LOS BAILARINES DE MAMACHA CARMEN

La leyenda de una Virgen linda que empalidece de tristeza justifica la presencia de los bailarines del Qhapaq ch'uncho en Paucartambo cada 15 de julio. La selva exuberante y pródiga, de fronteras que lindan con el mito, está representada por estos emisarios que traen impreso en su ropaje su exotismo. Son los Qhapaq ch'uncho que vienen de las tierra de los Dorados y Paititis legendarios, más allá de Tres Cruces, desde el embrujo de su fronda de verdes milagrosos.

El Qhapaq Ch'uncho es un personaje fascinante salido de ese infierno de ríos caudalosos, pantanos traicioneros y agrestes espesuras. Su traje resalta en el marco extraordinario de conjuntos de danza de su fiesta. El sol se multiplica en el espejo diminuto de sus gemas que simulan orquídeas en sus waras o pantalones. Una llamarada de arcoiris se enciende a lo largo de su aderezo de plumas. El rey luce gallardo con su corona dorada, capa cortesana, chaleco bordado con lentejuelas y piedras preciosas, pantalones estrechos hasta las rodillas y espadín curvo.

Su danza es una de las más hermosas por la elegancia de sus movimientos. En el chontakiro, en la mudanza y en el balance, los ch'unchos demuestran ser eximios. Su paso cadencioso y armónico disuelve la monotonía del pito, tambor y bombo que hacen fondo musical a sus figuras. Según la leyenda los guerreros de un pueblo de la omagua robaron a la Virgen del Carmen que era llevada por los qollas de Puno a Paucartambo para el Corpus. En la refriega acribillaron con sus flechas a sus conductores y arrojaron la imagen al Amaru Mayu, el río de la serpiente, que desde entonces se llama río Madre de Dios.

Las aguas arrastraron la imagen, sin causarle daño, y la vararon en las cercanías de Paucartambo. De allí fue llevada en procesión hasta la iglesia donde permanece hasta hoy. En su pecho aún se puede ver la huella de las flechas que recibió también. Paradójicamente la Mamacha los ama. Cuando ellos no concurren a su fiesta se pone pálida y sobrevienen muchos males para el pueblo. Los Qhapaq ch'uncho son sus bailarines favoritos y cada 15 de julio hacen guardia de honor ante su anda, la acompañan 0durante la procesión y son los únicos bailarines que entran con ella a la iglesia.

El Q'enqumayu, un río embrujado, de esos que tienen ánima riega las orillas del más hermoso de los tanpus cusqueños. En las puertas de Qosñipata, "el valle de las nieblas", Paucartambo, "la villa de las flores," escucha todavía sus límpidos cantos de amor.

Dicen que quien toma sus aguas es capturado por su encanto y tiene que volver y si son amantes el río protege sus amores. Cierto o no, el río de los pies torcidos que camina a saltos, hechiza por sus voces de acento cristalino filtradas en un cedazo de cantos rodados.

Otro río viejo, cargado de años y caudales, que se encorva más en tiempo de aguas, arrincona al pueblo en una curva de montañas mientras murmura sordamente. En el virreinato una oroya desafiaba sus furias y más de una vez cayeron por sus frágiles bordes las llamas que llevaban oro de Qosñipata pàra el rey de España. Sabedor de estos desastres Carlos III ordenó la fábrica de su macizo puente de piedra.

Paucartambo es un pueblo risueño, de calles pulcras y limpias lavadas por el sol; cercos olorosos que retoñan bajo el ala de los cheqollos, picaflores andinos, y casas de puertas y ventanas azules.

En su plaza de bolsillo que más parece un patio grande con sombrillas las palmeras muestran sus troncos centenarios con tatuajes de amor. A un extremo está la iglesia de campanarios bulliciosos que guarda con orgullo en un frasco de vidrio la lengua de un monseñor. En su Altar Mayor deslumbra con su belleza peregrina la Mama Carmen.

Pueblo tranquilo y callado seis meses al año vive en los otros seis la alegría de los conjuntos de danza que llenan calles y casas con el aire retozón de sus bandas. Sus habitantes preparan desde enero la fiesta y los bailarines llegan maduros para julio.

Trajeados con terciopelo, sedas, bordados con hilos de oro y plata, casi todos con máscaras, bailan cuatro días seguidos hasta el kacharpari o despedida sobre el eje macizo de una euforia incontenible. Las danzas son coloridas y de gran imaginación. Están los Sikllas, los Chukchus, los Qhapaq negro, los Majeños, los Auka chileno, los Saqras, los K'achanpas, los Waka waka, las Wachachas, los Panaderos y otros que pasan de cuatrocientos en un cortejo que desborda las calles de música y colores.

"Si estoy vivo, dicen en sus canciones, volveré.
Si me toca la muerte, nunca más. ¡Ay paloma!.
¡Ay corazón mío"

Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.









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