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CORPUS QUE HUELE A PAN
Así como es sensible la destrucción de monumentos prehispánicos y virreinales o la desaparición de costumbres tradicionales, también es importante su recuperación. Sucede con una fiesta que sale del pasado con sus fastos. En busca de ella nos dirigimos hacia el sur del Cusco.
El tiempo es excelente, sol de junio burilando el cielo y el verde feliz de la campiña levantando los espíritus. Los cerros todavía están verdes y el valle abierto permite distinguir al fondo el nevado Ausangate. Nuestro destino es Oropesa, ciudad con rezagos de nobleza, que fue centro del marquesado del mismo nombre otorgado al príncipe cusqueño Sayri Tupaq. No se sabe en qué momento se instalaron los hornos de pan, más de medio centenar ahora, que trabajan con leña desde entonces día y noche. Pero, el olorcillo se prende en las narices y se aspira con fruición.
Su iglesia que es muy bonita se edificó en 1661, dato que encontró el alcalde Mario Samanez Yáñez en los archivos de bautizos y matrimonios. En los libros con cubierta de pergamino se escribía entonces en latín. Por esos años, indica, los vecinos que vieron el Corpus del Cusco acordaron organizar una copia de la procesión de Toledo, convocando a los pueblos y dueños de haciendas aledañas.
El resultado fueron dieciocho imágenes que acudieron, al son de bandas de música y alborozados conjuntos de bailarines, desde Huambutío, Saylla, Wasao, Angostura, Lucre, Wakarpay y otras localidades. Infortunadamente se canceló en 1941, no se sabe por qué razones, tal vez desacuerdos entre los fieles. Se hubiera perdido en el tiempo de no ser los esfuerzos del burgomaestre de Oropesa quien logró que volvieran a darse la mano los pueblos protagonistas y fuera recobrando auge y prestigio.
Antes tenía una fecha en el calendario. Actualmente varía de acuerdo a la decisión de los participantes. Ese día que, generalmente, es domingo la ciudad gana en animación. El aire se inunda con la alegría de las bandas que van apareciendo. A medida que avanza el reloj es pintoresco encontrar en las calles los grupos de devotos llevando las diferentes efigies en sus andas. Algunas llevan "ropa de caminante" para protegerlas del polvo. Otras llegan de los oratorios de las familias del lugar. Cada una tiene entre doscientos, trescientos años o más de antiguedad y salió en su mayoría de ilustres talleres de la Escuela Cusqueña de Imaginería. En la iglesia apenas hay sitio para apreciar el ajetreo de los mayordomos que arreglan sus andas y las visten con magníficas túnicas y capas. .
Alrededor del mediodía, después de una misa concelebrada por tres sacerdotes, salen en procesión. Entre ellas destacan la Virgen Asunta, patrona de Oropesa, la Virgen Estrella de peregrina belleza, la Virgen de la Natividad, La Virgen del Carmen Española llamada así porque es peninsular, San Isidro Labrador, Santiago Apóstol, San Jerónimo, San Blas, San José, San Pedro, el Niño de Praga, el Cristo Pobre y otros, con el lucido acompañamiento de variados conjuntos de bailarines.
Las vírgenes del Cusco llevaban antiguamente refajos de perlas legítimas que se prendían en sus capas con rosetones en forma escalonada de un extremo a otro. Las oropesinas se distinguen por sus collares o walkas de pan que se manda hornear por cientos en forma de lazos o cuentas de buen tamaño. Algunos cuelgan de su cuello o se colocan en el contorno de sus mantos.
Se entiende que es una ofrenda y a la vez un pedido del pueblo para que se multiplique la producción de los hornos. Chutas, rejillas, k'irkus, costras, Maman qonqachi, molletes y empanadas. Las chutas de gran tamaño, redondas y con mayor envergadura, son enviadas a Puno, Apurímac, Cusco y pueblos de paso en enormes canastas. Antaño había el Corpus t'anta (el pan del Corpus), el Taitacha moqo (la rodilla del Señor por su forma), hasta panes selectos para las señoras que daban a luz, menciona el alcalde Samanez. En la última feria del Santurantikuy de Cusco se vendieron las primeras chutas navideñas con pasas, mantequilla y ajonjolí. Para sus panaderos fue histórico incorporarse a la feria del Niño Dios.
El día del Corpus nadie come en su casa. Los vecinos y sus visitantes encuentran deliciosos platos tradicionales en las carpas que se levantan en la plaza. Los manteles son largos y las matronas demuestran su excelente sazón en los caldos de gallina, los cuyes al horno, los rocotos rellenos, los chicharrones y los adobos.
Al regresar, siguiendo un desvío a la derecha, se puede aprovechar el tiempo para recorrer la hermosa Casona del Marqués de Valleumbroso, otra de las atracciones turísticas de Oropesa. Por la misma vía se puede llegar a Tipón, el gran santuario del agua en tiempo de los Inkas, cuyas estructuras haciendo marco a las cascadas y chorros cristalinos son admirables.
Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.
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