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PUMA CELESTE EN CHIMBOTE
El potente rugido del puma de Punkuri, Nepeña, con una antiguedad aproximada de 4,000 años, se hace sentir nuevamente con fuerza en su templo dentro del área de la azucarera San Jacinto. La brisa que agita los árboles que lo rodean refresca el ambiente en verano. Su rescate se está realizando gracias a un convenio firmado por los ejecutivos de la empresa AgroIndustrias San Jacinto con la Universidad Nacional del Santa. Su decisión es digna de elogio y ojalá fuera seguida por otras para salvar los magníficos vestigios del pasado que tenemos en nuestro territorio.
El arqueólogo Lorenzo Samaniego San Román, profesor del mencionado centro de estudios que tiene su sede en Chimbote, se encarga de los trabajos para la puesta en valor del edificio piramidal donde se encuentra el felino. A pesar de los milenios trascurridos la minuciosa limpieza está dejando al descubierto los niveles que corresponden a la cosmovisión de la época prehispánica.
El edificio está pintado como la mayoría del antiguo Perú. El cielo, en el mayor nivel, es azul y pone en claro que el corpulento animal sube alí para cumplir con su papel de intermediario y producir la lluvia. Su noble cabeza y sus garras se incrustan entre los peldaños de la escalinata más elevada. La tierra, en el siguiente nivel, muestra los reflejos rojizos del atardecer que se atenúan hasta el rosa en las curvas de la plataforma destinada a ceremonias sacras. Más abajo, prácticamente en el subsuelo,una cámara que descubrió el sabio Julio C. Tello en 1933, conserva los despojos óseos de una mujer, tal vez la sacerdotisa, envueltos en tela de algodón recamada con turquesas.
La cabeza del puma celeste que fue destrozada en parte por los huaqueros porque les inspiraba temor cuando efectuaban incursiones para sus saqueos, era negra, declara Samaniego San Román, con pupilas de color blanco, las fauces rosadas y en una laja que se puede ver debajo de su barbilla, interesantes indicios de cómo se llevaba la cuenta de los solsticios y equinoccios. Las patas estaban pintadas de verde con las garras de rojo y las uñas de blanco. El proyecto de restauración prevee su total recuperación con los pedazos que se han hallado.
Es evidente que el puma, en qechwa el famoso oqe michi de ojos de fuego, bajaba hasta la costa y para los antiguos peruanos tuvo una profunda conexión con la lluvia. En el siglo XVI los españoles lo encontraron identificado con Katekill, el representante de la tormenta, del rayo y las descargas pluviales, al que persiguieron los extirpadores de idolatrías sin éxito. Aún no se ha terminado de descubrir el templo y en el futuro se espera encontrar nuevas luces acerca de su relación con los pueblos de la costa, los valles interandinos y la puna.
Para su mejor protección el arqueólogo lo ha rodeado de un cerco vivo frondoso y completo donde crecen algarrobos, molles, pakaes, choloqes, guayabos, guanábanas, lúkumos, chirimoyas y otros árboles donde las avecillas hacen sus nidos llenándolo con sus gorjeos. la visita se hace por un pasaje techado que rodea el templo.
Un museo de sitio, de barro y techo de guayaquil típicos de la costa, alberga las primeras piezas halladas y también fósiles del periodo cretásico jurásico, con 130 millones de años. A su entrada un monumento hace justicia la memoria del ilustre médico arqueólogo Arturo Jiménez Borja que estuvo en el valle.
AgroIndustrias San Jacinto ha cedido también una área de 6,000 metros cuadrados para el Museo de Arte Andino de Ancash, donde se apreciará manifestaciones culturales desde hace 12,000 años hasta la actualidad. Sus instalaciones contarán con un auditorio, un museo dinámico y módulos para la investigación prehistórica de la cuenca del río Nepeña, dice entusiasta Samaniego San Román.
El viajero que quiera conocer Punkuri hará un viaje placentero de Lima o de Trujillo, con paisajes cambiantes, mar, roquedales, dunas de arena, oasis de verdor, campos sembrados, pueblos al paso con restaurantes donde saborear deliciosas viandas a base de pescado, cangrejos y camarones, cabritos o ternera. Se llega primero a Chimbote. De allí un taxi lo llevará por cuatro o cinco soles al pueblo de Moro y en mototaxi por un sol al templo.
¡Vamos!. ¡Merece una visita!.
Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.
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