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UN SUEÑO: LA CARRETERA A HUAROCHIRI
Antes de ser Padre de la Arqueología Peruana Julio C. Tello fue un muchacho que a pie y a caballo se descolgaba por el espinazo de Chankuya, a 4,600 metros de altura, para llegar a Lima. El sabio gozaba al pasar el gran bosque de piedras, cuando atrapaba con las pupilas en acecho el momento en que las lagartijas piden agua al cielo o contemplaba el rezo vespertino de las viskachas al astro rey.
Sin embargo, no se le escapaba el esfuerzo de sus parientes y paisanos para sacar sus productos de Huarochirí, casi al fin del mundo por la inercia de sus autoridades y el gobierno. Los deliciosos quesos, las harinosas papas, el rico maíz, los bananos gordos como lechoncitos, las exquisitas chirimoyas, las sabrosas paltas y otros.
El joven Tello apreció el penoso movimiento de su familia para ir hasta el Callao a despedirlo, cuando viajó a Inglaterra. Por eso, en cuanto regresó, abrió los primeros metros de una carretera, pico y lampa en mano. Su acción llegó a oídos de los huancaínos y se multiplicó como un eco. Se adhirieron al proyecto fundamentando por qué debía extenderse hasta llegar al valle del Mantaro. Era la vía ideal , de 260 kilómetros casi llanos a Lima, y publicaron un comunicado de una página de esperanzas en el primer diario local el 22 de diciembre de 1933.
En el siglo XXI, 73 años después, los huarochiranos ya no saben qué hacer. Tienen una trocha laberíntica de treinta curvas. Arribar a Lima entierrados de la cabeza a los pies les molesta y el traslado de sus productos es costoso. Lo peor es que llegan maltratados y su comercialización exige integridad .
A Julio c. Tello las autoridades le han rendido casi medio siglo de homenajes, pero nadie recuerda la carretera que soñaba para Huarochirí, su paqarina. Cada año sus vecinos ponen sus ruegos a los pies de Santa Rosa, a quien celebran como una qoya imperial. Pero, la vía que necesitan no se concluye.
Hasta hicieron, según decía Pedro Cuellar, ya fuera de este mundo, una variante por Makachaya-Paqomanta. Habían avanzado en su proyecto y les faltaba menos para ahorrarse la interminable trocha ofídica, cuyo recorrido es una tortura. La gente se pregunta, ¿cuánto cuesta un kilómetro de carretera para hacer realidad una vía que necesita Lima?.
Por allí podrían salir con fluidez choclos, papas, trigo, manzanas, verduras y hortalizas regadas con agua limpia para la gran ciudad. ¿Se tendrá que llevar a Santa Rosa, que se celebra en agosto, hasta Makachaya y esperar con ella un milagro de la Providencia?. ¿Tendrán que desenterrar los huarochiranos los huesos de sus ancestros para unirlos a la caravana en protesta milenaria?
Las autoridades y ejecutivos de turismo debieran interesarse también por esta vía. A sólo 100 kilómetros de Lima tiene un pueblo pintoresco de aires sanos, con una plaza que es el mayor homenaje que ha recibido Tello. Al fondo una cortina de piedra de cabezas clavas y a su entrada jaguares chavin.
Esperan el turismo fiestas con danzas preinkas, teatro del siglo XVI, aguas termales, ríos caudalosos que desaparecen entre las rocas como por artilugio, preciosas cascadas y una especie desconocida de venados blancos, entre otros atractivos. Nueva alternativa para los limeños y los visitantes a un paso de la urbe, pues, sería menos de 90 kilómetros.
En tiempos pasados Huarochirí fue asiento de los belicosos yauyos. En 1534. Hernando de Soto y Diego de Agüero fueron los primeros en llegar a la región. En 1586, en tiempo del virrey Fernando Torres de Portugal, Conde de Villar Dom Pardo, se estableció la capital de los hatun yauyos con el nombre de Santa María de Jesús de Huarochirí, quedando en el camino que iba de Lima a Huamanga y Cusco.
Fue el tercer repartimiento integrado por los pueblos de Sisikaya, Chorrillos, Chankaruma, Cheqa, Huarochirí y Q’inti. Cuando llegaron los españoles habían 10,000 indios tributarios y miles de sitios sagrados, pues, Huarochirí era tierra de sacerdotes andinos. Durante el Tawantinsuyu, en el gobierno de Pachakuteq y su hijo Inka Yupanki, aceptaron que kurakas famosos como Chaupi, Warirurmo y Kajawaman, administraran justicia y controlaran la disciplina.
Francisco de Avila la visitó en 1601, cuando era doctrinero de San Damián, y en su informe se jacta de haber sacado miles de "ídolos" del corregimiento... "y quemé más de 30,000 cuerpos de difuntos que ellos adoraban". Catequizados a sangre y fuego los huarochiranos se convirtieron, más el espanto de Avila fue enorme cuando descubrió que seguían sus cultos embozados bajo las ceremonias cristianas, el sincretismo.
"Ante la imagen de nuestra Señora hacen la fiesta de un ídolo hembra, Chaupiñanka, y del Ecce Homo a uno que llaman Waysuay." Todavía San Marcos es el dador de la lluvia y cuando hay sequía su efigie es llevada a un extremo de la población donde le prenden velas y lo dejan a la intemperie hasta que transido de frío, se ve obligado a mandarles la lluvia.
Pedro Cuéllar que trabajó infatigablemente por esta carretera hasta su muerte enumeraba con entusiasmo sus danzas o "alegrías". Se presentan los chunchos para San Antonio, el 13 de junio; la wankadanza o danza guerrera para Corpus Christi: los negros para la Asunción de la Virgen, el 15 de agosto; las Ingas para Santa Rosa el 30, con españoles a caballo. La waylina, predecesora del wayno, es bailada por todos sus devotos. Ellos decoran sus andas con caramelos, galletas y flores.
Por el otro lado faltan apenas 28 kilómetros para enlazar Lima con Huarochirí y Huancayo. Hay camino abierto en suelo huarochirano hasta San Juan de Tantaranche y por hacer el tramo que va a Tanta. Fui a Huarochirí hace algunos años y por las fotos que me han mostrado he visto que hay maravillas de la naturaleza. Es hora de subir al Pariaqaqa, el gran nevado de cinco cuerpos, y contemplar las excelencias de su paisaje. Ojalá que se cumplan las promesas de la capital de alisar esa arruga que impide el tránsito de los carros.
Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.
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