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 Lunahuaná 2003

Dos días en el paraíso



Video: Imágenes de la partida en Paullo.



Video: Imágenes de la llegada al puente de Socci.



Video: Declaraciones de Duilio Vellutino capitan del team ganador en Canotaje


El pretexto fue ir a cubrir el XIV Festival de Aventura de Lunahuana, un lugar ubicado a 160 kilómetros de Lima. Lo que encontramos ese sábado 22 de febrero fueron varias tribus diferentes: los chicos bien de Lima aficionados a los deportes de aventura, los deportistas de provincias, alguno que otro distraído, abundantes periodistas y un pueblo de longevos, que vive más gracias al turismo, los camarones, el vino barato y el buen pisco.

Lima, 8:30 a.m
A nuestro bus le tomó tres horas recorrer la distancia que separa San Isidro de San Jerónimo. Un viaje en línea recta por esa aburrida carretera del sur que tiene para un lado el desértico paisaje y para el otro el océano Pacífico. Ni bien llegamos al valle, cuya geografía y clima cambia como si fuera el paraíso nos alistamos para experimentar en carne propia la adrenalina que puede producir la práctica del canotaje en los rápidos del río Lunahuana . Ese sábado gracias a Dios había salido un sol espléndido y la bravura del río era de grado 2, algo así como correr tabla en un día glass y clásico en Waikiki.

Los instructores de la zona llegaron junto a una horda de chicos hiperactivos y rubios similares a unos vikingos, que sabían lo que hacían y parecían estar apurados. La lección fue veloz, nunca desprenderse de su remo, calmarse si sales volando del bote y obedecer los tres comandos con los que el guía dirige a la nave, vale decir: avanzar, retroceder y detenerse con el remo, así de simple.

San Jerónimo, 1:00 p.m
Veinte minutos nos tomó recorrer un trecho del río que iba desde Paullo hasta una salida antes del puente Socci, en donde nos esperaba una movilidad que nos llevaría al hotel. Los amigos de algunos canales de televisión con los que hice equipo estaban tan emocionados e igual de acelerados que yo. Creo que producto del miedo y satisfacción de haber superado los rápidos más bravos del río. Nuestro destino siguiente fue ir a almorzar a Lunahuana, probar un pisco de uva quebranta y con las mismas correr rumbo a Paullo para presenciar la competencia más esperada del día, la carrera de canotaje en donde participarían 14 equipos con un total de 84 deportistas.

Paullo, 4:00 p.m.
Luego del almuerzo llegamos a eso de las cuatro de la tarde a Paullo, elegido como punto de partida de la competencia. El lugar estaba lleno de gente. Una gran cantidad de chicos bien de Lima habían llegado con sus potentes camionetas 4 x 4.

En cuanto a participantes estos sumaban casi cien y destacaban varios grupos, me refiero a la unidad de la policía de Salvataje de Alta Montaña con sede en Huaraz, los improvisados de San Jerónimo, los cuales llegaron a última hora y demoraron la competencia.

La partida fue anunciada por un potente disparo y en menos de lo esperado los equipos partieron a toda máquina. Por esa velocidad propia de la competencia nos advirtieron que ni bien partían los concursantes toda la gente de prensa debía salir rauda rumbo al puente Socci en la primera camioneta que les diera un aventón.

Como estaba previsto ganó Duilio Vellutino, un tipo flaco, alto y con cara de oficial de la armada italiana. En el segundo lugar quedó la Asociación Guías de Canotaje de Lunahuana y en tercer lugar los -nunca mejor bautizados- improvisados de San Jerónimo. Uno de ellos, Fernando Parodi, ejemplo de mal perdedor, se molestó cuando no quisimos entrevistarlo y nos tiró una chapa en la nuca cuando le dimos la espalda.

Lunahuana 5:00 p.m
Con el sunset en su cenit, los periodistas y participantes tuvieron que moverse rápido nuevamente al mismo lugar de Paullo, esta vez para presenciar la partida de la competencia de kayak. Se iba el sol y todos luchaban contra el tiempo. La competencia duró aproximadamente diez minutos y tuvo nuevamente como ganador a Duilio Vellutino, el único que se tomaba en serio la carrera y que de improvisado no tenía nada. El ritual se había repetido. Partida de los participantes, salida rauda de las camionetas con los periodistas y fotógrafos desesperados por cazar la imagen de la llegada y fin de la competencia con deportistas que remaban como locos para coronarse en primer puesto.

En el camino al hotel y terminadas las actividades del día nos enteramos por Jessica nuestra guía, que el Festival de Aventura en Lunahuana es y no es en Lunahuana. Aunque usted no lo crea. Tal contradicción se explica debido a que para un turista, el nombre Lunahuana se aplica para denominar a toda el valle, cuando para los lugareños no es así, ya que ellos lo denominan según en el anexo en donde uno se encuentre. El valle tiene doce anexos que cuentan cada uno con nombre propio: Concón, Ramadilla, Socci, Lucmo, San Jerónimo, Laula, Jita, Lunahuana, Condorai, Uchumpampa y Catapalla. En otras palabras no es lo mismo estar en San Jerónimo que en el anexo de Socci. Por eso este año los de Lunahuana -paradójicamente- boicotearon el XIV Festival de Aventura, que tiene su epicentro en San Jerónimo. Para ellos San Jerónimo no es lo mismo que Lunahuana y punto.

Según algunos de ellos debido a que toda la gente que viene de Lima utiliza los servicios turísticos de esta suerte de mini distrito, de una típica ciudad costera. Toda una ceguera lamentable, motivada por esa cultura de la envidia, que resta a todos en vez de sumar. A los disidentes no se les ocurrió pensar que el Festival no sólo mueve el turismo de aventura en una zona y el alquiler de equipos, sino también el transporte, la gastronomía local, las curiosidades arqueológicas y el pisco. En otras palabras mueve los negocios de todo el valle.

San Jerónimo 11.00 p.m
La noche es la mejor aliada del Festival. El campamento de Aldea, la empresa organizadora, congrega en la noche del sábado a toda esa horda de participantes, periodistas y curiosos que creen en esa filosofía de sacarle provecho al tiempo. Por eso muchos que están presente esperan el inicio de la fiesta, por que saben que bailarán y tomarán hasta que despunte el alba. Toda una competencia de resistencia que tiene mucho de aventura.