LAS VIRGENES MELLIZAS

Por sí sola la visión del paisaje es fortificante. Trato de llenar mis pulmones de oxígeno, mis pupilas con la clorófila de los campos y pensar que el río sagrado corre por mis arterias . Escucho decir que algunos extranjeros están comprando tierras por allí y me parece explicable. Los precios, además, no deben estar muy altos. El pueblo de P'isaq adonde voy no ha cambiado mucho y en parte es saludable. Al entrar veo por ahí restos de unas arquerías, quizá del antiguo convento de los jesuítas o de la casa de algún hacendado.

Me alegra que la plaza no esté encementada ni con edificios de tres pisos. Sin embargo, a pesar de que se celebra la fiesta de la Virgen del Carmen, hay un aire de abandono similar al de otros pueblos del Valle Sagrado de los Inkas. El Cusco tiene una abundante cantidad de hoteles, hostales y hospedajes menores en sus plazas y calles. No puedo imaginar qué es mejor. P'isaq tiene sólo un hotelito y medio, porque el segundo es un restaurante con dos habitaciones. Gracias a que encontré una habitación en el primero pude quedarme para asistir a la procesión del dieciseis de julio.

En las vísperas el mayordomo principal y otros entran a caballo embanderados y garbosos. Pensé que desfilarían un par de veces pero fueron tantas que dejé de contarlas. Cuando llegué la cerveza ya corría a raudales y ellos parecían sedientos.Los últimos rayos del sol se enredaron de tal manera en las ramas del venerable pisonai erguido al centro que sentí su asfixia. Qué sería si se pudiera formar con las botellas del rubio líquido unas escaleras telescópicas para limpiarlo.

Recuerdo la indignación de los vecinos de Calca, que está un poco más allá, cuando una autoridad irresponsable mandó talar sus pisonai. Eran hermosos. En los meses del otoño parecían incendiarse con los cientos de "pavitos" rojos que florecían al mismo tiempo. En este caso el corpulento árbol que debe haber pasado un siglo está casi cubierto con esa melena de la piedra, la qaqachukcha o salvajina, que crece en los farallones.

Es imposible saber cuánto tiempo tardará en morir. Por algunas partes unos brotes le permiten respirar fatigosamente, pero un día se secará sin remedio. Me pregunto si no sería un milagro que los mayordomos, en lugar de gastar lo que ahorran en uno o dos años para alegrar la fiesta, destinaran esa bolsa para salvar al pisonai.

P'isaq es un pueblo español que se acomodó al pie de la colosal ciudad fortificada del Inka Pachakuteq. Uno y otra no tienen relación. Aquella grandiosa, con andenes, escaleras, mansiones, templos, acueductos, torres de vigilancia y otras construcciones. Este, pobre, subsistiendo principalmente de las ferias dominicales donde venden, por la globalización, desde mantas bolivianas hechas a máquina, que compran por piezas, hasta artesanías de Junín y otras partes.

La iglesia que estuvo mucho tiempo cerrada por fin se concluyó. Una lloqlla o aluvión destruyó la original y pasaron largos años antes de que se terminara la nueva. Por fuera no muestra belleza alguna. Por dentro los herederos de los qelqereq o pintores inkas la han pintado con flores, aves, cariátides con cuerpo y cabeza de ángeles y otros motivos. Algo más han hecho. Dotarle de cuadros que son una imitación de los lienzos de la Escuela Cusqueña de Pintura. Si se los llevan bastaría con el trabajo mural que lo adorna con su boscaje.

En P'isaq la Virgen del Carmen es adorable, pequeña y bella. Se cree que hicieron dos porque tiene una hermana. Aparecieron sucesivamente, hace más de un siglo, en unas alacenas de la hacienda Ayñas, ocultas en un muro que el dueño estaba desmontando para extender su huerta. La primera fue entregada a la iglesia por los dueños y la segunda colocada en su oratorio.

Actualmente una y otra tienen diecisiete conjuntos de danzas, sikllas, qhapaq ch'unchos, wachachas, saqras, auka chilenos, majeños, k'achanpas, y otros. Los comuneros de Ampay iniciaron las danzas cuando se encargaron de trasladar con júbilo la efigie original a la iglesia. La segunda, que encontraron después, entró vestida de luto en el sueño de la esposa del señor de Ayñas, para revelarle que quería estar junto a su hermana, pues eran mellizas. Su deseo se cumplió y su fiesta dura una quincena de días.

La globalización se manifiesta cuando llegada la noche la gente del pueblo y los visitantes salen a bailar ritmos modernos en la plaza. Las santas señoras descansan en sus andas hasta la última misa. P'isaq está a una hora de Cusco. Se va en ómnibus y el pasaje cuesta dos soles. Una propina para visitar al mismo tiempo la urbe inka donde estuvo prisionero el arco iris. Esperemos que los vecinos reflexionen en algún momento y hablen con los mayordomos y las autoridades para salvar al pisonai en homenaje a las Vírgenes del Carmen. Ellas se sentirán complacidas con ese regalo ecológico.

Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.









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