Evangelio
según San Lucas, capítulo 22, versículos
del 14-71 al 23,1-56
4 de Abril de 2004
14. Y cuando llegó
la hora, se puso a la mesa, y los apóstoles
con Él.
15. Díjoles entonces: "De todo corazón
he deseado comer esta pascua con vosotros antes de
sufrir.
16. Porque os digo que Yo no la volveré a comer
hasta que ella tenga su plena realización en
el reino de Dios".
17. Y, habiendo recibido un cáliz dió
gracias y dijo: "Tomadlo y repartíoslo.
18. Porque, os digo, desde ahora no bebo del fruto
de la vida hasta que venga el reino de Dios".
19. Y habiendo tomado pan y dado gracias, (lo) rompió,
y les dió diciendo: "Éste es el
cuerpo mío, el que se da para vosotros. Haced
esto en memoria mía".
20. Y asimismo el cáliz, después que
hubieron cenado, diciendo: "Este cáliz
es la nueva alianza en mi sangre, que se derrama para
vosotros.
21. Sin embargo, ved: la mano del que me entrega está
conmigo a la mesa.
22. Porque el Hijo del hombre se va, según
lo decretado, pero ¡ay del hombre por quien
es entregado!".
23. Y se pusieron a preguntarse entre sí quién
de entre ellos sería el que iba a hacer esto.
DISPUTA ENTRE LOS APOSTOLES.
24. Hubo también entre ellos una discusión
sobre quién de ellos parecía ser mayor.
25. Pero Él les dijo: "Los reyes de las
naciones les hacen sentir su dominación, y
los que ejercen sobre ellas el poder son llamados
bienhechores.
26. No así vosotros; sino que el mayor entre
vosotros sea como el menor; y el que manda, como quien
sirve.
27. Pues ¿quién es mayor, el que está
sentado a la mesa, o el que sirve? ¿No es acaso
el que está sentado a la mesa? Sin embargo,
Yo estoy entre vosotros como el sirviente.
28. Vosotros sois los que habéis perseverado
conmigo en mis pruebas.
29. Y Yo os confiero dignidad real como mi Padre me
la ha conferido a Mí,
30. para que comáis y bebáis a mi mesa
en mi reino, y os sentéis sobre tronos, para
juzgar a las doce tribus de Israel.
JESUS PREDICE LA NEGACION DE PEDRO.
31. Simón Simón, mira que Satanás
os ha reclamado para zarandearos como se hace con
el trigo.
32. Pero Yo he rogado por ti, a fin de que tu fe no
desfallezca. Y tú, una vez convertido, confirma
a tus hermanos.
33. Pedro le respondió: "Señor,
yo estoy pronto para ir contigo a la cárcel
y a la muerte".
34.öMas Él le dijo: "Yo te digo,
Pedro, el gallo no cantará hoy, hasta que tres
veces hayas negado conocerme".
35. Y les dijo: "Cuando Yo os envié sin
bolsa, ni alforja, ni calzado, ¿os faltó
alguna cosa?" Respondieron: "Nada".
36. Y agregó: "Pues bien, ahora, el que
tiene una bolsa, tómela consigo, e igualmente
la alforja; y quien no tenga, venda su manto y compre
una espada.
37. Porque Yo os digo, que esta palabra de la Escritura
debe todavía cumplirse en Mí: "Y
ha sido contado entre los malhechores". Y así,
lo que a Mí se refiere, toca a su fin".
38. Le dijeron: "Señor, aquí hay
dos espadas". Les contestó: "Basta".
GETSEMANI.
39. Salió y marchó, como de costumbre,
al Monte de los Olivos, y sus discípulos lo
acompañaron.
40. Cuando estuvo en ese lugar, les dijo: "Rogad
que no entréis en tentación".
41. Y se alejó de ellos a distancia como de
un tiro de piedra,
42. y, habiéndose arrodillado, oró así:
"Padre, si quieres, aparta de Mí este
cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la
tuya".
