Viernes, 30 de Marzo de 2007
Viajar en un crucero
Gina La Rosa, navegante de Terra, nos cuenta su interesante viaje de luna de miel a bordo de un crucero.
Gina en el crucero
Gina en crucero
La siguiente visita fue a La Habana. Tuvimos una vista muy peculiar durante el ingreso del barco hasta el puerto habanero, veíamos carros muy antiguos, en contraste con automóviles nuevos, viejos edificios y otros construidos con diseños modernos. La historia de La Habana parecía detenerse en el tiempo y nosotros con él. Las fotografías en blanco y negro con cámaras del año 1900 estaban al orden del turista.
Desde el momento en que mi esposo y yo planeábamos casarnos, nos entusiasmó la idea de viajar en un crucero. Y es que la idea de tener un hotel flotante que nos llevaría a conocer varios lugares en un solo viaje, hizo que tuviéramos muchas expectativas.
Al día siguiente de nuestra boda, llenos de ilusiones y con nuestras maletas listas, partimos rumbo a ¿México lindo y querido¿. Llegamos al aeropuerto del Distrito Federal que nos causó admiración por su infraestructura, nivel de desarrollo y, sobre todo por el elevado volumen de vuelos y pasajeros que diariamente lo visitan. Allí esperamos para ir a nuestro siguiente destino, Cancún.
Al llegar a Cancún, encontramos un ambiente tropical muy agradable, conocimos ¿Playa Del Carmen¿ y Cozumel, un lugar especial para la diversión, relax y sobre todo para desconectarse del mundo formando parte del precioso paisaje lleno de sol y color. En Cozumel nos esperaba nuestro crucero ¿Sueños del Caribe¿ que nos llevaría a lugares paradisíacos. El barco de la empresa española Pullmantour tenía todo listo para recibir a sus nuevos pasajeros.
El barco durante todo el primer día, y la tripulación se caracterizó siempre por mostrar su mejor sonrisa al atendernos y por la excelente organización de muchas actividades para gozar de entretenimiento a toda hora. Además de las piscinas, casino, restaurantes, gimnasio y todas las comodidades que ofrecía el barco.
Montego Bay fue nuestro primer destino. Esta ciudad está en Jamaica, la famosa tierra del famoso cantante de reggae Bob Marley. En Montego Bay encontramos un lugar lleno de cultura reggae, que resultaba ser muy acogedor por su gente y clima tropical. Las artesanías y recuerdos de la ciudad llenaban numerosas tiendas y mercadillos que ofrecían sus mejores productos a los turistas.
Al día siguiente desembarcamos en Grand Cayman, un lugar que nos cautivó desde que llegamos al puerto. Para una peruana como yo que sufre constantemente las consecuencias del caos vehicular, fue un verdadero placer encontrar el tránsito tan ordenado. Es impresionante el respeto por los peatones quienes siempre tienen la preferencia para cruzar por las calles. Las playas de Grand Cayman invitaban a la gente a tomarse muchas fotos y a practicar el snorkel para ver todas las especies marinas que habitan la zona. Las rayas y tortugas son los animales más representativos de la isla.
Luego nos tocó disfrutar un día de playa en la Isla Paraíso. Toda la isla era sólo para nosotros los pasajeros de ¿Sueños del Caribe¿. La sensación de formar parte del paisaje paradisíaco era muy relajante, porque disfrutamos de las aguas tibias, la arena blanca y el sol maravilloso que nos permitió tomar una tonalidad especial de bronceado. Al terminar el día no queríamos irnos de la isla.
La siguiente visita fue a La Habana. Tuvimos una vista muy peculiar durante el ingreso del barco hasta el puerto habanero, veíamos carros muy antiguos, en contraste con automóviles nuevos, viejos edificios y otros construidos con diseños modernos. La historia de La Habana parecía detenerse en el tiempo y nosotros con él. Las fotografías en blanco y negro con cámaras del año 1900 estaban al orden del turista.
Conocimos la famosa ¿Bodeguita del Medio¿ frecuentada por el famoso escritor estadounidense Ernest Hemingway quien siempre tomaba su ¿Mojito¿, un trago a base de ron blanco, limón, azúcar líquida, soda y una hoja hierbabuena. El sabor, muy agradable pero sobre todo el ambiente lleno de música y recuerdos en cada espacio de la Bodeguita.
La noche en La Habana ofrecía numerosos espectáculos llenos de música y ritmo. La Timba, la salsa cubana y los pasos de baile de los cubanos nos contagiaban su ritmo alegre y lleno de diversión.
Y así luego de estar siete días y siete noches en alta mar llegó el momento del final de nuestra travesía. Llegamos nuevamente a Cozumel y nos quedaron los recuerdos, la amistad de los miembros de la tripulación y de otros pasajeros que como nosotros disfrutaron su luna de miel en un barco lleno de diversión y gente tan feliz como nosotros conociendo lugares maravillosos a bordo de un hotel flotante.
Texto y fotos: Gina La Rosa