SALVANDO EL KAUKI

Tupe estuvo en mi mente desde que me enteré que era una isla idiomática en Lima. Allí se habla el kauki o jak'aru, una lengua milenaria, hija directa del pukina, lengua matriz del altiplano. En una actividad del Museo de Historia de la Cultura pude conocer su traje. Me impresionó su parecido con el que usaban las nobles cusqueñas que están en los dibujos de Guaman Poma. Hasta que el doctor César Hugo Melgarejo, de Catahuasi, el último lugar poblado desde Cañete me ayudó a llegar. La apertura reciente de una trocha por el alcalde Tito Iturrizaga hasta Kallapcho me ahorró hora y media o tal vez más de caminata. De allí son doce horas, entre ida y vuelta, haciendo turismo de aventura.

No entiendo por qué las antiquísimas gentes que llegaron a Tupe, se quedaron. Tupe es un purgatorio para los pies. El cordón umbilical que lo une con Catahuasi es un pedregal. Piedras de todos los tamaños, algunas de una y media tonelada hasta resbaladizos guijarrillos. Su cerro tutelar, Tupinachaka, es también una roca que desgarra el cielo con el puño. Quizá los atrajo el cerro esmeralda que está al frente y es su despensa de papa y maíz.

Como no es fácil salir ni llegar los tupínos se convirtieron en una isla en Yauyos. Con su extraordinaria habla han conservado muchas costumbres. Para salvarla el gobierno ha dispuesto que los profesores de su colegio lo aprendan y será un triunfo. Int'tatsa, quiere decir sol o padre de los hombres, y Pach'mansa, madre de las mujeres. Sin embargo será necesario que se instruyan con los mayores en la historia del pueblo y sus tradiciones, su conocimiento del campo, del cielo y de la vida. Sin su sabiduría el idioma será un casco vacío.

Desde la altura San Bartolomé de Tupe, bautizada así pomposamente por los doctrineros, se ve como una villa de hojalata. Hace unas décadas sus techos fueron de paja abrigadora. A 2,980 metros de altura las planchas acanaladas, puestas sin masilla de barro, filtran el frío. A esa hora hasta las estrellas se congelan. Los tupinos las ven por los resquicios y las identifican. Betsabé Silvestre, que tiene unos 90 años en flor, nombra dulcemente en su milenario idioma la perdiz estrella, la llama estrella, la escalera de estrellas, la cruz de estrellas, y muchas más que aparecen en estos meses. Para setiembre será un río, kaorneira, la Vía Láctea.

El mundo que les rodea es mágico. Si el Tupínachaka "tiene hambre y sed" le llevan su oksa, ofrenda de maíz blanco molido y pisco. Su abuelita contaba que a veces, enterraban viva una llamita, bailando con sonajas y dejando flores a la cruz de los españoles. "Si la tierra o Tier mame se volvía estéril había que poner cuyes vivos, sebo, máchika. Ahora no, pero en la siembra cantan yaravíes a la papa y al maíz para que crezcan bonito". En ciertas noches la ke'key o cabeza voladora pasea por los campos y la jarjaria o llama de dos cabezas y ojos de fuego golpea con sus patas el atrio de piedra de la iglesia. El pueblo es sencillo pero hay luz y antena parabólica. Pronto las chicas lucirán polos y jeans. El modernismo es imparable. Ahora usan sólo en ocasiones especiales su traje tradicional. El anako o túnica negra de oveja con ribete rojo; el cotón interior de castilla con mangas que es muy abrigadora; la faja de rojos restallantes y una segunda faja, el marate o gruesa chanpakara de fibras del maguey con graciosos dibujos que ayuda a sostener la cintura y la columna cuando tienen que cargar peso. Topos o pitchos que son los renombrados prendedores de plata que cierran la milakt'sa o manta de venas rojas y negras. Son dos y pueden ser uno o cuatro donde aparece cincelada curiosamente el águila de los Habsburgos. Por delante cuelga el piñi o pinza, pache wairnusho, para jalar ls espimas que a veces entran en la piel, y va adornada con pajaritos y soles de nueve décimos. Hacia atrás la renegrida trenza se anuda con una cinta tejida que remata en coquetos pompones y se cubre la cabeza, en lugar de la ñañaka cusqueña, con un pañuelo de seda rojo donde colocan flores del campo y a veces ramitas de muña y ruda sobre las orejas. Los aretes son de tres caídas o hileras con medios o reales de nueve décimos. El traje de diario es una copia en tela comercial escocesa.

Dios es el supremo dueño del bien y del mal, pero también los cerros, las lagunas, los manantiales y la Virgen de la Candela o Candelaria, una sacra mamita que les da su cariño. La celebran el 3 de febrero mayordomos y mayoralas. Al irse los músicos reciben walkas o collares de mazorcas tiernas de maíz, papas y quesillos. Hasta el próximo año si la Virgen lo quiere.

Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.









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