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CEMENTO SOBRE IGLESIA DE SILLAR
La estrecha unión con la tierra que se generó a la llegada de santas imágenes de Europa ayuda la protección de los monumentos religiosos. En la fiesta de la Inmaculada de Chivay, Arequipa, su anda es adornada con productos de la tierra. Los mayordomos demuestran su arte en la combinación de calabazas con brillantes bandejas, que refulgen como espejos sobre el fondo verde vegetal. La Virgen que luce túnica y manto nuevos lleva colgando sobre su espalda un fino entramado de vainas de habas recién recogidas. Ella sabe que todos esperan que proteja las próximas cosechas, que baje la lluvia a tiempo y que los surcos sean generosos.
Los barrios levantan altares en cada esquina de la plaza y arcos triunfales con flores, bandejitas y pequeños muñecos para que la Virgen pase como una reina después del saludo, los rezos y los cánticos de los devotos. En la mañana le hacen su misa de fiesta, en la tarde salen a bailar los witites y sus parejas, mientras en las vísperas las bandas ensayan un nuevo tono en sus locales hasta que lo logran y entonces salen felices a recorrer las calles con saxo y tambor batiente.
Lo único lamentable es la modernización de la hermosa fachada virreinal que ha sido recubierta con cemento. Los alcaldes provinciales y distritales debían solicitar una opinión autorizada del INC de su departamento antes de proceder a cambios. Según los técnicos es posible recuperar el color blanco original del sillar pero será muy difícil y costoso. La misma plaza encementada no permite apreciar las escasas viviendas antiguas que quedan aún en el contorno. Hay que velar por el mantenimiento de ellas que son reliquias de otras épocas.
Un estudio muy interesante de Luis Enrique Tord muestra los edificios construídos en el valle del Colca con un despliegue de espacios abiertos, fachadas barrocas y muebles que son una reliquia que deben ser protegidas. La mayoría se han mantenido intactas hasta la fecha salvo el ultraje de los sismos, pero no la mano sin gusto del hombre contemporáneo.
No deja de ser interesante la labor realizada entre las comunidades campesinas para animarlas a tomar como escenario de sus danzas la plaza de Chivay en algunas festividades. Una de ellas es la fiesta de la Inmaculada. Para esa fecha grupos de bailarines permiten a los visitantes gozar de sus danzas. Sus trajes son los más bordados del Perú y en realidad se trata de solteros y solteras que escogen por este medio a sus parejas.
La tradición de que los hombres se coloquen faldas encima de los pantalones se remonta a los tiempos prehispánicos en que la rivalidad entre dos señores de la comarca dio lugar a un drama al estilo de Romeo y Julieta. La hermosa hija de uno de ellos correspondió al hijo de su enemigo y se les complicó su vida porque no sabían qué hacer con su amor. En eso, el padre de ella dió una fiesta ordenando que asistieran sólo mujeres para evitar cualquier encuentro. Al saberlo el enamorado y sus amigos vistieron las ropas femeninas y en un descuido del señor raptaron a su hija.
En recuerdo del osado Romeo andino los jóvenes de Chivay visten la encubridora pollera y un sombrero redondo con una cortina de cuentas que cubre su rostro. Al principio solteros y solteras, que sobrepasaron los veinte años sin casarse, bailan separados haciendo una serie de llamativas figuras. Poco a poco se van conociendo al calor de la danza. Después de uno a tres días, ya en pareja, irán desapareciendo. Si no tuvieron suerte será al año siguiente.
Hace unos diez años los witites tenían sus ocultos lugares de danza. Un día fueron convencidos por un alcalde emprendedor para ir a Chivay. Darían lustre con su presencia a la procesión de la Purísima, asegurarían su ayuda para los cultivos de sus comunidades y ganarían un premio aquellos que llevaran los trajes más bellos.
La visita a Chivay, capital de la provincia de Cailloma, brinda agradables sorpresas. Aconsejamos quedarse unos tres días para hacer un circuito por los pueblos de Coporaque, Pinchollo, Yanque, Achoma, Cabanaconde y otros, cuyas iglesias lucen impresionantes fachadas de sillar, esperar de madrugada en Cruz Cóndor la salida en busca de comida de estas aves de espléndidas alas, contemplar uno de los cañones más profundos del Perú y unirse a la fiesta dándole paso a la alegría. Para alojarse hay desde un albergue municipal hasta simpáticos hostales con agua caliente y restaurantes con platos tradicionales y también de la cocina internacional.
Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.
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