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NATURALEZA Y SUERTE
Lidia Cortez Ñaca conserva su mirada diáfana, su sonrisa franca, su alegría altiplánica. Es una puneña de habla aimara, orgullosa de su identidad cultural, que viste un señorial mantón de Manila, faldas plisadas y coquetísimo sombrero hongo. Tras su apariencia andina es una mujer con una extraordinaria capacidad empresarial. Después de doce ferias de artesanías y productos agropecuarios enfrenta otro reto. La conexión de la naturaleza con la suerte en el momento en que inicia su "perfomance" el 2004. Al terminar ella no se quedará en Lima. Después de una corta permanencia volverá al abrigo de su comunidad en Platería.
¿Qué nos espera más adelante?. En todos los tiempos los seres humanos han intentado develar el porvenir. En el antiguo Perú Mama Coca tuvo y tiene hasta ahora una fuerza mágica en las ofrendas a la madre tierra y a los cerros. Sin embargo, son muy pocos quienes establecen conexión con ella. Los q'eros, del legendario pueblo paucartambino, del Cusco, saben hacerlo. A veces bajan a la Ciudad Imperial pero muy raramente. La coca, por su calidad de hoja sacra en el mundo andino, revela muy difícilmente sus secretos.
Al encontrar tropiezos para hacer su feria navideña Lidia, responsable de un fuerte movimiento de artesanos y productores agrarios de muchas partes, buscó rápidamente una salida. Traer a los yatiris que conocen cómo hacer nexo con elementos escogidos de la naturaleza. Ella dejó que el Año Viejo se enredara en sus zapatillas y tomó de la mano al Año Nuevo, niño, inédito, con las mejillas tersas y sueños níveos en sus pestañas.
Entre la avenida del Aire y la avenida Aviación inauguró por primera vez en Lima una Feria de los Deseos. Con ella se integraron comuneros puneños que trabajan para las Alasitas, las peticiones en miniatura que se hace al Eqeqo. El pequeño talismán aimara, copia de los encomenderos virreinales que circulaban por los Andes vendiendo toda clase de artículos, reemplazó a Tonopa, la figura prehispánica de un jorobadito sonriente que las madres colocaban colgando del cuello de los recién nacidos para que fueran felices.
Los yatiris, que son hombres y mujeres, trabajan con el imán, el plomo y las nueces y otros elementos. He hablado con Eloy Acarapi.de la Paz, Bolivia, (lindo nombre, el aqarapi es una nieve volandera que cae en copos, sobre los 3,500 metros) y he visto fascinada las agujetas del imán moverse sobre el papel que sostenía en mi mano sobre otro más grande. Unas corrían a un lado, al otro, se juntaban y él iba leyendo su mensaje. En Huaro, Cusco, los yakarkaes leían en el fuego los acontecimientos futuros soplando las brasas con canutos de plata.
Lidovia Sapana, de Machallata, Puno, hace hervir el plomo en un perolito. Saca lo que quepa en un cucharón y echa el líquido ardiente en agua fría. Al enfriarse súbitamente el plomo toma diferentes formas. Al comentar su arte ella nombra a su abuelo como su maestro, pero yendo más lejos sus antepasados deben llegar hasta Potosí, donde algunos lograban entablar un diálogo con los minerales. Su poder llega además en consejos, cuidar la salud, las relaciones famliares y otras cosas positivas.
Me da una comezón por entrevistar a Marta Cabrera, de Puno, que conoce los misterios que encierran las nueces en su interior. Cada una es una pregunta y una respuesta. Lidia ha cuidado en seleccionarlos.Cuida el valor del prestigio y sabe la importancia del conocimiento verdadero. Durante el año busca creadores de diferentes líneas artesanales y también se interesa por este rubro de las disciplinas espirituales que ha entrado a ferias en el Sur, llegando hasta el peregrinaje de Qoyllur Rit'i que tiene sus propios rituales.
Los limeños tenían sus organilleros con un loro o un monito que sacaba un papel donde estaba impreso un horóscopo, la suerte según el mes, de acuerdo al solicitante, una señorita, una señora o un caballero. Encontrar lo que se quiere en la Feria de los Deseos tiene un contenido que viene de lejos, de milenios en una América diferente. Nadie se parece a otro y al soltar un puñado de chiuchi-recado Eloy Acarapi descubre circunstancias que conozco con variantes.
Al irme es inevitable llevarle a mi eqeqo lo que me gustaría tener. Todos hacen lo mismo. Una casa, un televisor, un título que acredite una profesión, un auto, una tienda. La colección de mi eqeqo sigue creciendo desde que me llegó como un cariñoso regalo. El eqeqo tiene que ser obsequiado. La buena suerte no se compra en las ferias. Los yatitis cobran por su consulta cinco soles. Las fuerzas de la naturaleza no estarían de acuerdo conque especularan con sus dones. Yo le hago una petición pensando en el Perú. ¡Que seas bueno 2004 para todos!.
Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.
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