43. Y se le apareció del cielo un ángel
y lo confortaba.
44.öY entrando en agonía, oraba sin cesar.
Y su sudor fue como gotas de sangre, que caían
sobre la tierra.
45. Cuando se levantó de la oración,
fue a sus discípulos, y los halló durmiendo,
a causa de la tristeza.
46. Y les dijo: "¿Por qué dormís?
Levantaos y orad, para que no entréis en tentación".
EL BESO DE JUDAS.
47. Estaba todavía hablando, cuando llegó
una tropa, y el que se llamaba Judas, uno de los Doce,
iba a la cabeza de ellos, y se acercó a Jesús
para besarlo.
48. Jesús le dijo: "Judas, ¿con
un beso entregas al Hijo del Hombre?"
49. Los que estaban con Él, viendo lo que iba
a suceder, le dijeron: "Señor, ¿golpearemos
con la espada?"
50. Y uno de ellos dió un golpe al siervo del
sumo sacerdote, y le separó la oreja derecha.
51. Jesús, empero, respondió y dijo:
"Sufrid aún esto"; y tocando la oreja
la sanó.
52. Después Jesús dijo a los que habían
venido contra Él, sumos sacerdotes, oficiales
del Templo y ancianos: "¿Cómo contra
un ladrón salisteis con espadas y palos?
53. Cada día estaba Yo con vosotros en el Templo,
y no habéis extendido las manos contra Mí.
Pero ésta es la hora vuestra, y la potestad
de la tiniebla".
LA NEGACION DE PEDRO.
54. Entonces lo prendieron, lo llevaron y lo hicieron
entrar en la casa del Sumo Sacerdote. Y Pedro seguía
de lejos.
55. Cuando encendieron fuego en medio del patio, y
se sentaron alrededor, vino Pedro a sentarse entre
ellos.
56. Mas una sirvienta lo vio sentado junto al fuego
y, fijando en él su mirada, dijo: "Éste
también estaba con Él".
57. Él lo negó, diciendo: "Mujer,
yo no lo conozco".
58. Un poco después, otro lo vio y le dijo:
"Tú también eres de ellos".
Pero Pedro dijo: "Hombre, no lo soy".
59. Después de un intervalo como de una hora,
otro afirmó con fuerza: "Ciertamente,
éste estaba con Él; porque es también
un galileo".
60. Mas Pedro dijo: "Hombre, no sé lo
que dices". Al punto, y cuando él hablaba
todavía, un gallo cantó.
61. Y el Señor se volvió para mirar
a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra del
Señor, según lo había dicho:
"Antes que el gallo cante hoy, tú me negarás
tres veces".
62. Y salió fuera y lloró amargamente.
63. Y los hombres que lo tenían (a Jesús),
se burlaban de Él y lo golpeaban.
64. Y habiéndole velado la faz, le preguntaban
diciendo: "¡Adivina! ¿Quién
es el que te golpeó?"
65. Y proferían contra Él muchas otras
palabras injuriosas.
ANTE EL SANHEDRIN.
66. Cuando se hizo de día, se reunió
la asamblea de los ancianos del pueblo, los sumos
sacerdotes y escribas, y lo hicieron comparecer ante
el Sanhedrín,
67. diciendo: "Si Tú eres el Cristo, dínoslo".
Mas les respondió: "Si os hablo, no me
creeréis,
68. y si os pregunto, no me responderéis.
69. Pero desde ahora el Hijo del hombre estará
sentado a la diestra del poder de Dios".
70. Y todos le preguntaron: "¿Luego eres
Tú el Hijo de Dios?" Les respondió:
"Vosotros lo estáis diciendo: Yo soy".
71. Entonces dijeron: "¿Qué necesidad
tenemos ya de testimonio? Nosotros mismos acabamos
de oírlo de su boca".
JESUS ANTE PILATO Y HERODES.
