La crucifixión, llamada por los
antiguos escritores como la peor y más dolorosa
muerte, era comúnmente empleada por los romanos
en el tiempo de Cristo para castigar y dar muerte a
los esclavos y rebeldes.
Luego de ser sentenciado, la víctima
usualmente cargaba hasta el lugar de la ejecución
el madero para la cruz. La flagelación y otras
formas de tortura protagonizadas por los ejecutores
era parte de este cruel proceso.
Los romanos usaban varios métodos
de crucifixión.
Siguiendo un método común,
del cual Jesús probablemente fue víctima,
el condenado era primero despojando de sus vestiduras
y luego clavado a la cruz; estos clavos atravesaban
los huesos de sus brazos y de sus pies.
Como el peso del cuerpo de la víctima
cerraba el conducto de la respiración, la víctima
fallecía por asfixia, muchas veces, luego de
días de intenso dolor.
Reconstrucción hipotética del Calvario
El Gólgota -o monte de la calavera-
estaba localizado en el noreste de la ciudad, adyacente
a una cantera de caliza donde Jesús fue sepultado
en una tumba luego de su crucifixión. Algunos
años después, la extensión de las
murallas de la ciudad, y por consiguiente, el crecimiento
mismo de la ciudad, impidió que en dicho lugar
se continuase enterrado a las víctimas.