EL CORPUS DE MANUEL

Asistir al Corpus del Cusco, la ciudad puma, es un regalo para los turistas del siglo XXI. En mayo o junio, pues es movible, la ciudad se activa y se llena de vida. Catorce imágenes de vírgenes y santos desfilan como en sus buenos tiempos acompañadas por sus parroquias y el pueblo en general que les brindan su color y el calor de su fe.

El Corpus, bajo la sombrilla imperial del cielo cusqueño, es una fiesta en la que brilla el arte grandioso de los maestros inkas escultores, plateros y talladores del virreinato, que aplicaron habilidades estéticas de milenios en un derroche digno de su estirpe.

Ante un Corpus excelso de por sí en todos sus aspectos llevarlo al lienzo ha sido siempre un reto para quienes lo han intentado más de una vez. Existiendo una tecnología de captura digital resulta más fácil hacerlo con una cámara fotográfica. Sin embargo, Manuel Gibaja, artista de hoy para mañana, logra impresionar a los visitantes de su taller del barrio de San Blas con un Corpus fascinante.

Sólo él se da el lujo de dar la mano a la Virgen de Belén, la venerada Mamacha, para que baje de su trono y vaya a recibir la comunión, con sus santas rodillas en el suelo, de un afortunado canónigo catedralicio. Sólo él puede hacer que San Jerónimo se mezcle con la gente y camine por la plaza al mismo paso de una señora del mercado de manta labrada y sombrero blanco con moño de encaje.

Mientras la grey con buen humor imagina secretos convites que protagonizan vírgenes y santos en las noches, durante la octava, el artista los ha ayudado a dejar sus antiguos pedestales para confundirse con la multitud y realmente logra estupendas escenas. La orgullosa Purificada escuchando a la gente sus confidencias. San Cristóbal mezclándose con sus devotos que sostienen los bordados estandartes y las famosas ceras de kilos que arden una semana. Los irreverentes ukhukus u osos humanizados de Qoyllur Rit'i trepados en las andas. San Pedro hablando de su portería celestial con su párroco. San Sebastián a punto de dejar su árbol y hasta los arcángeles apurados por la única oportunidad que les brinda de escapar a su estatismo frío.

"Mi pintura, dice Manuel Gibaja, es solidaria con ustedes en estas y en toda circunstancia, esta es mi realidad, escapo a las vanidades y a lo veleidoso de la moda, nunca merodeo, soy directo, mis puertas están asoleadas trizando los miedos, soy de aquí, de esta fuerza, de lobos y ordalías, no traiciono a los míos, me interesan las sustancias de las formas y el fondo, todo lo que digo está transmutado en esa deliciosa superficie de lienzos y acuarelas. Estos son mis sueños y mis despertares. Este, mi texto revelador y la declaración de mis principios estéticos, coherente, claro y conciso."

Quién sabe sería mucho pedirle que humanice a todos los santos y vírgenes poniéndolos al nivel del pueblo que los ama estén o no dentro del calendario gregoriano. Quedaron perdidos en su paleta San Antonio Abad, San José, el Patrón Santiago, la Virgen de la Almudena o a lo mejor ya no los vi porque, mortal al fin, los vendió y se fueron.

"He pasado, dice, con ellos el tiempo escuchando reiterativamente sus voces y cánticos que se desvanecían en soles de junio, entre adoquinadas piedras de colores en el ombligo andino como testigo auroral y mal pagado amante de esta tierra, pero, con mis sinceras confesiones quiero establecer la alegría del sol, de la vida, sin esperar las campanadas de la María Angola, porque aquí aprendí a poner el color modelado de los danzantes, de viejas cargando cirios y flores tras las andas de plata de sus mamachas, derramando lágrimas de azufre desde sus raíces indias, de los celadores, de los ínclitos cargadores de andas, que retuercen sus rectos andares en 45 grados para pasear a la Virgen, sudorosos y felices, de los portadores de guiones caminando orgullosos como si pisaran flores asentadas en el piso, de los músicos disfrazados de edecanes enrumbando la música en tardes de vidrio de mayo o junio, deshilvanando tristezas por las calles del Centro Histórico, de niños quejuegan al Corpus como en una ruptura de las memorias de la historia... digo yo pinto todo lo que quiero, sigo invariablemente internado y esperando que mi realidad germine en cada uno de mis cuadros".

Así ha podido darnos una nueva y colorida versión del gran Corpus Inka. Un rescate celeste que nos sorprendió con sus alegrías y sus irreverencias magistrales. Esperamos que siga con su arte desmitificando mitos. Es importante.

Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.









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