La orfebrería y la platería religiosa complementan el afán de dar a Dios lo mejor para su culto.
Coronas para las imágenes, joyas para su adorno, túnicas, mantos y sudarios bordados para las Vírgenes, Cristos, santos y cruces, custodias para el Santísimo, cálices y vinajeras, frontales repujados para altares y sagrarios, andas con dos y tres cuerpos, algunas para ser cargadas por cuadrillas y otras con ruedas, hacheros, guiones, estnadartes y candelabros.
Hay que considerar también las casullas y estolas para los oficiantes bordadas con hilos de oro y plata, sobre una trama finísima.
En las casas señoriales hasta el menaje doméstico fue de plata. Los artistas se esmeraron en hacer de cada pieza una creación. Azucareros, fuentes, teteras, vasos, jarrones, cubiertos, lavamanos, lavatorios, bacines y hasta parte de los arreos para los caballos, enjoyando riendas, cabezales y por supuesto monturas y estribos.
Reliquias de otras épocas que se han conservado hasta hoy y que merecen el constante cuidado de las generaciones actuales. Son la herencia cultural de los peruanos.








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