1. Entonces, levantándose toda la asamblea,
lo llevaron a Pilato;
2. y comenzaron a acusarlo, diciendo: "Hemos
hallado a este hombre soliviantando a nuestra nación,
impidiendo que se dé tributo al César
y diciendo ser el Cristo Rey".
3. Pilato lo interrogó y dijo: "¿Eres
Tú el rey de los judíos?" Respondióle
y dijo: "Tú lo dices".
4. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a las turbas:
"No hallo culpa en este hombre".
5. Pero aquéllos insistían con fuerza,
diciendo: "Él subleva al pueblo enseñando
por toda la Judea, comenzando desde Galilea, hasta
aquí".
6. A estas palabras, Pilato preguntó si ese
hombre era galileo.
7. Y cuando supo que era de la jurisdicción
de Herodes, lo remitió a Herodes, que se encontraba
también en Jerusalén, en aquellos días.
8. Herodes, al ver a Jesús, se alegró
mucho, porque hacía largo tiempo que deseaba
verlo por lo que oía decir de Él, y
esperaba verle hacer algún milagro.
9. Lo interrogó con derroche de palabras, pero
Él no le respondió nada.
10. Entretanto, los sumos sacerdotes y los escribas
estaban allí, acusándolo sin tregua.
11. Herodes lo despreció, lo mismo que sus
soldados; burlándose de Él, púsole
un vestido resplandeciente y lo envió de nuevo
a Pilato.
12. Y he aquí que en aquel día se hicieron
amigos Herodes y Pilato, que antes eran enemigos.
BARRABAS Y JESUS.
13. Convocó, entonces, Pilato a los sumos sacerdotes,
a los magistrados y al pueblo,
14. y les dijo: "Habéis entregado a mi
jurisdicción este hombre como que andaba sublevando
al pueblo. He efectuado el interrogatorio delante
vosotros y no he encontrado en Él nada de culpable,
en las cosas de que lo acusáis.
15. Ni Herodes tampoco, puesto que nos lo ha devuelto;
ya lo veis, no ha hecho nada que merezca muerte.
16. Por tanto, lo mandaré castigar y lo dejaré
en libertad.
17. Ahora bien, debía él en cada fiesta
ponerles a uno en libertad.
18. Y gritaron todos a una: "Quítanos
a éste y suéltanos a Barrabás".
19. Barrabás había sido encarcelado
a causa de una sedición en la ciudad y por
homicidio.
20. De nuevo Pilato les dirigió la palabra,
en su deseo de soltar a Jesús.
21. Pero ellos gritaron más fuerte, diciendo:
"¡Crucifícalo, crucifícalo!"
22. Y por tercera vez les dijo: "¿Pero
qué mal ha hecho éste? Yo nada he encontrado
en él que merezca muerte. Lo pondré,
pues, en libertad, después de castigarlo".
23. Pero ellos insistían a grandes voces, exigiendo
que Él fuera crucificado, y sus voces se hacían
cada vez más fuertes.
24. Entonces Pilato decidió que se hiciese
según su petición.
25. Y dejó libre al que ellos pedían,
que había sido encarcelado por sedición
y homicidio, y entregó a Jesús a la
voluntad de ellos.
VIA CRUCIS.
26.öCuando lo llevaban, echaron mano a un cierto
Simón de Cirene, que venía del campo,
obligándole a ir sustentando la cruz detrás
de Jesús.
27. Lo acompañaba una gran muchedumbre del
pueblo, y de mujeres que se lamentaban y lloraban
sobre Él.
28. Mas Jesús, volviéndose hacia ellas,
les dijo: "Hijas de Jerusalén, no lloréis
por Mí, sino llorad por vosotras mismas y por
vuestros hijos,
29. porque vienen días, en que se dirá:
¡Felices las estériles y las entrañas
que no engendraron, y los pechos que no amamantaron!
