LOS LIENZOS DE COPORAQUE

El tiempo retrocede cuando se entra a Coporaque, distrito cusqueño de la provincia de Espinar, a 3,900 metros de altura más o menos. Su plaza está casi intacta, con las clásicas divisiones inkas del Hanan, arriba, y el Urin, abajo. Seis arcos en las bocacalles, menos uno, increíblemente arrasado con tractor por el alcalde Lolo Arenas, le dan sabor virreinal. La gente se acuerda todavía que el brazo de José Berdejo fue colgado de uno de ellos, por orden del Visitador Areche, después de que lo ejecutara en el Cusco junto con Tupaq Amaru.
El municipio, la gobernatura y la casa cural están allí pero no vi a nadie. Sólo se acercaron curiosas las vecinas que hablan exclusivamente qechwa. Fernando Moscoso, relacionista público de la mina Tintaya, tuvo la gentileza de acompañarme y logramos entrar a la iglesia que es muy bella. La fachada principal primorosamente tallada y con pintura mural en sus hornacinas. La torre separada por alguna razón, con cuatro bastiones en la base, el campanario con adornos a cincel, así como las cabezas de turco en el cerco, delimita con la capilla del Miserere el antiguo cementerio.
El encargado de la guardianía abre su puerta y en la penumbra relucen los marcos pero vacíos. Manos aviesas recortaron los lienzos y mutilaron la ornamentación hecha en el virreinato. El altar mayor no se salvó de la depredación. Pienso que se debe hacer algo. Las autoridades, los maestros, los pobladores mayores y también los niños pueden cuidar su patrimonio. Aún quedan algunas pinturas y efigies un tanto maltratadas por los años, los altares laterales, donde una que otra imagen nueva rompe su unidad, y unos confesonarios de madera de raro diseño que no se alcanzaron a pintar.
A un costado, hacia la derecha está la capilla, igualmente saqueada, del beaterio del Carmen que es una joya arquitectónica. En algún tiempo estuvieron las recogidas o vírgenes del sol que unificaban sus rezos al astro rey, a la madre tierra, a Dios, a la Virgen y los santos, en qechwa y en latín. El local es una joya arquitectónica. Las celdas individuales con techo de paja son encantadoras; las callejas de un metro y medio de ancho algo fuera de serie y las arquerías una reliquia. De las quince beatas que había a principios del siglo pasado sólo queda Carmen Paco Usca, que conoce las antiguas oraciones al sol y a la pachamama y reza el rosario sin olvidar los misterios y las letanías de la Virgen María. Ella que viste hábito de bayeta tiene 92 años y aún camina bien. Su memoria es prodigiosa y su sentido de hospitalidad también. A pesar de su soledad y su pobreza lamentaba no tener una sopa caliente para invitarnos.
Este beaterio fue construído, para niñas de las comunidades que tenían vocación religiosa, por el kuraka Eugenio Kana Tupa en 1721. Ya mayores se encargaban de adoctrinar a los niños entre otras cosas. En 1940 la beata Benedicta Huamani tocó el órgano en la catedral de Arequipa y cantó en latín ante los canónigos que quedaron asombrados por su voz de soprano y su dominio del idioma.
Tuve oportunidad de hablar con los conservadores de arte del INC del Cusco hace buen tiempo. Ellos me dieron fotografías de algunas efigies de Coporaque que no he visto. El INC tiene valiosos archivos de todos los templos del departamento. Cuando ocurre un robo debía poner en los medios de comunicación las fotografías de aquellos que han sido sustraídos para identificar los cuadros e imágenes que faltan. Así se podrían recuperar. También hay que poner en valor el beaterio que es único y su capilla. Es hora de entrar en acción. Las fotos se pueden pasar también en este espacio de TERRA en Internet que sale para contribuir a la defensa del patrimonio cultural y ecológico del Perú.









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