LAS MUSICAS DE GUAGUA DIOS

En el Perú, virreinato de la Nueva Castilla, los festejos de la pascua navideña tomaron impulso a medida que se edificaban las iglesias y llegaban las efigies del recién nacido, para presidir los belenes que se amarraban con ramas de algarrobo, huarango, cedro y arrayán; musgos, achupallas, maíces y trigos recién germinados, hojas de plátano y gramalote, de acuerdo a las regiones. Se ignora la fecha en que se compuso el primer villancico con sabor peruano como la conmovida, ingenua y deslumbrada aceptación de un ícono que era adorable porque se trataba de un párvulo indefenso. Para eso los Andes se impregnaron con el aroma a santidad que se desprende del misterio bíblico y finalmente dieron su propia versión.

Para lograrlo sirvió de mucho la agudeza y perspicacia de los catequizadores o doctrineros, que además de graficar los horrores del infierno para los pecadores, exaltaron el cielo como el hermoso lugar donde el Divino Niño esperaba con una dulce sonrisa a los hombres de buena voluntad. Según afirmaba el musicólogo cusqueño Policarpo Caballero, estos aprovecharon la música y los cantos conque se recibía a las criaturas en el Perú prehispánico o que acompañaba los rituales religiosos. Sólo modificaron sutilmente la letra y la aplicaron al advenimiento del Infante Celeste. Tal ocurre con el Hanaq Pacha, que al parecer fue un himno al sol, o el Halla llunch, halla llonch, tonada navideña del cino o chimu.

La ola mística en torno al Niño Dios, que generó en el Perú líneas de imaginería, pintura y talla sagrada, es vasta. En cada lugar hay portales y belenes renombrados ante los cuales se canta y se baila, donde se reproducen pasajes del Viejo Testamento como la tentación de Adán y Eva en el paraíso, el arca de Noé, el sacrificio de Abraham, el baño de la casta Susana, y, también del Nuevo Testamento como el pesebre de Belén, la adoración de ángeles, magos y pastores, el deguello de los inocentes, la huída de Egipto y la discusión en el templo con los doctores; además de prados y bohíos, lagunitas de espejo, cerros y hatos de cabras y ovejas.

En la ciudad de los Reyes, donde se comenzaba el 8 de diciembre con el sembrío de trigos y maíces, se recibía el 24 con alborozo, repique de campanas, gorjeo de pitos y crujido de matracas, misa de gallo y luego cena con empanadas, yemas, bizcochuelos y los clásicos orincitos del Niño -chicha de mani- para acabar el 6 de enero, fiesta de la Epifanía o de los reyes magos.

En Lambayeque, donde había novenas, el santo Niño se desplazaba en brazos de los mayordomos qe iban con sus regidores, ministriles, presidente y procurador de cada en casa, para terminar en la iglesia donde eran recibidos con mucha ceremonia. La Misa de Gallo era acompañada por las cantoras que hilaban sus voces entre nubes de incienso.

En Huancavelica el Niño Dios tenía madrinas y era ahijado de todas las matronas siendo regalado con dientecitos de oro, boquitas de oro, orejitas de oro y también rayos de oro para su cabeza; mientras en Amazonas el Niño era adorado por otros grupos de pastoras de faldas multicolores y sombreros de paja con espejillos, y también por viejitos de bastón y joroba que salían de las iglesias de San Lázaro y del Señor de Burgos intercambiando coplas floridas.

En el Cusco se da la versión peruana del Niño de Judea cuando los imagineros de sangre imperial "lo hacen nacer" en sus manos con maguey y pasta. Es la ciudad donde existe la mayor población de niños sacros, en casas, iglesias y conventos. En la ciudad se establece para el día 24 el santurantikuy, la única feria o mercado de santos que hay en el Perú. Los preparativos arrancaban el 22 de noviembre, día de Santa Cecilia, con los ensayos de los coros y las danzas.

El aporte de los yarawikuq o músicos y de los harawikuq o poetas qechwas del Tawantinsuyu es valiosísimo y se mantiene hasta ahora más o menos vigente merced a músicos como Ricardo Castro Pinto, organista de varias iglesias, virtuoso ejecutante del pampapiano o pianito de pampa que reemplazó a los primeros órganos ambulantes, hábil arreglista y fundador del coro Polifónico Municipal Cusco.

Algun día quizá alguien busque con afán las huellas del Niño Dios a lo largo y ancho de nuestro territorio. La globalización está reemplazando al Santo Niñucha con el Papa Noel, un viejo gordo que representa al mercado consumista, un árbol sintético y una estrella artificial. El dulce Parvulito de Belén, que tomó sabiamente el color de la tierra americana, refrescó con rocíos de amor y de paz el acongojado corazón de los hombres de un mundo que dejó de ser nuevo y libre. No olvidar que la Navidad es suya y que diciembre "se alegra con su sonrisa que es como el sol".

Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.









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