30. Entonces se pondrán a decir a las montañas:
"Caed sobre nosotros, y a las colinas: ocultadnos".
31. Porque si esto hacen con el leño verde,
¿qué será del seco?".
LA CRUCIFIXION.
32. Conducían también a otros dos malhechores
con Él para ser suspendidos.
33. Cuando hubieron llegado al lugar llamado del Cráneo,
allí crucificaron a Él, y a los malhechores,
uno a su derecha, y el otro a su izquierda.
34. Y Jesús decía: "Padre, perdónalos,
porque no saben lo que hacen". Entretanto, hacían
porciones de sus ropas y echaron suertes.
35. Y el pueblo estaba en pie mirándolo, mas
los magistrados lo zaherían, diciendo: "A
otros salvó; que se salve a sí mismo,
si es el Cristo de Dios, el predilecto".
36. También se burlaron de Él los soldados,
acercándose, ofreciéndole vinagre y
diciendo:
37. "Si Tú eres el rey de los judíos,
sálvate a Ti mismo".
38. Había, empero, una inscripción sobre
Él, en caracteres griegos, romanos y hebreos.
"El rey de los judíos es Éste".
EL BUEN LADRON.
39. Uno de los malhechores suspendidos, blasfemaba
de Él, diciendo: "¿No eres acaso
Tú el Cristo? Sálvate a Ti mismo, y
a nosotros".
40. Contestando el otro lo reprendía y decía:
"¿Ni aun temes tú a Dios, estando
en pleno suplicio?
41. Y nosotros, con justicia; porque recibimos lo
merecido por lo que hemos hecho; pero Éste
no hizo nada malo".
42. Y dijo: "Jesús, acuérdate de
mí, cuando vengas en tu reino".
43. Le respondió: "En verdad, te digo,
hoy estarás conmigo en el Paraíso".
MUERTE DE JESUS.
44. Era ya alrededor de la hora sexta, cuando una
tiniebla se hizo sobre toda la tierra hasta la hora
nona,
45. eclipsándose el sol; y el velo del templo
se rasgó por el medio.
46. Y Jesús clamó con gran voz: "Padre,
en tus manos entrego mi espíritu". Y,
dicho esto, expiró.
47. El centurión, al ver lo ocurrido, dió
gloria a Dios, diciendo: "¡Verdaderamente,
este hombre era un justo!".
48. Y todas las turbas reunidas para este espectáculo,
habiendo contemplado las cosas que pasaban, se volvían
golpeándose los pechos.
49. Mas todos sus conocidos estaban a lo lejos - y
también las mujeres que lo habían seguido
desde Galilea - mirando estas cosas.
LA SEPULTURA.
50. Y había un varón llamado José,
que era miembro del Sanhedrín, hombre bueno
y justo
51. - que no había dado su asentimiento, ni
a la resolución de ellos ni al procedimiento
que usaron -, oriundo de Arimatea, ciudad de los judíos,
el cual estaba a la espera del reino de Dios.
52. Éste fue a Pilato y le pidió el
cuerpo de Jesús.
53. Y habiéndolo bajado, lo envolvió
en una mortaja y lo depositó en un sepulcro
tallado en la roca, donde ninguno había sido
puesto.
54. Era el día de la Preparación, y
comenzaba ya el sábado.
55. Las mujeres venidas con Él de Galilea,
acompañaron (a José) y observaron el
sepulcro y la manera cómo fue sepultado Su
cuerpo.
56. Y de vuelta, prepararon aromas y ungüento.
Durante el sábado se estuvieron en reposo,
conforme al precepto.
Comentario
16. Cf. Juan 21, 19;
Hech. 1, 3 y notas.
17. Este cáliz que entrega antes de la Cena
(dato exclusivo de Lucas) parece ser como un brindis
especial de despedida, pues consta por lo que sigue
(v. 20) y por Mat. 26, 27 y Marc. 14, 23, que la consagración
del vino se hizo después de la del pan y también
después de cenar. Cf. S. 115, 13 y nota.
