Eduardo V. Santos, navegante de Terra, nos cuenta su interesante viaje hacia Canta. Acompáñanos en este viaje y recuerda que tú también puedes compartir tus historias.
Hace unos meses hicimos nuestra primera salida, los alumnos de la especialidad de guía oficial de turismo, organizados para desarrollar proyectos interesantes.
Lo veníamos conversando hace ya bastante tiempo y luego de un par de reuniones de coordinación por fin lo preparamos. El promotor de esta excursión fue nuestro compañero Martín Lozano.
En un principio el viaje fue planeado para ser un full day, pero teniendo en cuenta que se trataba de un sitio desconocido y que haríamos las cosas nosotros mismos, decidimos viajar lo más temprano posible.
¡Casi nos quedamos!
Un retraso mío casi cuesta la anulación del viaje al grupo, ahora estoy más convencido de lo traidor que puede ser el tiempo. Calculé el trayecto desde mi oficina en Miraflores hasta la terminal de la UNI en una hora e incluso llegué a pensar en menos. Con este tráfico ya no se puede confiar, la próxima tendré más cuidado.
Cuando llegué al terminal, mis amigos Iris, Manna y Martín me estuvieron esperando con la noticia de que el bus ya había partido, a lo que yo tomé como una broma pues el retraso no era mucho (según yo).
Entonces abordamos un taxi para dar alcance al bus que en ese momento se hallaría quien sabe dónde. Aproximadamente en el Km. 11 de la Av. Túpac Amaru salimos del taxi, afortunadamente ya antes supimos que habíamos pasado al bus por una llamada al celular de Rossana. Esperamos en el paradero del puente y luego de aproximadamente quince minutos el bus apareció, ya pasó el susto. Ahora sí subimos.
¡A bordo!
Una vez dentro del bus, íbamos comprobando con nuestro humilde mapita (folletos de Promperú y del gobierno regional obtenidos en la feria del Jockey) los poblados que pasábamos.
No fue tan fácil y se nos pasaron algunas localidades, además la vista desde el vehículo era algo reducida. Finalmente llegamos a Canta a eso de las 6 pm, allí vimos que ese mismo carro partía hacia otra ruta.
Cuando bajaban los pasajeros quisimos ser los últimos para bajar con calma; pero casi nos llevan para otro lugar.
Buscando hospitalidad
La primera misión fue buscar dónde pasar la noche y nos dirigimos a un hospedaje donde previamente habíamos llamado por teléfono y nos confirmaron disponibilidad.
El presupuesto estaba muy ajustado (cuándo no) y nos queríamos acomodar como sea en uno o dos cuartos, no más; pero la dueña no quiso así que salimos algo inconformes del lugar pero siempre con optimismo.
Llegamos a preguntar en otro hospedaje y un tipo nos guió hacia la sucursal de su negocio, donde supuestamente había sitio para nosotros pero al llegar allí le dio preferencia a otro grupo.
Estos se la saben todas y se van a lo seguro, ni modo, pero esta vez nos enojamos con la actitud del sujeto.
Nos calmamos y seguimos caminando por la calle en busca del recomendado hospedaje "Cayito", felizmente el frío no es más fuerte que en Lima.
En el "Cayito" solo había cuartos matrimoniales y no había posibilidad de quedarnos. Otra vez deambulando hasta que apareció una amable señora.
Se trata de la Señora Berta quien se portó muy bien con nosotros conduciéndonos al albergue de un conocido suyo. Es una casona con su segundo piso de madera, bastante aceptable para el precio bajísimo que pagamos, aunque al parecer éramos los únicos huéspedes y algunos tenían temor pero eso poco importaba ya que estábamos juntos.
Salimos a caminar por el pueblo, buscar comida, hacer tratos, conocer la plaza, etc. Visitamos el cementerio de noche, pero nos fuimos rápido porque empezábamos a sentirnos incómodos, es de sabios no desafiar a los espíritus.
Conocimos el hospedaje municipal, tengo que advertir que tiene un piso resbaloso. Inspeccionamos una habitación y conocimos su salón de conferencias.
Volvimos al albergue y luego de acomodarnos hicimos planes para el día siguiente, decidimos hacer una caminata al Rodal de Puyas que según los lugareños nos tomaría aproximadamente 4 horas, después fuimos a dormir con el objetivo de salir a las 5 a.m. para tomar el carro hacia Huaros. ¡Qué noche aquella!