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ALGAS SALVADORAS
Los antiguos peruanos de la costa saboreaban al natural la frescura del qochayuyo o algas del mar, largas como tallarines. Las tenían a la mano y es posible que las combinaran con camarones, conchas y peces. Los que se fueron a vivir a mayores alturas recogían en los riachuelos otras algas -kushuro o murmunta- redonditas como perlas gelatinosas.
Muy pocos saben que también tuvieron otro uso. El arqueólogo Federico Engel descubrió en la aldea de "los cabezas largas" de Parakas que estos habían hecho sus viviendas subterráneas con algas.Al principio, cuando cavaban para encontrar un refugio contra el viento y los animales merodeadores, la arena se deslizaba y su trabajo resultaba inútil.
Como tenían todo el tiempo del mundo, observaron que el mar se enfermaba a veces y arrojaba algas y malaguas a sus orillas. Estas se enredaban con ramas de arbustos del lugar y se compactaban con la arena. A los ingenieros de los tiempos aurorales esa mezcla les sirvió para hacer sus primeros adobes. Cavaban lo necesario para estar protegidos y colocaban los adobes como contención. Para bajar usaban escaleras y cuando aprendieron a tejer pudieron disponer de un techo con cuatro palos. Engel restauró el lugar y fue emocionante verlo. Hoy, por falta de mantenimiento está casi destruído.
Los chinchas exponían al sol las algas rojas y pardas y las deshidrataban para hacer intercambio a lo largo de sus rutas marinas y también en el interior. Pueblos costeros cercanos a Camaná siguen esa tradición y, hasta ahora, en lugares como Cusco y Puno el qochayuyo, fresco o seco, les da calor y sabor a los chupes y otros platos, incluído el peruanísimo seviche.
Desde entonces, en miles de años, nada habíamos adelantado. Hasta que el ingeniero Luis Antonio Camuzzo, investigador oceánico, ha sorprendido a medio mundo fabricando con algas; telas, cosméticos y diversos alimentos como mermeladas y láminas que se enrollan a la manera de los tacos mexicanos con guisos y salsas. Además de original esa tela tendría una cualidad de gran valor, impedir el paso de la radiación ultravioleta que tanto daño hace a la piel ocasionando en un número que va creciendo cáncer a la piel y ceguera.
Camuzzo afirma que con dicha tela se logra una protección de hasta 90% de acuerdo con el certificado expedido por el laboratorio Alex Stewart Assayers del Perú, cuya matriz se encuentra en Liverpool, Inglaterra. La tela de algas bloquea hasta el 99% el paso de los rayos ultra violetas (UVA). Ello ha sido confirmado por el Torschungein Institut Hohensten de Alemania. Además, un examen del Senamhi, demostró una protección del 70% frente a la radiación. Con dicho material se confeccionan gorros, sombreros, blusas, sostenes, bikinis y otras prendas de alta calidad.
Estas investigaciones y pruebas que representan catorce años de su vida protegerían prácticamente a los países, entre ellos el nuestro, más afectados por la creciente apertura de la capa de ozono que favorece el paso de los letales rayos.
Como se sabe, las altas emisiones de bióxido de carbono, bromo, floro, y otros gases contaminantes destruyen a esta capa atmosférica, determinando la caída de una lluvia de rayos ultravioleta que aumenta constantemente. Una exposición prolongada a dichos rayos puede generar incluso la esterilidad, declara el ingeniero Camuzzo.
En una experiencia entre criadores de pollos que trajeron telas impregnadas con rayos ultravioletas para acabar con una plaga de moscas, se comprobó casos inusitados. Jóvenes ocupados en cambiar el agua, colocar la comida y limpiar los criaderos perdieron su capacidad de tener hijos. Al conocerse el hecho esas telas fueron retiradas de inmediato.
Pero, qué podría pasar si no se puede evitar la exposiciòn humana ante dichos rayos, se pregunta el investigador oceánico para luego hacer una advertencia: "De suceder esto, en cincuenta, ochenta, cien años o más, la infertilidad de varones y mujeres sería inmensa. Los temibles rayos UVA acabarían con la posibilidad de concepciones y nacimientos. La tierra, nuestro planeta, el habitat de miles de generaciones perdería su capital más valioso: los niños. sin ellos, que renuevan periódicamente la población, la gente se encaminaría a la vejez sin retorno. Los países irían perdiendo su identidad y al cabo vendría un hecho escalofriante: el final de la humanidad.
Hasta ahora se tiene conocimiento de la destrucción que sufre la capa de ozono. Mas no se amerita lo que representa como peligro para el mundo entero. Luis XIV de Francia, el llamado "Rey Sol", decía -iresponsablemente- "después de mí el diluvio". No estamos en condiciones de repetir tal frase. Las naciones industrializadas son las que más perjuicio ocasionan al medio ambiente seguida por las otras que no toman en cuenta los efectos mortales del calentamiento y el envenenamiento simultáneo del globo terráqueo.
Hay que crear conciencia. Todavía estamos a tiempo.y tenemos que trabajar para que la catástrofe no suceda. Es una obligación ineludible para todos los habitantes de la madre tierra.
Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.
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