
Rainer tiene una manera de ser que lo caracteriza como un tipo amable y tranquilo, por eso encajó rápidamente en Duisburgo (ubicada en la ciudad Renania al norte de Westfalia en Alemania).
Esta posee un desarrollo industrial y tecnológico envidiable, siendo además el centro de grandes sedes universitarias donde miles de extranjeros realizan sus intercambios estudiantiles todos los años.
Rainer tuvo la oportunidad de estudiar en un colegio para extranjeros, así se le hizo más fácil aprender el idioma alemán. En el colegio todos éramos extranjeros del mismo nivel en el idioma, al principio se nos hacía muy difícil comunicarnos, todo lo hacíamos con señas, comentó Rainer.
Cuenta que le causó una gran impresión llegar a Alemania, el paisaje fue inolvidable. Recuerdo que cuando llegué por primera vez quedé muy impactado por la ciudad, todo era muy ordenado y limpio; el paisaje era como estar en las películas antiguas, todo era verde con muchas montañas, contó.
También recuerda algo que le llamó mucho la atención, la casas eran todas iguales. Las casa eran antiguas todas idénticas, ahí no puedes romper el orden ni en las edificaciones -sonríe- ahí todo está en su sitio como la basura, no encuentras ningún desperdicio en las calles.
Todo -prosiguió- es muy tranquilo y seguro, eso me gusta, tú ves niños por la noche jugando sin temor a que puedan ser lastimados o estás por algún callejón y no te pasa nada, es súper tranquilo, claro a veces es demasiado, porque no pasa nada. Todos permanecen en sus casas sobre todo en invierno. La gente es mayormente así, le gusta su tranquilidad y salen muy poco.
Cuenta una anécdota que le sucedió a su hermano: En una ocasión se le perdió la billetera, yo pensé que ya no la encontraría, pero me di con la sorpresa al día siguiente, cuando un tipo fue a la casa y se la devolvió.
Ya en Perú, Rainer hizo una comparación entre el tránsito limeño y el alemán. En Alemania a veces cuando estás aburrido sales a manejar por las calles para relajarte, en cambio acá manejas y te estresas", cuenta entre risas.
Texto: Isabel Luy Palma
Terra
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