CUARTO DEL RESCATE EN PELIGRO

La tradición oral cuenta que el cerro Shikuana lloró lágrimas de sangre cuando Francisco Pizarro y su hueste entraron a Cajamarca. Con su presencia se precipitaba el fin del Imperio Inka. La ciudad de plaza triangular donde estaba la mansión de los Inkas, sus templos y otros ambientes fueron destruídos con el tiempo. Al principio por los españoles y después aceleradamente por el afán de hacer cambios de los vecinos del último siglo. Lo único que quedó, como una reliquia con más de cuatrocientos setenta años, fue el llamado Cuarto del Rescate. Recuerdo haberlo grabado en video para un documental cuando aún se encontraba en buen estado.

Cuando hicimos nuestro trabajo en la Casa, al mismo tiempo que en otros sitios buscando una visión encantadora de la comarca, surgieron muchas preguntas. ¿Realmente fue una de las habitaciones donde solían alojarse los señores del Cusco? ¿Estuvo en ese lugar prisionero el príncipe Atau Wallpa, "guerrero radiante", aguardando su liberación?. No se sabe. A los cronistas de esa época, ávidos del botín que se fue acumulando, no les interesó levantar un solo plano de los centros poblados que asolaban. Con el paso de los años alguien lo señaló como el Cuarto del Rescate y así fue conocido en los últimos siglos pasados.

El cuarto al que se redujo toda una ciudad inka estaba en un nivel elevado, distante del nivel plano de la calle. ¿Habría tenido una forma piramidal?. ¿Fue allí donde el infortunado y confiado príncipe aceptó los insistentes pedidos del capitán extremeño para llenar la habitación de objetos de oro y plata para obtener su libertad?. Nunca se sabrá.

Hay muchas preguntas que se quedarán sin respuesta, mas la prioridad es el lamentable estado en que se encuentra. ¿Cómo es posible que las autoridades culturales descuidaran el último vestigio de la presencia imperial en Cajamarca?. ¿Hasta cuándo tenemos que perder esas edificaciones que son testimonio de una época de esplendor?. ¿Cómo los cajamarquinos pueden haber permanecido indiferentes?. ¿Cuántos llamaron la atención a Lima sobre lo que estaba pasando?. Ha sido un censurable desastre verlo en el periódico con los muros apuntalados y que se agregue una penosa realidad. Por dentro la piedra sufre un proceso de erosión. Sin el Cuarto del Rescate qué le queda a la ciudad de evidencia prehispánica.

Los peruanos debemos aprender a conocer la importancia de los bienes inmuebles y muebles relacionados con nuestra identidad cultural y que, como tales nos pertenecen. No se trata que tengan que ver con ellos sólo las instituciones estatales o las religiosas. Es indignante lo que han hecho los compradores del antiguo monasterio de las Carmelitas Descalzas de San José en la plaza Italia, una ciudad como Santa Catalina de Arequipa que han perdido los limeños. Una buena enseñanza de la historia que ha sido minimizada podría frenar los desmanes y lograr el apoyo de la colectividad. Una imagen o una pintura de una iglesia no pueden ser movidas ni donadas porque son parte de la vida del pueblo donde están. Ya es tiempo de crear conciencia sobre el patrimonio valioso que nos dejaron los antepasados en los siglos que han trascurrido y también el ecológico que está siendo disturbado todos los días.

Felizmente tenemos expertos en restauración y se puede adoptar algunas decisiones para que intervengan y trabajen para lograr el salvamento del Cuarto del Rescate y su conservación. Tenemos que ser peruanistas y eso implica una responsabilidad que debemos asumir por la integridad del país. Las inversiones extranjeras en las empresas deben tener una fuerte contraparte peruana que los comprometa a respetar lo que no es suyo. El mismo cielo, ese espacio aéreo, no se puede hipotecar ni ceder. Hay mucho por resguardar. En el exterior sus legislaciones velan no sólo por sus monumentos y sus recursos naturales sino también por sus ciudadanos. Tenemos que proteger al Perú y sus bienes.

Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.









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