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LOS NIÑOS DEL CUSCO
Un día conocí en el Parque de las Leyendas un buho urkututu bebé. Su mirada conmovía las fibras más hondas por su inocencia. En ella no sólo había un deslumbramiento ante el mundo que iba descubriendo sino una ternura indescriptible. Me recordó a los niños, incapaces de generar sentimientos oscuros.
En sus pupilas hay una claridad, un desfile de luceros tempranos, una pureza que los inunda. Un ángel en sus mejillas que gentes aviesas destruyen haciéndoles un daño irreparable. Por eso es indigno, escalofriante, inconcebible que haya un turismo sexual en el Cusco que hiere y mancilla a cientos de niños y niñas. No es posible que se permita la presencia de extranjeros que viajen con insanos propósitos para cometer esos terriblesexcesos. Tampoco que exista gente organizada en un mercado de criaturas cuando están comenzando a florecer. Es intolerable que se marchite no sólo su cuerpo sino su espíritu.
He preguntado y me han dicho que hay dos maneras de captar niños con ese plan siniestro. A algunos se les lleva con engaños y se les introduce a hoteles y hostales de diferentes categorías, iniciándolos en una vida que los averguenza. Otros son ofrecidos por padres desalmados que sólo ven un ingreso para sus vicios. La mayoría sufren siendo objeto de gente que los ultraja y los maltrata si protestan y se rehusan con gritos y llanto. Los menos se malogran y se acostumbran a recibir dinero fácil buscando a los que practican este negocio sucio.
Un niño que recibe ese tipo de agresiones nunca vuelve a ser normal. El trauma cambia el rumbo de su vida. El abuso sexual le deja diversas secuelas que no puede superar después. No es justo que aceptemos este tipo de turismo en el Cusco que enloda y pierde lo más precioso que tiene.
Siempre se dice que los niños son el patrimonio más importante de un país. Sin embargo, es un patrimonio vulnerable. Debía crearse un cuerpo de policía turística que persiga a los visitantes indeseables que deben ser detenidos y sometidos a juicio con penas fuertes. Enjuiciar a los administradores de los hoteles donde se les encuentre. Crear lugares de rehabilitación para que esos menores reciban una atención psicológica y puedan acceder a un futuro sin dolorosas consecuencias.
Cuán limpia es la mirada de un niño cuando crece ajeno a la maldad. Cuán dulce su sonrisa. Cuán conmovedora su visión de la vida. Cuán censurable el comercio sexual al que son sometidos. En el Cusco no queremos un turismo de esa clase. En los centros de educación los maestros debían advertir a sus alumnos para que se nieguen a acceder a requerimientos o imposiciones de nadie.
Hay que proteger las generaciones futuras. Cuidar de ellas ahora que el centro histórico está lleno de hoteles, restaurantes, agencias y tiendas de "souvenirs" por donde transitan gentes desconocidas. Es sensible que la ciudad viva se encuentre en sus extramuros, en las urbanizaciones o calles de trasmano. Los familiares no se dan cuenta a veces que alguno de sus niños tarda en regresar.
Habrá que investigar y cerrar los establecimientos usados con esos fines perversos y sórdidos. Los cusqueños en especial y los peruanos no queremos perder esa riqueza humana. Un niño violado nunca será feliz, no podrá hacer felices a las personas de su entorno ni desarrollar normalmente sus talentos. Las experiencias sufridas en la niñez los marcan y los frustan. Que no se hable más de turismo sexual de niños en el Perú. Es una ofensa. Ellos no tienen por qué ser expuestos a los lobos de aquí y de afuera. La gran apertura que hay a los turistas contempla su visita a los centros culturales y a los lugares de entretenimiento para mayores, mas no a manchar la inocencia de los pequeños.
Para ellos debe estar siempre presente el amor y cuidado de sus padres y la protección de todos. ¡Son nuestros!.
Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.
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