19. Dio gracias: en griego eujaristesas, de donde
el nombre de Eucaristía. "Dar gracias
tiene un sentido particular de bendición"
(Pirot). Este es mi cuerpo: El griego dice: esto es
mi cuerpo, y así también Fillion, Buzy,
Pirot, etc. Tuto es neutro y se traduce por esto,
debiendo observarse sin embargo que cuerpo en griego
es también neutro (to soma). Que se da: otros:
que es dado (cf. v. 22). "Su cuerpo es dado para
ser inmolado, y esto en provecho de los discípulos"
(Pirot). Cf. 24, 7; Mat. 16, 21; 17, 12; Juan 10,
17 s.; Is. 53, 7.
20. Tres son las instituciones de la doctrina católica
que aquí se apoyan: 1o. el sacramento de la
Eucaristía; 2o. el sacrificio de la misa; 3o.
el sacerdocio. Véase Mat. 26, 26 - 29; Marc.
14, 22 - 25 y nota; I Cor. 11, 23 ss.; Hebr. caps.
5 - 10 y 13, 10.
24 ss. Véase Mat. 18, 1 ss.; 20, 25 ss.; Marc.
10, 42 ss. ¡En el momento más sagrado,
están disputando los apóstoles sobre
una prioridad tan vanidosa! Sólo con la venida
del Espíritu Santo en Pentecostés van
a comprender el carácter de su misión
en "este siglo malo" (Gál. 1, 4),
tan distinta de los ministros de un rey actual (v.
25). Cf. Juan 15, 18 ss.
25. Bienhechores, en griego Evergetes, título
de varios reyes de Egipto y Siria.
27. ¡Como el sirviente! No podemos pasar por
alto esta palabra inefable del Hijo de Dios, sin postrarnos
con la frente pegada al polvo de la más profunda
humillación y suplicarle que nos libre de toda
soberbia y de la abominable presunción de ser
superiores a nuestros hermanos, o de querer tiranizarlos,
abusando de la potestad que sobre ellos hemos recibido
del divino Sirviente. Cf. Mat. 23, 11; Filip. 2, 7
s. y nota; I Pedro 5, 3; II Cor. 10, 8; III Juan 9
s.
29 s. Véase v. 16 y 18; Mat. 26, 29; Apoc.
2, 27 s.; 3, 21; 20, 4.
32. Una vez convertido: Enseñanza fundamental
para todo apostolado: nadie convertirá a otro
si no es él mismo un "convertido",
pues nadie puede dar lo que no tiene. Véase
las claras palabras de Cristo a Nicodemo, según
las cuales el ser Su discípulo implica nada
menos que un nuevo nacimiento. Cf. Juan 3, 13 ss.
y nota.
33. Jesús acaba de decirle que aún precisa
convertirse (cosa que sólo hará el Espíritu
en Pentecostés), pero él pretende saber
más y se siente ya seguro de sí mismo.
De ahí la tremenda caída y humillación.
Véase la inversa en Mat. 6, 13 y nota.
34. Véase Mat. 26, 33 - 35; Marc. 14, 29 -
31; Juan 13, 38.
36 ss. Compre una espada: Jesús está
hablando de las persecuciones (v. 37). Ellos no las
tuvieron en vida de Él (v. 35) porque Él
los guardaba y no perdió ni uno (Juan 17, 12).
Ahora Él será tratado como criminal
(v. 37); lo mismo lo serán sus discípulos
(Juan 15, 18 ss.; 16, 1 ss.) hasta que Él vuelva
en su Reino glorioso (cf. 13, 35; 23, 42), por lo
cual necesitan un arma. ¿Cuál es? Pedro
tenía una espada y cuando la usó, Él
se lo reprochó (v. 51; Mat. 26, 52; Juan 18,
11); luego no es ésa la buena espada, ni ella
lo libró de abandonar a su Maestro en la persecución
(Mat. 26, 56 y nota; cf. Mat. 13, 21), y negarlo muchas
veces (vv. 54 ss.). San Pablo nos explica que nuestra
arma en tales casos es la espada del espíritu:
la Palabra de Dios (Ef. 6, 17), la que el mismo Jesús
usó en las tentaciones (Mat. 4, 10 y nota).
