LOS KHIPUS DEL 2006

Hay una noticia que acaba de dar la vuelta al mundo. ¡Aún se están haciendo khipus en el Perú! Las artes de escribir y leer en cuerdas con nudos han sobrepasado las persecuciones que sufrieron en los siglos virreinales y el olvido en que cayeron después definitivamente. El sueño de muchos historiadores como Carlos Radicatti, el profesor universitario que tanto trabajó en su descripción tratando de encontrar un código, se ha cumplido.

Tenía que producirse en los momentos aurorales del siglo XXI cuando la globalización va ganando terreno unificando las naciones de la tierra en la modernidad. El arqueólogo y antropólogo huancavelicano Arturo Ruiz Estrada ha descubierto en Cuspón, una perdida aldea de la provincia de Bolognesi, Ancash, un khipukamayoq. Extrañamente el escritor y lector del documento en cuerdas y nudos es una mujer. En sus actividades cotidianas usa su propio nombre y apellido. En su papel milenario, como registradora, recibe el nombre de mamalikuna o mamarikuna, “la que sabe ver”.

El doctor Ruiz Estrada, quien debió obtener el permiso y aceptación de la comunidad para recibir esa preciosa enseñanza del pasado, manifiesta que fue emocionante seguir el sorprendente proceso paso a paso, sin soltar la mirada de sus manos diestras en esa labor de un fuerte trasfondo mágico.

Mamalikuna pidió primero vellones selectos y limpios de oveja –porque en el lugar no hay camélidos- de dos colores, blanco y marrón. Vino luego el escarmenado para no dejar una brizna rota o un pequeñísimo grumo de piedra. En seguida tomó una rueca o pushka, que tiene la huella de trabajos sucesivos, y comenzó el hilado manteniendo el grosor de las fibras. Emparejó una y otra y comenzó el torcelado hacia un lado para convertirlas en una. Al terminar inició el escrito comenzando con la cruz por obra del sincretismo, la fusión de las creencias antiguas y la cristiana.

En las anotaciones, según explicó brevemente en qechwa ancashino, estaba pidiendo a los espíritus amigos que protegieran el paso del difunto, pues, estaba haciendo un khipu funerario. Su propósito era ayudarle para que, en el largo camino a recorrer antes de pasar el oscuro río de la muerte, no sufriera impedimentos negativos. A medida que iba anotando las oraciones las iba repitiendo en su runa simi nativo. Su voz cadenciosa y dulce parecía estar imprimiendo espíritu a los nudos en la cuerda, dice el doctor Ruiz Estrada. Ruegos, súplicas, palabras de valor y otras.

Maravillas de la tradición oral que se han mantenido en los Andes por el aislamiento en que vive la comunidad, en la cuenca alta del valle del río Pativilca. En ella, pese al tiempo trascurrido desde los siglos virreinales, se conservan una serie de costumbres provenientes de la época prehispánica. Contribuye a la permanencia de esos elementos culturales la falta de una carretera que pueda comunicarla con el resto de pueblos de su entorno.

Sin embargo, aunque sin mucha frecuencia, mantiene relaciones religiosas y económicas con varios pueblos de la parte media y alta del valle. Sus pobladores usan caminos tradicionales de herradura que se desplazan por terrenos abruptos desde tiempos antiguos. La presencia del hombre en estos territorios, señala el estudioso, data de épocas muy antiguas antes del presente como lo comprueba el reconocimiento que ha efectuado en los numerosos centros arqueológicos que existen en la zona.

Esta evidencia muestra una larga trasmisión de dominios y adaptación a la naturaleza por parte del hombre prehispánico de Cuspón, quien pertenece a la agreste geografía de su medio, donde podría decirse literalmente que no existen terrenos llanos, aunque supo articular estrategias de vida que le permitieron una sobrevivencia regular hasta el presente.

Como pueblo de carácter tradicional y, en un ambiente donde predomina la actividad rural, ha logrado guardar importantes aspectos de su cultura a través del tiempo, lo cual posibilita estudiar y comprender el desarrollo de la sociedad desde la misma época prehispánica hasta los tiempos modernos. Quedan todavía en la comunidad actividades sociales que llaman la atención por la singularidad de su práctica. Entre estas destaca el uso de los khipus con fines funerarios, sin descartar que tengan también otros usos, pues, la investigación recién comienza.

Los khipus fueron instrumentos empleados en el Perú antiguo para el registro de asuntos históricos, espirituales, económicos y de otras índoles, mediante el sistema de nudos amarrados en cordeles de diversos colores, dice el doctor huancavelicano. Se puede decir que fue una forma de escritura mediante un código a base de nudos pero de colores diferentes y en una distribución codificada de series de cordelillos con el objeto de almacenar información sobre asuntos del estado, la comunidad o personas particulares. Esto es lo que sabemos de los khipus usados en el mundo andino prehispánico, pero, ciertamente, sabemos que después de la caída del imperio inka su utilidad derivó a usos menos convencionales.

A estos khipus modernos y a otros del territorio andino se les llama khipus etnológicos y son usados en muchas comunidades de los Andes Centrales. El caso de Cuspón reviste importancia por las condiciones y circunstancias en que se emplean, pues, estos se confeccionan cuando se produce la muerte de algún comunero, sea varón o mujer de cualquier edad, incluso niños.

Son imprescindibles, agrega el doctor Ruiz Estrada, para enterrarlos junto al difunto en su viaje eterno como se hacía en otras grandes culturas, la moche, la lambayeque, la cusqueña, etc. En la actualidad aún no se sabe con exactitud la naturaleza de estos khipus. Tal vez, registran determinados recuerdos o pasajes importantes de a vida del difunto o anotan sólo oraciones para el viaje del fallecido en su tránsito al otro mundo. De lo que tenemos noticia es que los khipus de Cuspón van siempre junto al muerto para protegerlo de los malos espíritus en su camino de ultratumba.

Su investigación puede dar luces importantes para la lectura de los khipus antiguos y modernos, si los hay en alguna otra parte. Nuestro territorio es vasto. No se duda que la información de la khipukamayoq puede auxiliar poco o mucho el desciframiento del registro andino de los khipus. Similares han sido identificados en otros lugares mas no leídos. En los nudos encontramos información interesante sobre el significado que le otorgan otras comunidades del mundo a este dispositivo al cual le atribuyen contenidos mágicos. En efecto se ha informado que “es muy extendida la costumbre de defenderse contra las enfermedades y los malos espíritus mediante la ayuda de nudos, cuerdas y maromas”. Por ejemplo, en el caso de los partos.

El descubrimiento de los khipus funerarios dará mucho que hablar y generará alrededor de ellos una infinidad de interrogantes. Su presencia testimonia la persistencia de dicho instrumento ligado a la vida cotidiana de comunidades ignoradas, anónimas. Un estudio más amplio de tales costumbres y de los mismos khipus cobra importancia en la medida que puede servir para conocer el uso actual de los mismos y quizá con ello el desciframiento de los antiguos khipus del mundo andino.

¡Una primicia que tenemos la suerte de lanzar al mundo y que atraerá a especialistas interesados en revelar los códigos ocultos de nuestros khipus! Ojalá el autor del hallazgo, el doctor Arturo Ruiz Estrada, pueda contar con el apoyo de fundaciones extranjeras, universidades e instituciones culturales para dedicarse a esa labor a tiempo completo. ¡Le deseamos suerte y esperamos sus noticias!

Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.









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