César Lescano, navegante de Terra, nos cuenta su interesante viaje al pueblo de Huamachuco. Acompáñanos en este viaje y recuerda que tú también puedes compartir tus historias.
Catorce de agosto, frío inexplicable en Trujillo, observo detenidamente mi reloj que marca las dos de la tarde y el bus que ha de llevarme a Huamachuco se encuentra casi listo para su recorrido de aproximadamente seis horas.
Muchas de las personas que viajan conmigo van por primera vez a esta impresionante tierra de grandes atractivos turísticos y religiosos. Escucho los comentarios de algunos de ellos mencionando que los días en Huamachuco se tiñen de un frío impertinente y las noches de un silencio adormecedor, pero yo tan sólo pienso en llegar y quedarme nuevamente admirado por el celeste y bello cielo serrano, por sus parajes arquitectónicos y naturales, así como por su sorprendente feria patronal.
Han pasado casi cinco horas de viaje y ya puedo observar el gallardete que fuese izado el 29 de julio, como símbolo de inicio de las fiestas patronales en honor a la Santísima Virgen de Alta Gracia, donde miles de personas demuestran diariamente su fervor religioso, tanto de las zonas urbanas y rurales.
Mi visita a Huamachuco no trasluce el mosaico de pueblitos agrupados a su alrededor. En su cristalino amanecer, la zona andina invita a no desconfiar de su belleza, tal como lo hicieron los hombres del imperio de los incas cuando llegaron a poblar la región y convertir a Huamachuco en una reliquia escondida en la profundidad de silencios e inmutables precipicios, donde el tiempo, en su marcha inexorable, parece no haberse detenido.
Siete de la noche, por fin hemos llegado, al bajar del bus se escucha como la gente viene celebrando al compás de las bandas de músicos, otros vienen preparando lo que será un memorable homenaje a los 454 años de Fundación de Huamachuco, tomo un café para adecuarme, restablecerme y seguir con mi trabajo.
Al pasar dos horas en Huamachuco toda la población se concentra en su enorme Plaza de Armas, considerada por muchos historiadores, como una de las más grandes del Perú, lugar donde se realiza una mega evento con la participación de reconocidos artistas nacionales, la quema de bombardas y fuegos artificiales es lo más esperado.
Huamachuco se viste de gala para recibir su aniversario tras 4 horas de espectáculo, diversión y algarabía la población empieza a retirarse a diferentes lugares, donde terminarán de celebrar su festividad, para luego al siguiente día acudir a la misa central en honor a la Virgen de Alta Gracia.
Quince de agosto, me despierto y veo como la gente luce sus mejores prendas, es fiesta, dicen muchos de ellos, la misa central cuenta con la presencia de las autoridades y pobladores que algún día tuvieron que dejar su tierra por cosas del destino, es la misa de la Virgen y del encuentro de huamachuquinos.
La misa está por concluir el padre da la bendición y a las afueras de la Catedral se observa la presentación de conjuntos folclóricos de los diversos distritos y pueblos de la provincia. Mayormente figuran Las Pallas, Las Ñustas, Los Incas, La Contradanza, Los Huanquillos, Los Turkos. Los danzarines de este último grupo son parecidos a los incas, con la única diferencia que portan en su cabeza un pañuelo y sobre él una corona de flores de papel de varios colores.
Danzantes que acompañarán en su recorrido por la Plaza de Armas a la patrona de Huamachuco, tres de la tarde y ya se observa que la Santísima Virgen se encuentra en la puerta de la Catedral. Con quema de cohetes, alegres dianas interpretadas por las bandas de músicos y aplausos, la venerada imagen de la Virgen sale en procesión.
La gente en gran multitud acompaña derramando signos de devoción, algunos con las manos juntas, al parecer en señal de agradecimiento por algún milagro concedido por la Virgen, los miembros de la Hermandad, vestidos de hábitos, cargan la milagrosa imagen, en esta ocasión se le aprecia con un vestido color turquesa, bella tal como es ella.