La enseñanza que Él nos da aquí
es la misma, como lo confirma en Mat. 26, 41 y Juan
6, 63. No es de acero la espada que Él vino
a traer según Mat. 10, 34. El basta (v. 38)
no se refiere, pues, a que basten dos espadas. Es
un basta ya, acompañado, dice S. Cirilo de
Alejandría, con una sonrisa triste al ver que
nunca le entendían sino carnalmente. Pirot,
citando a Lagrange concordante con esta opinión,
agrega al respecto: "Bonifacio VIII en la bula
Unam Sanctam interpretó las dos espadas como
de la autoridad espiritual y de la autoridad temporal
(E. D. 469); es sabido que en las definiciones los
considerandos no están garantizados por la
infalibilidad".
38. Sobre el ofrecimiento de espadas véase
Mat. 26, 56 y nota.
44. Cf. Mat. 26, 36 ss.; Marc. 14, 26 ss. Fue, como
dice San Bernardo, un llanto de lágrimas y
sangre, que brotaba no solamente de los ojos, sino
también de todo el cuerpo del Redentor. Nótese
que el dato del sudor de sangre y del ángel
es propio de Lucas. Proviene tal vez de una revelación
especial hecha a S. Pablo. Puede verse una referencia
en las lágrimas de Hebr. 5, 7.
47 ss. Véase Mat. 26, 47 - 57; Marc. 14, 43
- 53; Juan 18, 2 - 13.
55 ss. Véase Mat. 26, 69 - 75; Marc. 14, 66
- 72; Juan 18, 16 - 18 y 25 - 27.
62. Sobre la caída de Pedro, cf. v. 33 y nota.
66 ss. Véase Mat. 26, 63 - 69; Marc. 14, 61
- 64; Juan 18, 19 - 21.
71. Los judíos consideraban la respuesta de
Jesús como blasfemia, la que según la
Ley de Moisés acarreaba la pena capital.
2. Ahora le acusan de sedición, siendo que
le habían condenado por blasfemia. A la malicia
se agrega la mentira.
4. No halla culpa, porque Jesús le ha dicho
(en Juan 18, 36) que su reino no es de este mundo.
De lo contrario, al oírlo así proclamarse
rey, Pilato lo habría considerado culpable
como opositor al César.
7. Así Pilato creía poder librarse del
apuro. Por tener su domicilio en Cafarnaúm,
Jesús era súbdito de Herodes Antipas,
tetrarca de Galilea, el cual estaba en Jerusalén
para la fiesta de Pascua. Éste era hijo de
Herodes el Grande (Mat. 2, 3) y tío de Herodes
Agripa I, que hizo matar a Santiago el Mayor (Hech.
12, 1 ss.), y cuyo hijo, el "rey Agripa"
(II) escuchó a Pablo en Hech. 25, 13 ss.
9. Jesús no responde palabra al rey adúltero
y homicida, que sólo por curiosidad quiere
ver un milagro. Lo visten con una ropa resplandeciente
para burlarse de Él; según S. Buenaventura,
para calificarlo de loco o tonto
16. Cf. v. 22. Véase Juan 19, 1 y nota; Hech.
3, 13
17. Este v. es probablemente una glosa tomada de otro
Evangelio. Véase Mat. 27, 15 ss.; Marc. 15,
6 ss.; Juan 18, 39 s.
18 s. Jesús quiso agotar la humillación
hasta ser pospuesto a un asesino. Había tomado
sobre sí los delitos de todos los hombres (cf.
