“Humbug” saldrá a la venta este 24 de agosto, siempre bajo la lupa de la crítica especializada luego de que “los monitos” sorprendieran a sus coterráneos en 2006 con “Whatever People Say I Am, That's What I'm Not”, el disco debut más vendido en sus tierras, una amalgama de guitarras filosas que encendieron los iPods de todo un país. Ahora esta tercera producción trae de regreso a los mismos muchachos de Sheffield que ensayan un nuevo terreno en el que la desazón ha reinado.
Guitarras densas, teclados y mellotrones, intensas capas de sonido, coros que crean atmosferas lúgubres: esta nueva producción ha girado la cabeza de los “especialistas” al encontrarse con un álbum totalmente opuesto a lo que se supone se esperaba de la banda. Así, el CD abre con “My propeller”, una solemne apertura con baterías soberbias pero no con la rapidez acostumbrada. Los coros tenues y la voz susurrante de Turner te instalan en la nueva escenografía del grupo; con un disco tan extraño como “Humbug”, la selección de singles va a estar difícil.
“Crying Lightning” es el primer sencillo del grupo y podría ser considerada la única canción pop del álbum, una detonante bomba de tiempo. Si bien el tema no es acelerado, la potencia del track se siente, como el final a los gritos y ese desequilibrado solo de guitarra compensan el viaje. “Dangerous Animals” es la primera canción remite a su anterior placa, debido a su medio tiempo y a la concordancia entre bajo y batería, acaso el único link que nos brindan de su antiguo estilo.
Para el momento en que “Secret Door” empieza a sonar nos encontramos con la onda orquestada y deliciosa de The Last Shadow Puppets, una cuidada canción de nueva ola psicodélica en la que cada pieza está estratégicamente colocada, atemporal como algunos de los más célebres temas de Arctic Monkeys, mientras que “Potion Aproacching” rinde pleitesía a la reputación rockera de la banda vistiéndolos “de traje”.
La mejor canción del disco es, sin ninguna duda, “Dance Little Liar”, una belleza épica que abre un nuevo capítulo en la historia de la agrupación que ahora estará obligada a dar “más música que furia”. Madurez es una palabra inadecuada para etiquetar este álbum, creemos que aún “los monos” tienen tela por cortar. Sin problema este disco es una nueva escena en la gran película que es la historia de los Arctic Monkeys; esto demuestra que los músicos simplemente se dedican a encender los amplificadores cuando la presión por el dinero la tienen los sellos discográficos.
Arturo Puescas - Terra Stereo