HAY QUE AMAR AL PERU

"No me explico como un país tan rico pueda ser al mismo tiempo un país tan pobre." Las palabras de un viajero ilustre siempre están conmigo. Me duelen porque he entregado al Perú mi vida y mi esfuerzo al igual que otros peruanos. El comentario es exacto porque, infortunadamente, los habitantes de este hermoso país no lo aman. Antes de la globalización, desde el siglo XVI ya había un desdén a sus grandes valores culturales. La idea entonces era crear un sentimiento de subestima para mandar. Se logró y la mejor expresión es arrodillarse ante "el mestizaje" y considerarse "mestizo", cuando ser híbrido fuera valioso.

En Barcelona, donde me invitaron para insertar la religión Inka entre las religiones milenarias del mundo no he escuchado hablar de mestizaje. Los centros originarios fueron dominados por los romanos, los galos, otras sangres y finalmente los árabes. Pero, los catalanes son catalanes. Conservan los edificios de los romanos que llevaron su aportes, pero nada más. Aman tanto lo suyo que su lengua oficial es el catalán.

En el Perú se crearon desde el siglo XVI una serie de clases y subclases. Los que se creían con sangre azul ignorando que la tienen solamente los camarones. Los plebeyos de ciudad. Los señores rurales y los plebeyos de campo. Finalmente, las comunidades campesinas. La tendencia de la gente de las ciudades era salir al extranjero. Al principio del siglo XX y seguramente finales del XIX la mayor atracción era París, la Ciudad Luz, a la que se fue también César Vallejo para morir de nostalgia y soledad.

Lima detestaba tanto al resto de los peruanos que por 1960, cuando alguien decía que era de provincia, los limeños decían que había olor a llama. El peor insulto era decir "serrano". Por 1970 alguien escribió un cuento formidable en la revista "Caretas". "La venganza de las ojotas" y en las últimas décadas ocurrió. Los limeños de generaciones cada vez son menos y la metrópoli sufre las consecuencias de su centralismo. Los limeños de ahora no aman a Lima ni al lugar de procedencia de sus padres porque no lo conocen y los provincianos tampoco porque no hay lazos que los unan a ella.

Esta falta de amor redunda en una indiferencia dolorosa para quienes amamos al territorio completo y admiramos la grandeza de los antepasados y la herencia. Los medios de comunicación mencionan continuamente el triunfo de peruanos en el extranjero. Es que tenemos una capacidad de milenios que no se expresa aquí porque falta el cariño y el orgullo de ser peruanos.

La enseñanza de la historia en las escuelas, colegios y universidades, está minimizada. Qué pueden hacer los representantes de los Poderes del Estado si no les interesan las culturas y no entienden que el Perú dio al mundo una gran parte de alimentos que ahora son parte de su alimentación. Se vende mucho a Machupiqchu, se inventa un turismo místico para marketearlo sin saber que efectivamente tiene energías que provienen de los elementos de la naturaleza, pero no se pone en valor los monumentos arquitectónicos y otras obras dejadas por las extraordinarias culturas que existieron en nuestro suelo sin influencia de nadie. Estábamos solos, apartados por dos inmensos océanos, y nuestras creaciones causan admiración a los países desarrollados. Lo que no se sabe es que la fuerza mística está en todo el Perú.

¡Qué poco aman los peruanos al Perú que invaden estos maravillosos vestigios y los destruyen!. !Qué poco aman los peruanos al Perú que no conocen sus valores, la belleza de sus paisajes, que sólo se valoran cuando vienen los turistas y dicen, ¡admírense!, y recién los aprecian!.

La educación depende de Lima y no hay una educación cívica que enseñe a amar y respetar los símbolos nacionales. El centralismo está acabando con el campo. La globalización y la pobreza han creado la utopía de que en Lima se puede surgir, crecer económicamente y vivir bien. Eso es falso. Antes, ser alcalde era un honor y los elegidos por el pueblo trabajaban para dejar bien puesto su nombre. Ahora es un puesto con una remuneración y vemos iguamente a los congresistas que se agarran a ella con uñas y dientes. El país no les importa y es por falta de amor a esta tierra.

Necesitamos peruanos que conozcan el Perú. Peruanos que respeten la hacienda pública. Peruanos que sepan el significado de Patria. Peruanos que quieran servir al país. Peruanos que sean honestos. Peruanos que velen por los intereses de la nación. Peruanos que defiendan nuestro vasto patrimonio cultural y ecológico. Peruanos que quieran devolverle el brillo que tuvo. En fin, peruanos de verdad, no de nombre.

Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.









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