Ez. 4, 4 y nota) y no le bastó ser contado
entre los malhechores (22, 37; Is. 53, 12). Fue peor
que ellos, "gusano y no hombre" (S. 21,
6). Cf. Filip. 2, 7 s. y nota. La idea de nuestra
muerte se endulza así indeciblemente al pensar
que aceptando de buen grado, como merecido, ese transitorio
envilecimiento de nuestro cuerpo comido por los gusanos
de la "corrupción" (Hech. 13, 36),
podemos en espíritu "asimilarnos a la
muerte de Él" (Filip. 3, 10), que si no
vio corrupción en el sueño del sepulcro
(Hech. 2, 31; 13, 37), la sufrió vivo en su
cuerpo santísimo escupido, desangrado y expuesto
desnudo, entre dos patibularios, a la irrisión
del público que al verlo "meneaba la cabeza"
(S. 21, 8), no de compasión, sino de asco.
26. Del texto deducen algunos que la ayuda del Cireneo
no hacía sino aumentar el peso de la Cruz sobre
el hombro del divino Cordero, al levantar detrás
de Él la extremidad inferior. Véase
Marc. 15, 21 y nota.
28. ¡La última amonestación del
Señor! Entre las mujeres que lloraban estaba
quizá aquella "Verónica" que,
según una antigua tradición, alargó
a Jesús un lienzo para limpiar su rostro. La
misma tradición narra que también María,
la santísima madre de Jesús, acompañada
de S. Juan, se encontró con su Hijo en la vía
dolorosa.
33. Véase Mat. 27, 33; Marc. 15, 22; Juan 19,
1
40 ss. Milagro de la gracia, que aprovecha este "obrero
de la última hora" (Mat. 20, 8 y 15) pasando
directamente de la cruz al Paraíso. Lo que
valoriza inmensamente la fe del buen ladrón
es que su confesión se produce en el momento
en que Jesús aparece vencido y deshonrado.
Cf. 22, 38 y nota.
42. A esto observa Fillion: "El buen ladrón
creía en la inmortalidad del alma y en la resurrección,
y reconocía a Jesús como el Mesías
- Rey. Por eso le pedía encarecidamente un
lugar en su Reino". Y añade: "El
Paraíso representa aquí la parte de
la morada de los muertos (los limbos) donde habitaban
las almas de los elegidos, antes de la Ascensión
de Jesucristo". Cf. I Pedro 3, 19; 4, 6; Col.
1, 20.
46. El Salmo 30, de donde Jesús toma estas
palabras, resulta así la oración ideal
para estar preparado a bien morir.
47. Si la conversión del ladrón es el
primer fruto de la muerte de Jesús, la del
centurión romano es el segundo; judío
aquél, gentil éste.
49. ¡A distancia los amigos y conocidos! Véase
esto anticipado en S. 87, 9.
50 ss. Véase Mat. 27, 57 ss.; Marc. 15, 42
ss.; Juan 19, 38 ss.
51 ss. José de Arimatea fue miembro del Gran
Consejo (Sanhedrín) que condenó a Jesús
a la muerte. En v. 52 s. da otra prueba de su intrépida
fe en Él. No teme ni el odio de sus colegas
ni el terrorismo de los fanáticos. Personalmente
va a Pilato para pedir el cuerpo de Jesús;
personalmente lo descuelga de la cruz, envolviéndolo
en una sábana; personalmente lo coloca en su
propio sepulcro, con la ayuda de Nicodemo (Juan 19,
39). El santo Sudario, que nos ha conservado las facciones
del divino Rostro, se venera en Turín. Cf.
Juan 20, 7 y nota.
54. El evangelista quiere expresar que ya estaba por
comenzar el sábado, el cual, como es sabido,
empezaba al caer la tarde, y no con el día
natural (véase Gén. 1, 5, 8, etc.).
El griego usa un verbo semejante a alborear, pero
cuyo sentido es simplemente comenzar.