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PELIGRA LA GRANDIOSA URBE DE LOS CHIMU
Si volviera Takaynamo, el héroe mítico fundador de Chan Chan, quedaría cavilando ante el estado actual en que se encuentra. El viento de siglos trascurrido, en que el hombre ha logrado dominar muchas tecnologías, sólo consume la urbe. Hay ignorancia, indiferencia, abandono. Los nuevos ingenieros hidraúlicos debían seguir un curso para estudiar las conquistas logradas en el pasado que se podrían aplicar para salvar monumentos como éste y aplicarlas también a obras nuevas.
Los ingenieros prehispánicos hicieron drenajes para que la ciudad no sufriera la excesiva cercanía de la napa freática. Si continúa el afloramiento de agua, que crece entre dos y cinco centímetros al mes, puede tiener un efecto corrosivo en la base de los muros y traerlos abajo con el tiempo. Hasta hoy no se le ha dado la importancia que merece. Los ambientes no sólo tienen hermosos relieves antropomorfos, zoomorfos, fitomorfos y geométricos, así como de redes, hornacinas y otros, sino que existen murales pintados que fueron cubiertos por los arqueólogos para evitar su maltrato.
Chan Chan, patrimonio de la humanidad, que fue muy extenso en otra época, con numerosas pirámides, templos, palacios y plazas, debería ser otro de los centros de atractivo turístico que quizá ayudara a su conservación. A los trujillanos virreinales que decían orgullosos que allí estaba "enterrada la pantorilla de Pizarro", sólo les importó depredarla. La República tampoco ha hecho nada en su favor.
En los últimos años se logró retirar factorías, chancherías y otros que se había construído irresponsable e indignamente en su contorno. Pero, también con criterio equivocado se hicieron acciones contra los agricultores que, en los bajíos, al cultivar con uno de los sistemas prehispánicos del wachaqe en hileras de pozas, abriendo el arenal, absorbían el líquido de la napa freática. Ellos ayudaban a mantener la sequedad de los muros y también evitaban su salinización.
Al irse erradicando a los agricultores que sembraban zapallos, sandías, calabazas, la napa freática ha comenzado a brotar en ciertos espacios de la majestuosa ciudad creando justa preocupación. El trabajo de los wachaqes estuvo sabiamente calculado para mantener Chan Chan seco y se extendían a lo largo de los arenales en la parte baja de la ciudad, incluyendo también los totorales que servían para armar los caballitos o balsas de los pescadores. Es necesario puntualizar que la totora no crece espontáneamente. hay que sembrarla y cosecharla. La mayoría han desaparecido. En su lugar ha surgido un moderno balneario. Lss construcciones, como siempre, se hacen sin medir las consecuencias de lo que pueden sufrir los centros arqueológicos adyacentes. Debían realizarse estudios de factibilidad en estos casos. Las balsas cada vez son más escasas, a pesar de cuanta ayuda representa la pesca artesanal a la gente de bajos recursos de Huanchaco y a su gran atractivo turístico.
El restaurador Ricardo Morales Gamarra que ha trabajado en la urbe comenta que no tiene mantenimiento. En sus años de apogeo estuvo muy poblada y contaba con especialistas que controlaban racionalmente las fuentes acuíferas, wachaqes, canales y drenes. "Se requiere todo un replanteo del sistema de drenaje sobre propuestas arqueológicas," dice. "Hay la posibilidad de volver a utilizar los drenajes originales, revisar la topografía y y disponer las pendientes por donde evacuar el agua."
Takaynamo y los señores que le sucedieron pensarían con justa razón, viendo Chan Chan, magnífica en su momento, que hay un retroceso culpable en su cuidado. Un retroceso increíble para gente del siglo XXI que cree ser civilizada. Por algo ellos fueron capaces de crear uno de los sistemas de canales más grandes del mundo, como dijo Paúl Kosok. y hasta hacer correr el agua a nivel cero que indica un conocimiento excepcional para cualquier tiempo.
Los trujillanos deben pensar en sus raíces prehispánicas y unirse todos para salvar Chan Chan, y con ellos los peruanos. Chan Chan antes que Patrimonio de la Humanidad es un patrimonio que nos pertenece y por el cual seremos responsables frente a las generaciones venideras. Callar es ser cómplice.
Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.
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