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  LA SOYA
La soya es conocida en Oriente como la "carne del campo". Tal denominación no es gratuita, pues resulta ser una excelente fuente de proteínas: nada menos que 36%, tres veces más que el huevo y mucho más que la carne o el pescado. A esto hay que añadir que el cuerpo aprovecha sus proteínas en más del 60%, por encima de cualquier otro alimento vegetal.
Por estas razones, la soya es lo más parecido a una proteína completa, ya que se acerca al valor biológico de los aminoácidos que son esenciales para que nuestro cuerpo pueda sintetizar todas las sustancias que necesita para sobrevivir.
Por otro lado, las semillas de soya tienen un alto contenido en fibra (4,5%), un bajo índice energético (130 kcal/100 g.), no contienen colesterol y prácticamente, tampoco grasas saturadas. La grasa presente (unos 5 g.) contiene gran cantidad de lecitina, un fosfolípido vital para las membranas celulares, el cerebro y el sistema nervioso.
Fósforo, nitrógeno, ácido linoleico, oleico y linolénico, estigmasterol y sitosterol, son otros de los componentes de la soya, así como una gran cantidad de vitaminas del grupo B, sobre todo riboflavina, y las vitaminas E y K.
  Saludable ante todo
  Las propiedades terapéuticas de la soya son cruciales para mantener la salud en muchos frentes. Por ejemplo, es una excelente solución en caso de enfermedades cardiovasculares, debido a la presencia de una sustancia llamada geniteína, que tiene la propiedad de reducir el colesterol en la sangre, lo cual se traduce en un menor riesgo de padecer cardiopatía coronaria, accidentes cerebrovasculares, hipertensión y cardiopatía reumática. Una prueba de ello, son los resultados de investigaciones realizadas en poblaciones asiáticas que consumen soya, que demuestran que la incidencia de enfermedades cardiovasculares es muy baja. En la reducción del colesterol, la soya utiliza dos mecanismos:
1. A través de la estimulación de la vesícula biliar, la cual segrega ácidos biliares que mantienen soluble el colesterol, evitando su acumulación en los anteriores.
2. Los cambios en el metabolismo hepático del colesterol también reducen significativamente la absorción del colesterol en el tracto intestinal.
Gracias a estas vías de eliminación, la soya disminuye el colesterol en tan sólo unas semanas y hasta un 16%, cuando sus proteínas reemplazan en parte a las de origen animal. Además, como mencionamos anteriormente, la soya aporta lecitina, muy útil para reducir el colesterol en las arterias, para las funciones del sistema nervioso y para prevenir las lesiones celulares del hígado.
Asimismo, la soya ayuda a mantener un correcto ritmo intestinal por su alto contenido en fibra, que contribuye a prevenir y tratar algunas molestias intestinales, como el estreñimiento. Este nivel de fibras solubles e insolubles permite que la soya reduzca el ritmo de la digestión y el índice de absorción de los hidratos de carbono, lo que ayudaa reducir el azúcar de la sangre y la hace especialmente indicada para los diabéticos.
Si a esta lenta metabolización de los glúcidos añadimos el moderado aporte calórico de la soya, entenderemos por qué se incluye en numerosas dietas de adelgazamiento. Además de no engordar, la soya estabiliza los niveles de energía.
La soya es de hecho un alimento muy nutritivo, óptimo para deportistas, escolares y personas sometidas a un gran desgaste físico. Así, una taza de 50 g de frejol de soya cubre con creces más de un tercio del requerimiento diario de proteínas. En cuanto a las sales minerales, la misma ración aporta al organismo más del 30% del hierro, magnesio y fósforo que necesita. Con 50 g. de soya nuestro cuerpo también obtiene más de la mitad de la vitamina B1 y de la vitamina E que precisa en un día.
A pesar de ser un alimento muy rico en proteínas, éstas son alcalinizantes y ayudan a evitar la acidosis propia de dietas ricas en alimentos de origen animal, manteniendo un correcto equilibrio ácido-básico. Este efecto alcalinizante resulta de interés para personas con reuma y artritis.
  Soya vs. Menopausia
  En los últimos años, la soya ha logrado incursionar en el campo de la medicina, sobre todo en lo referido al tratamiento de los síntomas de la menopausia.
Esto se debe a que esta legumbre contiene fitoestrógenos, unas sustancias químicas naturales de estructura y acción parecida a los estrógenos que son las hormonas femeninas. Una ración de 50 g. diarios de harina de soya, por ejemplo, reduce en tan sólo diez semanas los sofocos y otras molestias del climaterio.
Pero el poder de los fitoestrógenos no se queda allí. En países como Japón, donde las mujeres consumen mucha soya, los casos de cáncer de mama son menores que en occidente. Debido a que los fitoestrógenos de la soya imitan la función de los estrógenos corporales y los desplazan, evitando el desequilibrio hormonal.
Además, tomar conjuntamente fibra y estrógenos -como ocurre con la soya- disminuye el nivel de estrógenos en la sangre sin que el organismo se resienta por su carencia, ya que estos fitoestrógenos actúan de forma similar en el cuerpo, favoreciendo el correcto equilibrio hormonal.
La soya es menos rica en calcio que la leche. Sin embargo, ayuda a aprovechar mejor el calcio de los alimentos, que se pierde con frecuencia cuando hay un exceso de proteínas animales en la dieta. Por eso, en Extremo Oriente la incidencia de osteoporosis -enfermedad causante de la descalcificación y degeneración del sistema óseo- es menor entre las mujeres.
 
     

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LA SOYA

 
 

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