asumida por las mineras Buenaventura y Quenuales. El presupuesto permitirá salvar nueve capillas más. Ambas arquitectas y todo su equipo ya están en plena labor. El ingeniero Julio Vargas experto en adobe, Julio Heras técnico restaurador, Miguel Angel Fattorini dibujante, Valery More, Santos Ríos y Ernesto Quille, están tan identificados con su tarea que saben cuánto calza San José, las medidas de la ropa de la Virgen o el número de angelitos que vuelan entre flores y frutos.

Aún no se puede pensar en su restauración, en devolverles su esplendor. Primero hay que reforzar sus muros, revisar el estado de los techos, de las ventanas o las farolas de las cúpulas. Su entusiasmo es contagioso y moviliza a las gentes de cada pueblo que han aprendido a participar con el mismo afán, saliendo de la abulia que los poseía. Ahora sienten un compromiso con ese patrimonio suyo que un día puede convertirse en un circuito interesante para los limeños de la capital y los extranjeros que llegan en busca de solazar el espíritu en ambientes puros, donde el agua canta entre las piedras y deja ver al saltar sus puntas de encaje blanco.

Cuando la escucho entiendo que el trabajo de Patrimonio Perú es de emergencia y por lo tanto básico. Las iglesias y las capillas doctrinales se sienten abrigaditas con las lucernas o farolas resanadas, sin el agua pluvial que se filtraba por la rendija de los techos de calamina o el viento que acumulaba arrobas de polvo sobre los altares; o libres del nauseabundo olor de los murciélagos que hacían nido en las partes más oscuras y malograban con su basura biológica de puro amoniaco la marquetería de los cuadros o la integridad de las imágenes, y también de la lechuzas. Uno de sus sueños es sacarlos con ultrasonido y que no vuelvan más.

En Oyón el equipo, con mascarillas y brochas, llegó a sacar de un altar mayor 160 kilos de tierra acumulada durante siglos. Otro salvamento fue en la iglesia de Picoy cuya fachada parece un retablo. Se trató de un altar lateral del renacimiento que es una obra de arte. En su mayoría los altares son de maguey y yeso del 1700. Las sorpresas se dan a menudo. Detrás de un altar mayor de madera encontraron otro del 1600 íntegramente pintado con tierra de colores sobre el yeso y hornacinas y santos moldeados en la pared.

En San Agustín de Canín se puede ver todavía la Santísima Trinidad en la coronación con las tres personas iguales, como las entendían en esa época. Si se necesita un carpintero lo tienen para hacer injertos de madera en las ventanas o en los portones. En el caso de ornamentos se ha hecho armarios para guardarlos ordenamente y que no continúen en el suelo recibiendo la injuria del polvo o el desgaste del apilamiento. En 1900 un mecenas chino, José Chuy, llevó vidrios de colores. Los que se rompieron han sido reemplazados con material provisional que después será cambiado.

Patricia se admira de la cantidad de orejas de becerros, un saco entero, que encontraron en una de las iglesias y capillas porque la zona es ganadera. La costumbre de los ganaderos peninsulares de hacer "pisar" un trozo de oreja por el retablo del santo protector del vacas o de ovejas causó daños en más de un altar. Patrimonio Perú llegó con suerte en el momento justo en que las autoridades y devotos de Lancha estaban pensando limpiar a manguerazos los altares de maguey recubiertos con pan de oro.

Rapaz que es la mejor y está a mayor altura tiene las vigas pintadas. "La Capilla Sixtina de Lima", como la llaman desde hace algunos años eterniza la contribución de los antiguos vecinos que pintaron en ellas leyendas sacras y festivas. Una dice, "Soy de Jesús y la Virgen", y otras festivas, "Soy del juez y y de todas sus solteras", "Soy del fiscal, cojas y tuertas", "Soy de los maestros y que beban."

Los techos antes fueron de paja y ahora son de buenas calaminas. Sin embargo a veces hay reparaciones que se tienen que sellar. Si hay humedad en las paredes se hacen veredas perimetrales de piedra inclinadas para que corra la lluvia. Patricia domina una serie de secretos antiguos y nuevos. Usar, por ejemplo, como un imprimante cal apagada o sea remojada con sal y jabón con escama para pintar, que sirve también para alejar a las arañas. Los pueblos y comunidades están felices y se ponen a la orden cuando los llaman para hacer uno, dos o tres días de faena.

Los llaveros, celadores o encargados por turno de guardar por un año las llaves de cada iglesia o capilla han otorgado su confianza a Patrimonio Perú que ha programado para estos meses el rescate de las iglesias y capillas doctrinales de Tongos, Canín, Picoy, Huacho sin Pescado, Curay, Oyón, Lanchas y Naván. Un reto que asume el equipo con mucha voluntad y una sonrisa burilando sus labios.

Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.









Lista del Patrimonio Mundial