Trofeos alzados como símbolo de triunfo, botes entregándose a los rápidos del río Cañete, finales de película entre las competencias y mucha buena onda entre los participantes, fueron algunas de las imágenes que se nos quedan en la cabeza para describir el XV Festival de Deportes de Aventura 2004 en Lunahuaná, organizado por la Asociación Latinoamericana de Deportes de Aventura (ALDEA) y la revista Rumbos de Sol y Piedra.
Rumbo a Lunahuaná
Un viaje de 130 kilómetros de mucho sol y playas bonitas por la Panamericana Sur nos acerca a la ciudad de Cañete. Allí debemos tomar un desvió para ingresar a la provincia de Nuevo Imperial y conducir otros treinta kilómetros por una carretera que bordea el río Cañete en un sinfín de curvas cerradas y animales apurados por llegar a su pastoreo.
Las ruinas de Incahuasi aparecen como un peaje necesario a pocos minutos de culminar nuestras dos horas y media de viaje hasta Lunahuana y sus camarones, su sopa chola y su buen Pisco de fresa.
Moto Sky sobre las aguas del río
Como nunca antes en lugar alguno de Latinoamérica, el campeón nacional de Moto Sky, Anibal Noriega, se atrevió a subirse a su moto y trasladar su energía y sus piruetas a las aguas del río. Muchos pensaron que no lo haría. Pero sorteando a los incrédulos y las rocas que besaban el río dejó perplejos a los asistentes y maravillados a los organizadores. Fue lo mejor del festival sin duda.
Canotaje: un clásico muy reñido
Le tocó el turno al canotaje, que reunió a nueve experimentados equipos de varias provincias del país. Adelantándose al disparo del juez, los participantes zarparon raudamente. El equipo de Pozuzo tuvo un arranque para el olvido hasta que logró estabilizar su bote y ganar algunas posiciones.
Desde el arranque, el equipo local “Expediciones Río Cañete–San Jerónimo” se consolidó en el primer lugar en base a su mayor conocimiento de todos los sectores del río, con lo cual no sólo marcaron la ruta de la competencia sino también sacaron una ventaja inalcanzable.
El esfuerzo por hacerse del segundo puesto fue la constante. Palmo a palmo, remo a remo, el equipo Luna-Cuzco y Sol Pizza del anexo de Condoray, no se dieron tregua ni para cruzar la meta en una final fotográfica. A falta de la foto y menos el video, la decisión salomónica fue declarar un empate en el segundo puesto. Todos felices y contentos.
Turno de la competencia de Kayak
Sin dar tiempo para muchas celebraciones, se dio pase a la competencia de Kayak. A diferencia de otros años más concurridos, sólo cinco lograron inscribirse en búsqueda de la presea dorada.
El primero en cruzar la meta fue el arequipeño Gianmarco Vellutino, quien formara parte del equipo ganador de canotaje, Río Cañete – San Jerónimo. En el podio de ganadores lo secundó el lugareño Pedro Peña Buzzo y en tercer lugar quedó el venezolano Alejandro Buzzo.
La delegación extranjera estuvo compuesta por 12 aventureros venezolanos y un nutrido y no menos inquieto grupo de periodistas, que integraban la comitiva de la Organización Venezolana de Turismo y Deportes de Aventura (OVETUDA). No se llevaron a su país ninguna copa. Sólo buenos recuerdos y un entrañable olor a pisco peruano de fresa.
Fiesta interminable
Tras culminar las pruebas, deportistas, organizadores, lugareños y periodistas se confundieron en la tradicional fiesta de confraternidad. Un palestra enorme y muy iluminada invitaba a todos a treparse en ella. Algunos tuvieron éxito y otros no tanto.
Cerveza, buena música y abundante pisco alegraron la noche
Los directivos de Aldea y Rumbos de Sol y Piedra se animaban y no terminaban de alabar la prueba de Moto Sky, agradecer a los auspiciadotes (Terra es desde hace tres años unos de los principales auspiciadores) y de resaltar las mejoras que mostraba esta edición del festival.
La noche se apaga y abre el día. Aún hay periodistas y lugareños, más alegres que nunca. Parejas a lo lejos que no terminan de conocerse. Venezolanos poniéndole ritmo a las primeras horas del día como queriendo detener el tiempo y continuar la juerga.
Al día siguiente
El pisco nos dejó una ligera resaca, pero como teníamos que volver a trabajar, tras un buen descanso y una ducha fría, regresamos al campo a reportar los hechos. En el segundo día de la festividad, era el turno del ciclismo.
Algunos concursantes habían llegado pedaleando. Ciclistas de todas las edades, físicos y categorías se hacían presentes en Lunahuaná.
El trayecto era desde el puente Socsi hasta Casaya. Tras 4.3 kilómetros de recorrido, cada vuelta, resultaron ganadores Gustavo Orellana en la categoría Élite, Roberto Alcántar y Jhonatan Davis en Masters A y B respectivamente. En el abierto para damas Karina Carrillo cruzó primera. Por su parte, Miguel Runco y José Córdoba, nuevos valores del deporte de montaña, triunfaron en las categorías turismo y nóveles.
Tras la ronda de ciclismo, se pasó a la ejecución de la escalada en palestra. Éste es uno de los desafíos que más ejercicio y fuerza exige para el competidor. Consiste en escalar un muro artifical provisto de cuñas y apoyos para que quien ascienda, estando sujetado a un arnés y cuerda para su protección, suba a conquistar la cima de ese tabique de apariencia rocosa.
Quien sacó la cara por los varones fue el estudiante Antonio Harada, mientras que Conny Rodríguez dejó en alto el nombre de las mujeres. Ambos ganadores compartieron la gloria con un novel en la escalada en palestra, Juan José Gozzer Romero, campeón de la categoría de novatos.
Fin del Festival
Tras un merecido descanso, todos los concursantes, periodistas, organizadores, pobladores y curiosos se hicieron presentes en San Jerónimo para la entrega de premios a los ganadores.
En una ceremonia cargada de buena onda, sudor y lágrimas los aventureros le dijeron hasta el próximo año a Lunahuana y su gente hospitalaria. Allí quedará el recuerdo de un evento éxitoso y unos auspiciadores comprometidos con el turismo interno.
Texto: Manuel Igreda
Fotos: Miguel Bustamante
Universidad de San Martín de Porres
Facultad de Ciencias de la Comunicación