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ENTRE DOS NIÑOS
El calor hace nido en el cuerpo y sentimos que nos evaporamos. Es el verano que hace arder los leños del aire. En otros lugares el frío arropa a la gente y su abrazo aprieta hasta los tuétanos. Vivimos en extremos de temperatura. ¿Qué es mejor?. ¿Un beso de fuego o de nieve en las mejillas?.
En el Perú, país que se divierte con sus múltiples alturas, puede ser también de brisa que huele a romero junto al mar, tibia como el ala de un ángel en la quebrada, caricia atemperada o gélida y amorosa al mismo tiempo en la altura cuando sale el sol y se tiende por unas horas como una pícara lagartija.
San Francisco no pensó en los climas de la tierra cuando levantó el primer pesebre en Asís. Ya se encargarían los pueblos de vestir al Niño de Belén con ligeras camisitas de seda y algodón con ribetes de encaje o las túnicas de terciopelo labrado con interiores de lana; las medias delgadas con zapatitos de raso, los polkitos de alpaka o los pies libres, al aire, con sandalias de plata; la frazadita abrigadora o el edredón liviano como un copo de nieve volandera.
En Navidad los cerros se sienten paternales cuando acunan belenes, pesebres o portalitos entre sus brazos donde se enreda el musgo, se abre la achupalla, crecen líquenes de fantasía y vuela sobre ellos un eco de cánticos celestes que se mezclan con las albas, aguinaldos o villancicos terrenales. Las cantoras o chaiñas endulzan las misas de gallo con las coplas que van de norte a sur, de este a oeste.
"Niño Manuelito qué quereís comer?". "Buñuelitos dulces envueltos en miel." (Lima). "Calla Niño lindo, calla no lloreis, tomad mis coquitos para que jugueis." (San Martín). "Desde mi chacrita he venido andando, a ver este Niño que se está velando." (Huancavelica). "Ahora, pues, flor mía, dime adiós hasta el próximo año. Si estoy vivo regresaré, si he muerto ya no será." (Ayacucho). "La más chiquitita, la más pobrecita, le ofrece a su Niño esta palomita." (Lambayeque). "A la rú, Niñito, a la rú, rú. A la rú, Niñito, a la rú, rú." (El Carmen, Chincha). "Viliviliskhaschay, flor de clavelinas, claveles y rosas, para el Niño lindo." (Cusco).
Alexander von Humboldt tenía razón cuando afirmaba que el resto del Perú estaba más cerca de Londres que de Lima. Ella no sabe lo que hay en sus regiones. En Navidad no puede cambiar al pavo y al panetón con frutas confitadas por algo que no conoce. Los mondongos refocilantes, los pukapicantes belicosos, los rokros suaves con carne de cordero, los sabrosos chanchitos mamones, las ensaladas con guiso, los bizcochos de yema y los ponches generosos de almendra, maní y guinda. Se lo impide su pasado de virreyes con pelucas empolvadas y sus políticos de miopías heredadas. Prefiere los abetos importados y los falsos Santas o Papa Noeles que la inundan con mercadería de medio mundo.
Un larguísimo olvido en que se pierde la sonrisa de un Niño con su mensaje de amor y de paz. Antes del seis de enero, seis de reyes magos o simplemente de los magos que fueron con oro, incienso y mirra, el divino infante entregará a otro niño un año nuevo, reluciente como una moneda recién acuñada. El año nuevo que entra arrastrando de estreno un blanco pañal mientras los palomillas de la calle queman al año viejo, creando efectos manuales de incendios contra el cielo. Otra fiesta de tinte profano, de corcho libre, que se disfruta donde el dólar corre.
En el Ande se vive la magia del presente. El futuro no existe porque siempre es presente. Una forma diferente de ver la vida. ¿Podrán muchos políticos salir como los varayoq para arrojar su ropa en la plaza demostrando que no tocaron los bienes comunales y fueron honrados?. Los varayoq o alcaldes campesinos que llevan la vara de mando son siempre probos, honestos y justos. En el campo no hay lugar para los corruptos. El que entra, pues se renuevan cada año, tendrá que demostrar una limpieza de conducta y una rectitud de espíritu durante el año que le toca gobernar.
Roguemos a Dios que el 2003 no se empañe, que gobierno y gobernados se unan para levantar el país, que atrás quede el hambre de poder, la codicia, la incomprensión, la incompetencia, los malos deseos, de otros tiempos. Que se deje ver la luz. Aparece en el horizonte pero puede enturbiarse. Dejemos que alumbre el hermoso territorio de nuestros padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos y antepasados que sí sabían como se puede hacer que sea grande.
Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.
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