ANATOMISTAS PREHISPANICOS

Un sentimiento de admiración embarga a los visitantes de Sechin, un extraordinario monumento prehispánico salvado. En sus rostros se lee mil preguntas frente a los bajorelieves del cuerpo humano grabados en piedra. Su puesta en valor es un ejemplo de lo que logró hacer la tenacidad de Lorenzo Samaniego, el arqueólogo que sacó de la tierra bloques o lápidas jamás soñadas por Julio C. Tello y Toribio Mejía Xespe que avistaron la primera cabeza tallada hace más de dos mil años, "el indio bravo".

Los estudiantes de medicina del mundo deberían hacer un peregrinaje a Sechin y apreciar la estremecedora exhibición en un espacio sagrado. El monumento se encuentra en Casma, Ancash, a 370 kilómetros de Lima por la Panamericana Norte, siguiendo un pequeño desvío a la derecha, bordeado por algarrobos y otros árboles frondosos.

En la segunda mitad del siglo XX el médico investigador Víctor M. Paredes Ruiz lo señala como centro de conocimientos anatómicos y de disección. Mientras en 1553 Miguel de Servet era quemado vivo en Ginebra, por haber descubierto la circulación pulmonar, y en 1556 Vesalio era expulsado de España, por haber practicado una autopsia, en el Perú nuestros antepasados habían penetrado el arcano físico del ser humano intuyendo las funciones de algunos órganos.

La inquietud por el pasado de Paredes Ruiz, ancashino como Samaniego, lo llevaron en 1976 a identificar e interpretar cada petroglifo y recoger el mensaje dejado por las primeras manos ilustres que abrieron el cuerpo humano para auscultar su interior. Sechin no es un templo ni el monumento conmemorativo de un encuentro a muerte en que los contrincantes batallaron sin cuartel, sino una expresión de la ciencia y el arte a que llegaron sus principales habitantes.

Al examinar las piedras grabadas con una infinidad de figuras no se puede hablar de vencedores y vencidos simplemente, sino de tres grupos de especialistas. Cada uno trabajando en equipo como acuciosos observadores de las consecuencias de golpes, heridas y desmembramientos. Por primera vez en la historia de la humanidad ellos registraron la fuerza conque la sangre de la carótida cortada es lanzada hacia arriba en un chorro incontenible o como desciende en cascada roja al seccionarse una lengua o al ser arrancados los ojos para impedirles la visión más allá de la muerte.

Estos sacerdotes médicos seleccionaron los cuerpos que más les interesaron y se quedaron mucho tiempo después de que terminó la batalla. Sólo así se explica que llegaran a conocer detalles. El dibujo, por ejemplo, de las vértebras y hasta de los discos después que se descarnaron. Samaniego indica que los bloques de granodiorita proceden del cerro contiguo y que fueron escogidos y trabajados en talleres contiguos para ser colocados después en los muros. Cada diseño fue hecho con hulla o "lápiz" de carbón de piedra y luego se perennizo el bajo relieve con cinceles.

En su libro Paredes Ruiz señala más de noventa grabados de cabezas decapitadas con los ojos cerrados, una estela de ojos colocados en orden y otra donde aparecen los ojos enucleados con sus pupilas y hasta vestigios de lágrimas. Hay piedras donde están representados la columna vertebral, el sacro y los riñones con una perfección asombrosa. Al lado de brazos y piernas cortadas en las articulaciones se puede ver también el esófago, el estómago y el intestino delgado, copiando exactamente sus curvaturas.

En otro se grafica magistralmente un personaje con su vientre abierto que sostiene con desesperación sus vísceras. Los ingeniosos forenses de Sechin realizaron con maestría los cortes dejando los resultados para la posteridad. Los "instrumentos quirúrgicos" que usaron pueden haber sido cuchillos, una especie de sierras y bisturís muy finos presume el médico. Su hipótesis se basa en el personaje que los lleva en una mano y en alto, tal vez el jefe de los anatomistas, que se encuentra en acción de caminar hacia el pórtico central. Al otro lado dice, espera atado con una soga, como dispuesto en una mesa de operaciones, un prisionero.

Las piedras fueron colocadas en los muros del edificio lítico que tuvo tal vez el carácter de una escuela y al mismo tiempo de un espacio sagrado donde los cirujanos del antiguo Perú concurieron para aprender los conocimientos básicos de la anatomía humana. Una nueva demostración de la grandeza de nuestras culturas. En este caso los sechin que, según los arqueólogos fueron anteriores a los chavin, y llegaron a edificar la primera escuela del medicina de América y el mundo.

Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.









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