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LA FIESTA DE INKA RIPAQ
Hay muchas fiestas lindas en el Perú. Les invitamos a ir con nosotros al Vilkas Raymi el 29 de julio. En bus imperial se va directo a Huamanga, con terramoza, refrigerio y bingo, tranquilamente a 80 km. por hora. Cuando fui tenía que llegar a las 8 de la mañana a la capital de Ayacucho, donde haría enlace con otro vehículo, habiendo salido de Lima el día anterior. Dormitaba cuando de pronto el bus se detuvo. Corrí la cortina y el sol se asomó alegre. Miré por la ventana y verifiqué que estábamos varados como otros muchos. En la madrugada nevó y la pista parecía una boa blanca. El chofer dijo que esperaríamos hasta que se descongelara.
Llegué con tres horas de atraso, cuando el relacionista del Municipio que me ayudaría a cambiar de transporte estaba por irse. Me vió y al minuto siguiente yo estaba en la "cuatro por cuatro" o Land Rover que me llevaría a Vilkaswaman, la región de la águila sagrada. El camino era simplemente afirmado pero con un paisaje deslumbrante. Si se viaja con movilidad propia hay mucho que ver. Después del abra de Toqto, a 4,040 metros de altura, un pequeño desvío lleva al Intiwatana, un complejo inka con recintos amurallados, un santuario y un intiwaytana, donde habría nacido el hijo del Inka Pachakuteq y la Qoya Anawarqe. Al fondo la brisa revolvía las aguas de la laguna de Pomaqocha. Se vuelve a la carretera y en Vischongo se puede admirar un bosque de puya Raimondi. En el mismo lugar está el pueblo de Pomaqocha, con un templo del siglo XVIII, de fachada tallada en piedra rosa.
El Vilkas Raymi, una nueva fiesta en el calendario andino, me atraía; pero también quería indagar un poco sobre un subterráneo inka del que me hablaron hace tiempo, a un costado de la iglesia. Los andenes restaurados, con portadas ciegas para los vigías en la parte superior, dan a la plaza central un ambiente histórico. Los Inkas siguen allí en las piedras labradas. Me di una vuelta al monumento, en cuya parte superior hay una iglesia sencilla, dando lugar al sincretismo porque puede estar edificada sobre una waka. No vi nada. Si hay una entrada al interior de los pasadizos secretos debe estar cubierta.
Ya sería otra vez. Me concentré en la fiesta y me admiró el espíritu de amor a sus tradiciones que imprimió el alcalde al pueblo. Las tejedoras llegaron de sus comunidades, los agricultores llevaron sus productos más escogidos, los apicultores el néctar de sus colmenas y así Vilkaswaman vibró en sus días jubilares y de Fiestas Patrias. Las señoras prepararon para los visitantes la primicia de sus comidas. La calabaza es una reina que se luce en el chupe sustancioso o en hilachas de miel. Hay maíz tostado de sabores y texturas que deleitan. Chicha dulce fresca o fuerte, madurada.
La escenificación fue excelente. La iglesia se ocultó detrás de una gran bandera con los rostros inkas del sol y de la luna. Los vecinos y gente de las villas cercanas se acomodaron en la plaza y los andenes fueron el lugar más propicio para el drama. Los guerreros chankas con su escudos donde se lucía el águila ocuparon iniciaron allí un movimiento de marcha sin desplazarse. En cierto momento aparecieron por detrás las huestes imperiales del Cusco y se trabaron en intenso combate. Al terminar quedaron vencedores uniformando sus filas con los escudos donde estaba el sol como insignia.
Apareció el príncipe Inka Ripaq y se realizó la ceremonia de coronación tomando el nombre de Pachakuteq. Wilka Uma, "cabeza sagrada", el sacerdoe de más alto rango colocó sobre su frente la maskapaycha, símbolo de poder, y se inició el desfile hacia el usnu que es hermosísimo y está detrás de la plaza delante de las kallankas o ambientes imperiales. Siguieron las ceremonias rituales y luego comenzaron las danzas.
El entusiasmo de los ejércitos en choque me conmovió por la disciplina de los actores y extras. Con un presupuesto mínimo, la intervención de los escolares y el apoyo de los padres de familia consiguieron una representación que nada tenía que envidiar al Inti Raymi cusqueño, cada uno de los participantes vivieron sus papeles con una contagiosa intensidad.
Esta es una campaña cívica con los textos de Alfonsina Barrionuevo.
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