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SEMANAS SANTAS DE GLORIA
La Semana Santa en el Perú no es sólo un dolorido desfile de imágenes torturadas sino también un reencuentro, con los siglos que se fueron, a través de la leyenda y las costumbres populares. El Señor de Ramos, de Ayacucho,copia en sus pupilas dulces los fulgores de la tarde y hay en ellas una promesa de paz. Sin embargo, cada año se lleva al cielo, inexorablemente, a uno de sus apóstoles de rústicos wakachos de cuero. El pueblo comenta que así cobra los favores que le piden y, aunque el corazón se les encoja de tristeza, siempre hay hombres dispuestos a seguirle para que les cumpla una gracia.
En Marca, Ancash, en cambio, los apóstoles van alborozados, de túnica blanca, corona de olivos y, como jamás, en soberbias mulas ricamente enjaezadas. Días antes el "estandartero" o mayordomo, los compromete con regaladas fuentes de frijol colado, manjar blanco, dulce de higos, dulce de manzana, roscas de yema y una cera cintillada. Entre tanto, en Sapallanga, Junín, ese mismo domingo, la gente que baja de las alturas, lleva en lugar de palmas "ramas" de los productos que siembra, arvejas, papas, maíz, habas, "para que el Señor las bendiga".
El Lunes que, a pesar de ser santo, es para muchos el clásico "lunes zapatero", en el que se da gusto al cuerpo y no se trabaja, el Taitacha Temblores, Patrón Jurado del Cusco, sale en procesión, después de que la lluvia lava las calles. No hay Cristo que sea como El, en el gesto trágico de la muerte, de la eternidad que se vislumbra en sus ojos ya en sombra. Su cabellera flota movida por la brisa vespertina y cubierto de ñuqch'u, la flor cusqueña de la Pasión, parece que se abrieran otra vez sus heridas. Cuando al fin se retira las mamaviejas lloran, porque "saben" que el Señor escoge, durante su recorrido, a quienes van a morir y no volverán a verle otra vez.
El Miércoles, hasta hace unos años, las andas de "Cinco Pan", el Cristo de Amazonas, olían a pescado fresco y pan recién salido del horno. Los devotos colgaban de ellas cuantas piezas podían, esperando que Aquel repitiera el bíblico milagro de multiplicar ambos alimentos. En Huamanga, por la noche, el Cristo de Santa Clara que lleva en su corona de espinas los anillos o "esposas" de sus mitrados, deslumbra a los viajeros que se vuelcan a la ciudad de las iglesias. Ningún Señor es tan humano como El. "Le crece la barba" afirman los feligreses. "También le crecen las uñas de las manos". En su ojo derecho se reflejan las glorias del paraíso y en su izquierdo los horrores del infierno." Si sus andas con albo trono de cera pesan mucho, mal año, que el Cristo los cargará de penas; si son livianas, buena suerte. El Jueves se come bien y en Catacaos, Piura, hay banquete en la iglesia. Los mayordomos, con licencia del párroco, desempolvan a los "doce" de la Ultima Cena, para sentarlos ante una mesa bien servida. Hay abundante vino y mucha fruta. Todos hacen que no falten manjares para evitar que en el año tengan que ajustarse el cinturón.
Más abajo del litoral, en la caleta de Huanchaco, Trujillo, la momia del Deán Savedra se entibia con velas santas y asiste como nadie, de cuerpo presente, a las misas que se cantan. El viernes hay todavía niños que "ayudan a sufrir al Señor", recibiendo una tanda de sus madres al terminar el Sermón de las Tres Horas. De noche en cierto pueblo del Ande, que no tiene imagen, el cura hace de Cristo yacente, porque el pueblo espera que la vida y no la muerte atraiga a la vida. Hasta el Sábado y Domingo santos que los "resacos" del valle de Yanamarka, bsilan en traje militar sus waylash de competencia. Un poco dicen por el Cristo y otro poco por el héroe de la Breña, que ellos acostumbran combinar sus devociones.
Esta es una campaña cívica con los textos de Alfonsina Barrionuevo.
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